Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Especialistas no especializados
Eduardo García Gaspar
25 septiembre 2017
Sección: ECONOMIA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Tiene la misma probabilidad de subsistir que la de un globo con el que juega un puerco espín dentro de una jaula con púas.

Me refiero a la probabilidad de ser aceptada o entendida siquiera la idea de esta columna, lo que me obliga a comenzar por lo más básico, el principio de la especialización.

¿De qué es responsable un ministro religioso, digamos un sacerdote católico o un pastor protestante o un rabino? Hablo de su misión central, de eso que debe ser el foco de su labor, lo que jamás debe olvidar y a lo que debe consagrarse todo el día.

Supongo que sea la salvación de las almas por medio del mensaje de Dios. No imagino que tenga una obligación que sea superior a esa, ni siquiera una que sea igual de importante.

¿De qué es responsable un gobernante, digamos un diputado en una cámara legislativa o un presidente en una nación republicana? Hablo de lo mismo, de su actividad principal, de su objetivo central, de eso que debe tener todo el día en la cabeza.

Supongo que sea el bienestar general del país, eso de lograr que en él exista un ambiente de seguridad y confianza mediante el respeto a los derechos y libertades personales. No imagino que haya otro propósito más elevado que ese, ni siquiera otro de igual importancia.

Digamos que opera ese principio de «zapatero a tus zapatos», que no es sino otra manera de acudir al beneficio de la especialización. Al estilo de J. Locke (1632-1704), en Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, a unos corresponde la salvación de las almas en el mundo futuro y a otros el bienestar material en el mundo presente.

No digo que exista una línea fronteriza imposible de cruzar entre ambas especialidades, pues obviamente hay áreas comunes entre ellas, pero sí digo que existe un punto en el que es mejor que sus miembros no crucen hacia el otro terreno. Es el punto en el que unos piensan poder dar recomendaciones económicas y los otros órdenes religiosas.

Un ejemplo de gobernantes metidos en asuntos religiosos (y morales en general) es la censura legal de opiniones acerca del ejercicio de la sexualidad cuando ellas contradigan los preceptos aprobados políticamente.

Del otro lado, hay invasiones también, cuando los ministros religiosos hacen recomendaciones económicas y emiten juicios de ese tipo.

Lo anterior me da pie para ver de cerca lo que alguna vez me dijo un sacerdote, cuando usó la expresión «capitalismo salvaje» y le pedí que me explicara qué es eso. Me respondió que era «el capitalismo egoísta e inmoral». Una frase digna de ver más de cerca.

Hay dos componentes en esa frase, (1) capitalismo y (2) egoísta e inmoral.

El capitalismo es un sistema económico sustentado en la propiedad privada, los intercambios voluntarios, la especialización, la racionalidad humana y, en general, la libertad personal.

Lo egoísta e inmoral hace referencia a conductas humanas reprobables, como deshonestidad, obscenidad, egoísmo destructivo, robos, daños, falta de compasión, codicia y otros posibles tipos de conducta humana reprobable.

Uno es un sistema económico y el otro es un tipo de conducta. Debe explicarse entonces cómo es que un sistema económico puede recibir calificativos solo aplicables a la conducta humana. No tiene sentido hablar de un proceso químico inmoral, ni de un procesador egoísta de palabras.

Es un error de lógica por el que un objeto es sujeto a un juicio solamente aplicable a una persona, como el culpar de asesinato a un coche el que fallaron los frenos, declarando que es un vehículo inmoral. O, lo mismo, que la ley de la gravedad es culpable de egoísmo porque insiste en lastimar y matar para demostrar que está en lo cierto.

El capitalismo es un sistema económico dentro del que puede haber conductas humanas inmorales, pero también conductas humanas admirables. Y no importa si usted lo cambia por otro creyendo que ahora sí todas las conductas serán admirables, seguirán existiendo conductas morales e inmorales.

Esto es lo que el sacerdote no comprendió. Si él afirma que el capitalismo es inmoral implícitamente admite que si cambia el sistema por otro, digamos el socialista, ya no habrá inmoralidad. La seguirá habiendo dentro del socialismo y del capitalismo, porque lo moral es humano y ese es el foco de atención de la religión, la moralidad humana para su salvación (no los cambios de sistema económico)

Y entonces llego a esa idea que tiene menos probabilidad de éxito que la posibilidad de sobrevivir del globo con el que juega un puerco espín en una jaula con púas, sí puede existir un capitalismo en el que las personas se comporten inmoralmente y merezca el calificativo de salvaje.

Pero también es posible que exista un socialismo salvaje en el que las personas se comporte inmoralmente y esto tendría que ser calificado también de socialismo salvaje. El calificativo ‘salvaje’ no es privativo de otra cosa que no sea la conducta humana personal.

Post Scriptum

Por más razonable que sea esta idea, eso no influye en la probabilidad de ser aceptada. No existe en nuestros tiempos esa curiosidad mental que busca y valora razonamientos sólidos que nos acerquen a la verdad. Y la tentación de opinar fuera de la especialización propia es irresistible.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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