Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Esperanza Imprudente
Eduardo García Gaspar
30 enero 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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«La ciega coquetería / o esperanza imprudente / de inflamar más fuertemente / sirve a los celos de guía / Más este medio a fe mía / es contrario a la razón» Mr. Pradell

La conocemos como una virtud, la esperanza. Tiene un origen religioso indudable.

«Todos los hombres en un momento u otro de su vida se enfrentan a momentos dolorosos como el sufrimiento, la muerte, la enfermedad, etc. Es sólo gracias a la Esperanza, la segunda virtud teologal, que estas realidades adquieren un sentido, convirtiéndose en medios de salvación, en un camino para llegar a Dios. La Esperanza nos da la certeza de que algún día viviremos en la eterna felicidad». es.catholic.net

No está mal, al contrario. Excepto por una cosa, eso que sucede cuando trasladamos a la esperanza fuera del contexto religioso y se usa entendiéndola así:

«Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea».dle.rae.es

La esperanza, en el terreno mundano, es entonces una suposición optimista acerca de un suceso futuro, que es el que supone que será realidad. Una especie de pronóstico idealizado, como por ejemplo:

«Cavani: “Tengo la esperanza de que todo va a salir bien”». prensafutbol.cl

Tampoco está mal. Es parte de nuestra naturaleza desear cosas que pensamos son buenas, suponiendo que se convertirán en realidad pasado el tiempo; como ganar un partido de futbol.

Y, sin embargo, la esperanza en sí misma no debe ser dejada sola. Las virtudes, una por una, actuando por separado, tienen excesos. En este caso, la esperanza que no va acompañada de prudencia, irá por caminos desbocados. Me refiero a la esperanza sin la brida de la cordura.

En pocos terrenos es más visible la esperanza irreflexiva que en el político, concretamente en las expectativas que en los votantes buscan crear los candidatos durante una elección. Usted y yo conocemos casos, y hemos oído de ellos, en los que la esperanza enloquece y lo hace a niveles que son perturbadores.

Recientemente presencié un caso así. Era un hombre joven y había puesto su esperanza en un candidato a la presidencia de México. Desea que ese candidato gane las elecciones en 2018. Eso no está mal, pero el problema fue su falta de sensatez. Su esperanza se había convertido en una ilusión insensata.

¿Cómo notarlo? Viendo lo refractario a cualquier cuestionamiento. Es una conversión de la esperanza en un sentimiento a prueba de toda realidad, de toda pregunta, de toda duda. Es una esperanza convertida en seguridad absoluta que llega al fanatismo. No había titubeos en esa persona: ese candidato es un mesías que todo resolverá.

Cuando domina esa esperanza imprudente, la razón deja de funcionar y se adopta una emoción ansiada de la que depende la existencia misma de la persona, volviéndola hipersensible a cualquier pregunta y usando mecanismos mentales de defensa que son inexpugnables.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión. Se trata de una postura no infrecuente de repelencia de todo lo que signifique examinar la postura propia. Un rechazo inmediato de cualquier intento que sea percibido como debate de la opinión adoptada en la que se ha colocado esa esperanza imprudente.

Fue no hace demasiado que un amigo reaccionó así cuando se le hicieron algunas observaciones acerca del cambio climático. Su reacción fue áspera y ruda, repeliendo todo lo que contradijera su esperanza imprudente: el mundo se acabará en pocos años si no se toman ciertas medidas.

Veamos esto desde el otro lado, el de un optimismo rampante. Un libro de Roger Scruton profundiza en esto:

«Los optimistas sin escrúpulos creen que todas las dificultades y desórdenes de la humanidad pueden ser resueltos con algún ajuste de gran escala: es suficiente crear un nuevo arreglo, un nuevo sistema, y las personas serán liberadas, de su prisión temporal, al reino del éxito» The Uses of Pessimism: And the Danger of False Hope

Este es el campo de la esperanza imprudente, es decir, del optimismo insensato. Uno que lleva a suponer que si se hace tal o cual cosa, todo cambiará a lo perfecto. Es lo que pensaba ese hombre que había puesto su esperanza absoluta en la elección de un presidente. «México resolverá todos sus problemas», nos dijo.

En un libro del entonces cardenal Ratzinger, Joseph (1987), Iglesia, Ecumenismo y Política,se trata el mismo tema: es vana la esperanza en el creer que cambiando estructuras sociales se solucionarán problemas de justicia.

En fin, solamente quise llamar la atención sobre un fenómeno de nuestros tiempos, el de la esperanza imprudente, o del optimismo insensato.

Post Scriptum

Véase El Peligro de lo Perfecto, con la idea de Benedicto XVI.

El libro de Scruton está disponible en español, Usos Del Pesimismo: El Peligro De La Falsa Esperanza.

«Usos del pesimismo de Roger Scruton es un brillante libro acerca de las virtudes del pesimismo, actitud vital, antropológica y moral, del ser humano que debe enfrentarse a sus principales adversarios: el optimismo sin escrúpulos y la falsa esperanza. Estamos, por tanto, ante un clásico ensayo filosófico. Aunque en sus páginas encontramos mucho más. El reciente trabajo de Scruton ofrece una disección —casi podríamos decir, una autopsia— de la civilización occidental, infectada en todos los órdenes por los nefastos efectos que ambas fuerzas están teniendo sobre la libertad en la sociedad civil». fernandogenoves.blogspot.mx

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