Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Estar a la Deriva
Eduardo García Gaspar
1 junio 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


Son equivocaciones, errores. Se presentan cuando pensamos y razonamos.

Cuando así llegamos a conclusiones y, muchas veces, sobre ellas justificamos acciones.

Tome usted, por ejemplo, un razonamiento que sigue los pasos siguientes. Es la narrativa resumida de mucho del razonamiento que usan los partidarios del socialismo.

  1. El liberalismo económico produce crisis económicas.
  2. Las crisis económicas dañan a las personas.
  3. Por tanto, para evitar crisis económicas es necesario abandonar el liberalismo económico.
  4. Por tanto, se aplicarán políticas socialistas.

¿Es correcta esa forma de razonar? Sí, en cuanto que el proceso de razonamiento es válido. Si es que efectivamente el liberalismo produce crisis, entonces resulta que sí debe evitarse implantar políticas liberales. Hasta allí.

Pero no, la forma total de razonar así está equivocada en al menos lo siguiente.

Primero, la premisa de que «el liberalismo económico produce crisis económicas» no es algo indiscutible. Hay mucha evidencia y teorías que demuestran lo opuesto. No puede tomarse como una premisa verdadera y eso niega la conclusión de que «por tanto, para evitar crisis económicas es necesario abandonar el liberalismo económico».

Segundo, la acción recomendada, la de «por tanto, se aplicarán políticas socialistas» es injustificada del todo. No se sigue de lo anterior. Supone que el socialismo no produce crisis económicas y eso no es demostrado en parte alguna de esa manera de pensar.

Podría ser que el liberalismo no cause crisis económicas, o que sí las cause, pero que también el socialismo las produzca, incluso peores.

Estamos, entonces ante un problema de falsedad: una de las premisas no puede ser tomada como una verdad demostrada. Hay otro problema, el de la falacia: incluso aceptando que el liberalismo produzca crisis, de allí no puede justificarse de modo alguno la implantación de políticas socialistas.

Lo anterior no es una defensa del liberalismo (aunque creo en él). Tampoco es una crítica del socialismo (aunque no creo en él). Lo anterior es una defensa de la verdad y de la manera correcta de pensar (en lo que creo por encima de todo).

Si lo que he expuesto arriba es real, entonces podemos concluir que las discusiones entre socialistas y liberales, especialmente esa narrativa socialista, sobreviven por otra causa. Una causa ajena al uso correcto de la razón que guía a la acción prudente.

¿Qué causa? Puedo proponer con cierto margen de seguridad que se debe al predominio de ideas preconcebidas, prejuicios y sentimientos, que impiden el uso de la razón. Esto, si es verdad, es trágico.

Significa que en las discusiones de preferencias políticas será en extremo difícil llegar a acuerdos. Es la consecuencia de renunciar a la búsqueda conjunta de la verdad: el único criterio posible de acuerdos y que debía compartirse entre quienes dialogan.

Es un fenómeno de propaganda de opiniones propias, la exageración del valor de las afirmaciones propias y la descalificación de las ajenas, sesgando todo hacia conclusiones que validen una cierta posición predeterminada. Como el decir que el paludismo lo produce la cerveza y no aceptar nada que lo contradiga.

Eso es lo que explica mucho de la falacia ad hominem, la del insulto personal como defensa de la posición propia por la vía del ataque al opositor. Como llamarle «idiota ignorante» sin responder a sus argumentos.

Los ataques entre políticos en campaña son un ejemplo muy claro de esa pobreza en la discusión pública y que, por desventura, se extiende al electorado. El resultado de eso es el de votos de extraordinaria baja calidad. En una democracia se esperaría lo opuesto.

Es, en resumen, eso que se llama ignoratio elenchi, es decir, el hacer caso omiso de la naturaleza del argumento opositor y usar otras argumentaciones ajenas. Como cuando alguien responde «pero eso lo hacen todos», cuando alguien afirma que «los corruptos deben ser castigados». Se ha salido de la discusión.

Y quizá ha sido ese el problema, el salirse de la discusión creyendo permanecer en ella saliendo victorioso. Tome usted, por ejemplo, la defensa del socialismo argumentando su compasión por los pobres, cuando la compasión es un sentimiento no un argumento que justifique cualquier acción.

Salirse de la discusión esgrimiendo buenas intenciones propias es una práctica común en nuestros días para justificar las ideas propias. Otra muestra de la falta de uso de la razón, la que tiene un clímax notable en la proliferación de la posverdad cuando ya no se precisan evidencias. La verdad es, en el mejor caso, secundaria

«La técnica de la postverdad transforma la opinión pública en un mar de mentiras donde a la deriva los ciudadanos. ya no tienen de dónde aferrarse». Jorge Fontevecchia.

Salirse de la discusión razonada es renunciar a la verdad como prioridad y, sin ella, mucho me temo, la dirección de pierde totalmente. Personas y sociedad a la deriva. Una democracia que defienda a la libertad no subsistirá bajo estas condiciones.

Post Scriptum

Una columna de The Economist que trata el tema del arte de mentir en tiempos de redes sociales:

«But post-truth politics is more than just an invention of whingeing elites who have been outflanked. The term picks out the heart of what is new: that truth is not falsified, or contested, but of secondary importance. Once, the purpose of political lying was to create a false view of the world. The lies of men like Mr Trump do not work like that. They are not intended to convince the elites, whom their target voters neither trust nor like, but to reinforce prejudices». economist.com

Un ejemplo de posverdad en México:

«[…] la privatización no es la panacea ni el camino hacia el crecimiento, el empleo y el bienestar. Si así fuera, los efectos ya tendrían que ser perceptibles […] ¿en qué se beneficiaron los mexicanos con la privatización del sistema de telecomunicaciones? […]». A.M. López Obrador

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