Este maldito matrimonio

¿Qué es el matrimonio? No terminaban de regresar de su luna de miel y ya habían decidido divorciarse.andfinal.001

«De los amigos casados que tengo, algo más de la mitad se han divorciado», me dijo un hombre de poco más de treinta años.

La evidencia anecdótica es abundante y colorida. Los datos confirman las historias, teniendo en México un aumento cercano al 140% de divorcios entre 2000 y 2015. La historia es similar en otras partes.

¿Por qué aumentan las separaciones matrimoniales? Creo que el tema bien vale una segunda opinión, porque después de todo, la familia es la base sobre la que se sostiene el resto de la sociedad.

Estas son algunas ideas que pueden explicar el aumento de la ruptura familiar.

— Es obvio que las facilidades sociales y legales juegan un factor. Las leyes y costumbres se han relajado y el divorcio se ve como algo natural, como una posibilidad aceptada y razonable. No sorprende, ni asusta.

— Sin embargo creo que existe otra situación que explica más y mejor esa reprobable tasa de divorcios. Un amigo lo ha expresado muy bien: «muchos de quienes se casan no tienen la más p&*@# idea de lo que es el matrimonio».

En lenguaje más aceptable para esta columna: quienes contraen matrimonio carecen del conocimiento necesario acerca de la situación a la que se comprometen. Entran al matrimonio sin saber qué es, ni qué significa.

Y si tienen alguna idea, ella debe ser totalmente equivocada. La diferencia entre lo que ellos imaginaban y la realidad les produce un shock que buscan remediar con su retiro de la situación a la que entraron.

Esto es lo que me mueve a hacer algunas aclaraciones sobre qué es el matrimonio.

El matrimonio es un compromiso serio y formal, que se hace públicamente. Es el compromiso más serio de toda la vida de toda persona. Lo que quiere decir que debe ser bien pensado y meditado antes de entrar en él.

Y que debe haber una fuerte disposición a mantenerse en él a pesar de dificultades y conflictos. La separación es la última de las cartas a jugar, no la primera. El matrimonio es una promesa de fidelidad mutua. Más que eso, un sacramento.

El matrimonio es una decisión de amar a la otra persona, no la consecuencia social del enamoramiento en el noviazgo. En enamoramiento es el comienzo, pero siendo un sentimiento, no debe confiarse en él. En cambio, la decisión de amar es un acto de voluntad que sí dura y permanece.

En el matrimonio uno no se casa para ser feliz. Se casa para hacer feliz al otro. Y en esa relación mutua de querer hacerse feliz uno al otro está la decisión de amar fuerte y consistentemente. Hay en el matrimonio una pérdida sustancial de tendencias egoístas.

El matrimonio no es la continuación del noviazgo, sino su terminación absoluta. En el matrimonio comienzan las obligaciones severas mutuas de poner al otro en primer lugar. Es la aceptación voluntaria de responsabilidades que no se tenían antes del matrimonio. La vida entera cambia al instante de aceptar el matrimonio.

Los esposos se vuelven responsables de crear y hacer perdurar una familia, como estar en un nuevo empleo con mayores responsabilidades (aunque mucho mayores que eso). La vida que llevaban antes, durante el noviazgo, no puede continuar. Va a ser otra muy distinta con grandes responsabilidades.

El matrimonio no es una autorización para tener sexo ahora con licencia legal y permiso social. Es bastante más que eso. Y aunque el sexo es importante, ahora tiene un sentido claro, el de crear vida en los hijos. Y tener hijos es aceptar aún mayores responsabilidades.

No es una utopía ni un mundo en el que basta solo el enamoramiento para esperar ser felices el resto de los días. El matrimonio va a tener dificultades, a enfrentar problemas, a sufrir desgracias y todo eso solo puede enfrentarse con la decisión sólida de amar.

Mi explicación del aumento de divorcios es doble.

Primero, creo que sí tiene razón mi amigo. Muchos no tienen la más pc&@$#/° idea de lo que es el matrimonio. Quizá nadie se los ha dicho; seguramente no han tenido el talento para observar a su alrededor. Y se imaginan que es nada más que la continuación de un noviazgo que puede o no continuar y el pretexto para una fiesta colosal.

Eso se llama falta de inteligencia. Quizá las hormonas obstaculizan a las neuronas, como dice otro amigo. Nada en la vida, absolutamente nada la cambia tanto como el matrimonio. Pensar que la vida anterior continuará como antes es absolutamente tonto.

Lo que me lleva a la segunda parte, el egoísmo o, mejor dicho, la soberbia. Eso que produce la mentalidad que pone como primera opción al «si no me gusta, entonces puedo separarme».

Supongo que esto sea una enfermedad de nuestros días, en los que se ha cultivado la noción de rehuir responsabilidades pero reclamar derechos, escapar de dificultades pero solicitar mimos, desertar de obligaciones pero exigir tolerancia. Lo que ha creado una generación de esos que lamentan tener que enfrentar a la realidad y reclaman vivir en burbujas de complacencias, anuencias y protección,

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