Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Expropiación de la Caridad
Eduardo García Gaspar
18 mayo 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Caridad y filantropía son distintas, aunque se confundan con frecuencia. No es lo mismo la caridad que la filantropía.

Y eso servirá para entrar al tema del «ogro filantrópico», el que expropia a la caridad.

Iniciemos con la primera. La caridad parte de la idea de amar a otros, incluso a pesar de un sacrificio personal. Un hábito que inclina a la persona a realizar actos frecuentes de ayuda a otros. Tiene un claro componente religioso, pero puede existir sin reconocerlo.

¿Qué es la caridad? Una inclinación convertida en hábito que mueve a acciones de ayuda a otros, especialmente a aquellos que la persona percibe como los más necesitados de esa ayuda.

Vayamos ahora a la filantropía. La definición obvia es la de sus raíces griegas: amor por la persona, consideración por el género humano. Una definición razonable es esta:

«Se conoce como filantropía la realización de acciones que repercuten en un beneficio para la humanidad en su conjunto o una parte de ella, motivadas por el único deseo de realizar un bien, y sin esperar obtener reconocimiento ni beneficio a cambio de ellas». definición.mx

¿La diferencia entre caridad y filantropía? En la superficie parecen ser lo mismo. No lo son. Se parecen, sin embargo. Buscan el bien de los otros. Implican una renuncia o sacrificio personal. No buscan nada a cambio.

En ambas hay sentimientos nobles de altruismo. compasión, generosidad y magnanimidad.

La diferencia que existe entre ambas, me parece, es la que se intuye al comparar la caridad de la Madre Teresa de Calcuta con la filantropía de Bill Gates.

Pueden diferenciarse en el contacto con ese al que se ayuda. La caridad es personal, directa, sin intermediarios, íntima, individual. La filantropía es indirecta, con intermediarios, externa, colectiva.

Usted hace filantropía cuando dona dinero o bienes a los damnificados de un terremoto en otras partes. Usted hace caridad cuando visita enfermos que no conoce en un hospital. Las dos son patrones de conducta persistentes en el tiempo, buenas y loables, pero de naturaleza distinta.

Y las dos son realizadas por personas individuales que lo han decidido en libertad, una cualidad que nos permite entrar a un sistema curioso de filantropía. Uno que es impersonal, indirecto y forzado. La mejor frase que conozco para describirla es la de Octavio Paz (1914-1998), el título de su libro El Ogro Filantrópico.

«El crecimiento monstruoso del Estado, el ogro filantrópico, es simultáneamente causa y expresión de nuestros males».

Es la expropiación de la caridad, la estatización de la filantropía. El gobierno convertido en monopolio de la compasión y del altruismo. La asignación estatal de una nueva función de gobierno, ser agente caritativo. El sucedáneo de la Madre Teresa y de Bill Gates.

Por medio de esta nueva responsabilidad, el gobierno toma propiedades de quienes piensa están en posición de hacer caridad o filantropía, las acumula en sus dependencias y, más tarde, después de ciertas deducciones, reparte las propiedades entre quienes piensa que están en una posición de merecer ayuda.

Gracias a esa nueva función estatal las personas se evitan la necesidad de hacer caridad y la filantropía por ellas mismas. El gobierno se ha nombrado delegado de esas obligaciones individuales. Los impuestos que paga contienen una una cuota de caridad y filantropía. Los ciudadanos han sido eximidos de su responsabilidad de ayudar a otros.

¿Tiene usted inquietud por ayudar a alguna madre soltera? Despreocúpese, el gobierno ya lo está haciendo por usted. Tampoco tiene que preocuparse por ayudar a algún anciano, el gobierno lo hace por usted. Y si quiere pagar los estudios de algún joven, olvídelo también pues el gobierno ya lo hace.

Siga sentado en su sillón, cómodamente, y vea algún partido de futbol. Lo único que debe hacer es aceptar impuestos mayores, crecientes. Y, por supuesto, tolerar que parte de los fondos así recolectados terminen en forma de propiedades lujosas de gobernantes. Pero ¡qué es eso comparado con el evitarse las molestas obligaciones de la caridad!

En su fondo, la expropiación de la caridad es un fenómeno de nuestros días muy propio de una mentalidad actual. Toma ella todas las cosas buenas en las que pueda pensarse y las convierte en una responsabilidad gubernamental.

¿Se quiere crear empleos? El gobierno lo hará. ¿Se quiere educar a los niños? El gobierno lo hará. ¿Se quiere ayudar a los más pobres? El gobierno lo hará. Aunque hay un problema no pequeño, el de los fondos para hacer todo eso.

No se preocupe, el ogro filantrópico le pedirá dinero… por la fuerza.

Post Scriptum

El ejemplo mexicano actual es el de López Obrador y sus propuestas de estado de bienestar: ingreso ciudadano, vivienda popular, electricidad barata, comedores comunitarios…

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