Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacia de la Fobia
Eduardo García Gaspar
13 julio 2017
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es una forma de argumentar. De defender la posición propia ante opiniones opuestas. Tiene su chiste usarla y suele ser efectiva.

Crea una muralla de protección que preserva las opiniones propias, sean las que sean y sin necesidad de defenderlas racionalmente. Funciona de la manera siguiente.

Primero, se crea una palabra o expresión con carga emocional relacionada con la discriminación. Por ejemplo, acuñe usted el término ‘homofobia’, o cualquier otro, como ‘feminofobia’, ‘abortofobia’, o el que se le ocurra.

Segundo, dé un tono recriminatorio a la expresión que ha creado. Asóciela con discriminación racial, misoginia, odio y rencor. Líguela con el apartheid y la esclavitud. Únala con emociones y sentimientos; con víctimas y villanos.

Tercero, sostenga que ese término creado se manifiesta de maneras ocultas, de formas leves, en sucesos pequeños y en palabras espontáneas. Y que todo eso es un padecimiento social que debe ser erradicado, incluso por medio de la fuerza estatal.

¡Y ya! Habrá usted logrado que sea aprobada su forma de argumentar. No habrá quien le gane una discusión. No porque usted tenga mejores argumentos, sino porque quien sea que no piense como usted es alguien que discrimina, odia y excluye. Y nadie quiere a alguien así.

Un ejemplo de la realidad. Suponga que usted dice alguna cosa como cualquiera de las siguientes:

«Tengo un amigo gay, sin embargo es un buen tipo».

«No tengo dificultades con los homosexuales que se casan, pero que no adopten hijos».

«Tengo amigos homosexuales y no tengo problema con que lo sean, pero estoy en contra de su matrimonio».

Según Francisco Anguiano, un psicoanalista, expresiones como las anteriores «dan cuenta de cuán arraigada en la cultura está la homofobia, definida como una concepción negativa de la homosexualidad». ¡Y así, Anguiano ha ganado la discusión sin necesidad de defender su idea con argumentos!

Veamos cómo puede usarse esta falacia de la fobia en otros casos.

— Si dice usted «Tengo un amigo que es golfista, pero es un buen tipo», su amigo puede acusarlo de ‘golfobia’ y discriminación, odio y rencor.

— Si usted dice «Conozco a muchos conservadores y no tengo problema con que lo sean», ellos lo acusarán a usted de ‘conservadofobia’ sin tener que justificar sus opiniones.

— Si usted dice «Tengo muchos amigos ateos pero me llevo bien con ellos», le podrán acusar de ‘ateofobia’ ganando así cualquier discusión que usted puede tener con ellos por sus opiniones.

La desaparición de la posibilidad de discutir entre opiniones distintas desaparece cuando una de las partes crea para la otra la percepción de que su opinión «representa […] burlas, acoso, rechazo, discriminación, agresión física, hasta la búsqueda de exterminio de personas […]», como lo expresó el psicoanalista mencionado antes.

Esta falacia de la fobia es una variante de la falacia del hombre de paja, en la que se caricaturiza al opositor colocándolo en una posición extrema que es fácil de atacar sin argumentaciones.

Por ejemplo, afirmar que se tiene el derecho a estar en contra de las personas LGBT (más las siglas que se añadan a diario), pero que si se tiene ese derecho «entonces tengo el derecho de decir que los blancos y afroamericanos no se casen o que las mujeres no estudien, o que los indígenas no tengan ciertos derechos, o que la mujer no vote», como dijo también el psicoanalista citado.

Esto sucede en otras ocasiones también. He visto a varios lanzar acusaciones con palabras como ‘clasista’ cuando he tratado de defender a la libertad económica. Quien sea que defienda una opinión y quiera hacerlo racionalmente está expuesto a esta falacia de la fobia.

Puede ser ella definida como una acusación inmediata de odio extremo a algo o a alguien que lleva a una anulación inmediata de cualquier posibilidad de razonamiento. Si, por ejemplo, quiere usted examinar si las mujeres ganan menos que los hombres, la otra parte puede de inmediato acusarlo de discriminación sexual y la discusión termina.

Si alguien quiere examinar la validez de un reclamo de derechos indígenas, se le puede acusar con la nueva palabra ‘etnofobia’ y la discusión ha sido ganada sin necesidad de pensar.

La falacia de la fobia, que está sustentada en hacer que el opositor sea percibido como una persona violenta que odia a algunos, es un elemento frecuente en nuestros tiempos. Esta en muchas partes y pertenece al fenómeno general de la corrección política, la que hace que ciertos modos de pensar estén prohibidos. Quienes los traten deben ser considerados infectados.

Y esta falacia, además, cabe perfectamente en tiempos de la posverdad, cuando la realidad y la razón nada importan ante los sentimientos y las emociones.

Post Scriptum

Tomé material de una nota del 17 mayo 2017, El Norte (Monterrey, México), titulada «Es la homofobia un mal arraigado».

Si quiero estudiar a la Teoría de la Relatividad antes de aceptarla o rechazarla, ¿seré acusado de Einsteinfobia?

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