Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fallas del Intervencionismo
Leonardo Girondella Mora
30 octubre 2017
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Corregir las fallas de los mercados libres es el argumento usado para justificar la intervención económica gubernamental —la que corregirá esos defectos logrando un mejor resultado general.

Esta narrativa intervencionista tiene dos elementos centrales:

• Los mercados libres tienen fallas.

• La intervención gubernamental corregirá esas fallas.

Cualquier lector, con un mínimo de perspicacia reconocerá que existe un tercer elemento: las fallas de la intervención estatal —que obviamente tiene y que no pueden ignorarse creyendo que el intervencionismo corregirá con perfección las fallas del mercado libre.

¿Tiene fallas el libre mercado? No hay duda, como le sucede a todo lo humano —ya que los seres imperfectos no pueden implantar regímenes perfectos, ni de libres mercados ni de intervencionismo.

Como corolario de lo anterior, es necesario aceptar que el intervencionismo estatal también tiene fallas —una realidad que suele no formar parte de la mentalidad que aboga por él. Es irresponsable presuponer que el intervencionismo no tiene también fallas.

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Una parte de la justificación que sustenta a las medidas intervencionistas es el evitar el egoísmo de los productores para elevar los precios y tener beneficios máximos con perjuicio a los consumidores.

El gobierno presupone que su intervención limitará la ambición desmedida de los productores —mediante decretos, leyes, regulaciones, impuestos y otras disposiciones que persiguen corregir esa falla del mercado libre: el afán desmedido de lucro de las empresas.

¿Lo logrará? No necesariamente, ya que ese intervencionismo tiene sus fallas también, pudiendo crear problemas mayores a los que intenta corregir —como sucede con controles de precios.

Es mi impresión que mucho del intervencionismo económico parte de una de sus más grandes fallas: la de tener una idea inexacta de cómo funcionan los mercados libres —especialmente en lo que se refiere al egoísmo empresarial que tratará de explotar a los consumidores.

En un mercado libre, varias empresas producen bienes sustitutos entre sí, que son ofrecidos a los compradores —una situación que, por diseño modifica la conducta de las empresas mientras exista competencia: las condiciona a tener precios más bajos y aumentar la calidad, incluso aunque no lo quieran.

Por lo que, si el intervencionista deseara realmente limitar al afán de lucro del empresario, lo que mejor que podría hacer es facilitar que exista competencia —y no evitarla, como con frecuencia lo hace, por ejemplo, cerrando fronteras a importaciones.

Por ejemplo, en México se razona que el petróleo en manos privadas dañaría a los consumidores debido al deseo de aumentar utilidades —y eso se usa para sostener al monopolio estatal, el que se supone opera para «el beneficio público».

¿Lo hace? La evidencia muestra que no, que este intervencionismo tiene sus fallas también y que ellas son aún más grandes que las de los mercados libres —a pesar de lo cual aún se insiste en mantener esa industria en manos estatales, como lo hace, por ejemplo, López Obrador.

Esta competencia de los mercados, que debería ser el instrumento central del intervencionismo para servir a los compradores, permitiría entrar en funcionamiento un mecanismo de aprovechamiento de recursos: la contribución personal de millones para innovar y tener ventajas competitivas que atraigan a los compradores —un punto que parece ser incomprensible para los intervencionistas.

Anular a la competencia en, por ejemplo, ese caso del petróleo en México, desaprovecha las posibles contribuciones de los ciudadanos y, lejos de evitar el deseo de lucro privado, aumenta el ansia de lucro gubernamental —lo que daña a los compradores.

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Inicié la columna apuntado que la intención del intervencionismo económico es corregir las fallas de los mercados libres —una buena intención que adolece de un problema real: esa intervención estatal tiene también fallas y ellas suelen ser mayores a las del libre mercado.

Si el intervencionismo económico reconociera sus propias fallas, vería que en gran parte ellas son debidas a su desconocimiento sobre el funcionamiento del mercado libre —el que es más complejo y sutil de lo que supone el intervencionista.

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