Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Felicidad, sus Conexiones
Eduardo García Gaspar
7 marzo 2017
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Virtud y felicidad, su conexión y desconexión. Es una idea de su unión o desunión, y las consecuencias que eso produce en la conducta de las personas.

Veamos esto en dos partes, en dos escenarios.

Primero, una sociedad en al que se piensa que hay una conexión entre virtud y felicidad. Esto significa la asociación causal entre ambas, siendo la conducta buena la causa del efecto, que es la felicidad personal.

La conducta virtuosa es equivalente a la conducta buena, moralmente buena, especialmente expresada en el respeto a las virtudes de justicia, prudencia, templanza y fortaleza. Todo eso que forma la conducta de lo que llamamos «una buena persona», que respeta mandatos morales y manifiesta una conducta de ayuda a los demás.

En este escenario, se postula que esa conducta virtuosa es la causa de la felicidad personal, ese estado deseable y buscado de satisfacción y gozo estable y duradero. ¿Quiere usted ser feliz? Compórtese bien, respete normas morales.

Este es un escenario que tiene mucho de religioso: la promesa de la vida eterna en el Cielo es la de la felicidad eterna y ella puede ser alcanzada respetando esos mandatos de Dios. El riesgo es severo: no respetar esos mandatos de manera intencional y consistente equivaldrá a no tener esa felicidad eterna.

Donde sea amplia la creencia de esa conexión entre conducta virtuosa y felicidad futura, las conductas tenderán a considerar eso, lo que actuará como un yugo relativamente fuerte: siendo libre todo lo puedes hacer, pero no todo lo debes hacer.

Segundo, una sociedad es la que domina la idea de una desconexión entre conducta virtuosa y felicidad. Allí el comportamiento virtuoso no se asocia a la felicidad, simplemente no hay relación entre esas dos ideas. Incluso podrá existir la noción de que la conducta virtuosa no lleva a la felicidad personal.

En esta sociedad se han tenido cambios sustanciales.

La idea de la vida eterna en el Cielo ha desaparecido, es decir, la felicidad no es ya una situación espiritual o religiosa. La felicidad toma ahora una forma material que no está asociada con la conducta virtuosa y, pero aún, puede ser el efecto de conductas cuestionables.

Hay un indicio de esto es las aspiraciones juveniles:

«La encuesta de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, divulgada por el diario El Universal y de la que participaron 1400 menores, señala que el 17% querría ser empresario […] Al 26,3% de los jóvenes mexicanos les gustaría parecerse a narcotraficantes o a sicarios». infobae.com

La «amenaza» de no ir al Cielo resulta irrelevante y esto produce un aislamiento de las virtudes: ellas no son necesarias para alcanzar la felicidad (material) y puede ser que ellas sean un obstáculo.

Las grandes fortunas de gobernantes no son precisamente el resultado de una conducta ejemplar, como tampoco las de los criminales. Si ellos son felices los son no por tener conductas ejemplares, sino lo opuesto.

En este escenario es razonable esperar una elevación sustancial de conductas reprobables, eso que podríamos llamar legalmente criminales. No solo eso, también, conductas opuestas a la justicia, prudencia, templanza y fortaleza.

El consumo de drogas sería un indicativo, como los índices de criminalidad, corrupción, embarazos fuera del matrimonio y demás. En fin, surgiría un lamento común por la «pérdida de valores».

&&&&&

Una clave central en el cambio de un escenario a otro es la transformación de la idea de felicidad a algo exclusivamente material, conseguida por cualquier medio y sin consideraciones morales. Una felicidad presente, inmediata, que no depende de la calidad de los actos propios, sino de su objetivo.

La promesa de la felicidad eterna es presentada con grandes desventajas, pues es a futuro, un futuro muy lejano y, lo peor, es algo que no está garantizado científicamente y no se percibe en la realidad: el origen de la felicidad cotidiana en muchos de los famosos y célebres está desconectada de conductas ejemplares.

O incluso, da entrada a algo surrealista, la intervención gubernamental. Ahora la felicidad es posible por medio de programas gubernamentales:

«La filosofía de la felicidad nacional bruta presenta varias dimensiones: es integral, puesto que reconoce las necesidades espirituales, materiales, físicas o sociales de las personas; insiste en un progreso equilibrado; concibe la felicidad como un fenómeno colectivo; es sostenible desde el punto de vista ecológico, puesto que trata de conseguir el bienestar para las generaciones presentes y futuras, y equitativa, puesto que logra una distribución justa y razonable de bienestar entre las personas». Who.int

El gobierno, responsable de la felicidad, tiene el mismo efecto neto: la persona no siente ya que hay una cierta forma de comportarse para ser feliz; haga lo que haga, hay otro que tiene esa obligación.

Post Scriptum

La existencia del mal en nuestro mundo y la realidad de que la maldad se vea como algo no castigado e incluso recompensado es quizá el problema de origen.

Si se piensa que esa maldad será castigada en el mundo futuro, la conducta virtuosa mantiene su justificación en el mundo presente. Pero si desaparece la idea de la recompensa futura, también se desvanece la justificación de la conducta virtuosa (como medio para ganar el Cielo).

Para esta columna usé ideas en el libro A Short History Of Ethics: A History Of Moral Philosophy From The Homeric Age To The Twentieth Century.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras

También en Twitter

ContraPeso.info tiene ahora su versión en Twitter @GinLogic. Síganos por la defensa de la libertad, la razón y la verdad.