Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Formación y Escolaridad
Eduardo García Gaspar
14 febrero 2017
Sección: EDUCACION, ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Educación y escolaridad no son lo mismo. Educación e instrucción no son iguales.

Suponer que lo son es un grave error. Grave y común. El tema bien vale una segunda opinión.

Es una realidad el que, explícita o implícitamente, demasiados suponen que la educación sucede en las escuelas.

En México, por ejemplo, se tiene a la Secretaría de Educación Pública. En los EEUU tienen al Department of Education. En España se tiene al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En Argentina al Ministerio de Educación y Deportes.

Más aún:

«Toda persona tiene derecho a la educación. La educación será gratuita, al menos en lo concerniente a la educación básica y a las etapas fundamentales. La educación básica será obligatoria». es.humanrights.com

Se tiene entonces una creencia generalizada: la educación de las personas se hace en las escuelas, ella es un derecho y lo satisface el gobierno de manera gratuita (por supuesto no es gratuita, pero eso es otro asunto).

¿El error? Es el obvio y menos conspicuo: las escuelas no son los únicos lugares en los que se hace la educación, hay otros lugares en los que ella se realiza y uno de ellos es tremendamente más importante que las escuelas. Hablo de la familia.

Es posible expandir esto más si hacemos una distinción entre educación y escolaridad, entre formación e instrucción. No son lo mismo realmente. Y, aunque la diferencia no es absoluta, podemos apuntar que la educación se realiza en casa, en familia; y que la instrucción se hace en la escuela.

¿Las diferencias?

Formación y educación son la responsabilidad y función central familiar y se realizan en casa puliendo la conciencia de los hijos en una tarea que no tiene final, aunque resulta vital en los primeros años, incluso hasta la mayoría de edad.

Trata de la formación del carácter, del aprendizaje para distinguir lo bueno de lo malo; lo debido de lo indebido. Aquí se realiza el desarrollo de buenos hábitos: higiene, comida, salud, trabajo, esfuerzo, responsabilidad, caridad, honestidad, lectura, disciplina, razonamiento, autonomía y todos los que usted se imagina.

Aquí se aprende el uso de la libertad y su otro lado, el de las responsabilidad. Los buenos modales y el buen trato a otros. Respeto a los mayores, obediencia y el resto de la formación de la conciencia. Es el campo que convierte a las virtudes en hábitos y combate los malos hábitos.

Es en la familia, con palabras y con ejemplos, que se forma a la nueva persona. A la escuela van los niños con esa formación obtenida en casa y la necesitan para poder actuar civilizadamente en la escuela y aprovechar su instrucción.

Instrucción y escolaridad son responsabilidad de la escuela y se realizan proveyendo al niño con conocimientos: anatomía y geografía, aritmética y gramática, historia y biología, más todas esas cosas que usted se imagina.

Aquí se refuerzan hábitos de disciplina y responsabilidad, de buenas maneras, de higiene, comida y las otras cosas que iniciaron en casa. Es el desarrollo de cultura y conocimientos que se dan a personas aún tiernas pero que gracias a la educación en casa tienen un comportamiento razonable.

Esas dos facetas del desarrollo tienen, por supuesto, zonas de traslape o duplicación en casa y en escuela. Un hábito de lectura puede y debe comenzar en casa, antes de la escuela; al igual que el desarrollo del gusto por la música y la curiosidad intelectual.

Vuelvo a mi punto, el de la distinción entre educación y escolaridad, entre formación e instrucción. No es una división total ni absoluta, entre ellas hay duplicidad y refuerzo. Sin embargo, es justificable aceptar que la escuela no es sustituto de la familia.

Es decir, los padres no pueden delegar en las escuelas su tarea de educar y de formar; y, si lo hacen, seguramente tendrán hijos con una formación incompleta, muy incompleta. Con un problema, el de la exageración paternal, el de la hiperpaternidad.

El descuido de la formación de los hijos les hará carecer de guías futuras de comportamiento bueno y correcto y la atención exagerada los convertirá en seres caprichosos que sienten que todo lo merecen gratuitamente.

En fin, todo lo que he querido hacer, al final de cuentas, es apuntar que las escuelas no son las responsables de la educación y de la formación de los hijos, eso es una obligación de los padres.

Llamar Educación Publica a las escuelas gubernamentales es el producto de una mentalidad errónea. Y de una actitud estatal soberbia hasta el delirio. ¡Imaginen usted al gobierno a cargo de la formación de conciencias infantiles!

Post Scriptum

Recuerdo el caso de padres de familia muy poco religiosos que me dijeron que preferían llevar a sus hijos a escuelas católicas porque allí les inculcaban valores, más que en las otras escuelas. Buena intención, pero me pregunto el porqué esos padres no reconocen que esos buenos valores también deben tenerlos ellos y ser capaces de inculcarlos a sus hijos. ¿Qué otra responsabilidad mayor tienen ellos?

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