Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Idealismo sin precaución
Eduardo García Gaspar
6 diciembre 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un riesgo real y presente. Un peligro político considerable y de resultados amargos para cualquier país.

Es la amenaza utópica el riesgo al que me refiero y que pienso que bien vale una segunda opinión explorar. Comencemos con una definición simple, la de idealismo en su sentido coloquial.

Idealismo es una actitud personal que hace pensar consistentemente en realidades muy posibles de perfección, armonía y concordia absoluta. Una forma de pensar de gran optimismo que presupone la factibilidad de situaciones pacíficas, cordiales y fraternas; mundos posibles de alcanzar y que son impecables e inmejorables.

Digamos que la persona idealista es eufórica y optimista, una ferviente creyente en la posibilidad real de realidades perfectas. No es que el ser optimista sea un problema, sino que se convierte en uno cuando el optimismo rebasa cierto límite y llega a convertirse en un idealismo sin precaución.

[Este es el problema que R. Scruton trata admirablemente en su libro The Uses of Pessimism y que es muy recomendable.]

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es ese riesgo real y presente del idealismo en asuntos políticos. La persona que sufre de este idealismo sin precaución es un receptor crédulo de cualquier propuesta o idea política que posea un deseo maravilloso, como el de la paz universal mediante un gobierno mundial.

Más ampliamente explicado, se trata de la aceptación sin límites de propuestas utópicas de gobernantes electos o en campaña electoral. Suelen ellos proponer medidas que el idealista sin precaución acepta como posibles de alcanzar sin pensar en otra cosa que lo admirable que es esa intención.

Tome usted, por ejemplo, a la propuesta de desaparecer a la criminalidad por medio del combate al desempleo; o resolver el problema de educación eliminado exámenes de admisión; o solucionar la brecha digital con internet gratuito nacional; o aumentar salarios para elevar el poder de compra; o reducir tasas de hipotecas para facilitar compras de casa propia.

Estas y otras propuestas similares, como la creencia de que el diálogo entre las partes es un remedio infalible universal, presentan una paradoja alucinante, la de las personas realistas y pragmáticas en su vida diaria, pero que en terrenos políticos se tornan en idealistas sin precaución.

La popular aceptación de propuestas políticas de extremo idealismo es posible si se cumplen dos condiciones.

Una, la de quien hace la propuesta idealista extrema que promete como posible un propósito admirable a través de una acción simple de gobierno. Me refiero al político que promete eso y que puede o no creer en su promesa.

Es posible que en su mente crea que efectivamente si aumenta salarios se elevará el nivel de vida de todos y, con honestidad interna, lo proponga. Pero también es posible una fuerte hipocresía y sepa que así no logrará la meta, pero promete ese aumento porque le ayudará a ser elegido o a elevar su popularidad.

Dos, la de un segmento importante de votantes que sean optimistas sin precaución y supongan que es posible elevar el bienestar de todos aumentando el déficit público, o retirando exámenes universitarios de admisión y no reprobando a alumnos.

Esta segunda condición es requisito indispensable para la elección de gobernantes con propuestas idealistas imposibles. Buena parte del electorado debe ser un optimista sin precauciones políticas. Personas que en sus vidas cotidianas pueden ser lo más sensatas y realistas, pero que en asuntos de promesas políticas se vuelven irreflexivas e imprudentes.

Son ellas quienes forman el riesgo real y presente del idealismo sin precaución que puede llevar al poder a regímenes con propuestas utópicas que causarán crisis reales. Un problema de inocencia crédula provocada por el idealismo sin precaución.

Imagino que el problema pueda ya ser comprendido. El idealismo sin precaución que produce una realidad virtual  en la mente de esos idealistas, gobernantes y gobernados, y donde todo funciona perfectamente. Donde cerrar fronteras produce bienestar, donde se puede expropiar sin consecuencias, donde por ley se alimenta a las personas, donde los criminales se corrigen sin castigos.

El optimismo sin precaución produce una sustitución de percepción, por la que el mundo real es sustituido por un mundo artificial en el que todo es perfecto y cada decisión de gobierno tiene resultados perfectos.

La contrariedad es, por supuesto, que el mundo optimista es una ficción de una brecha creciente con la realidad. Las decisiones y acciones aplicadas al mundo virtual no sirven en el mundo real y la realidad será muy diferente a las expectativas creadas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras

AVISO

Dejaremos de publicar desde el lunes 18 de diciembre y reanudaremos la publicación a partir del martes 2 de enero. ¡Feliz Navidad!