Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ideologías, su Dominio
Eduardo García Gaspar
19 octubre 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, Y MATERIAL ACADEMICO
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No hay duda, tenemos opiniones. Y nuestra ignorancia no es un freno para sostenerlas y defenderlas.

Quizá sea parte de nuestra misma naturaleza. Después de todo podemos tener conocimientos, saber cosas, y no nos quedamos allí.

Formamos opiniones, esos juicios con respecto a algo, como quién ha sido el mejor futbolista de todos los tiempos.

Y somos capaces de defenderlas, incluso irracionalmente y con terquedad extraordinaria. Tenemos opiniones de muchos temas y campos, desde qué hacer con reservas monetarias en un país hasta la manera de combatir a la criminalidad.

En un mundo ideal, el tener opiniones y manifestarlas, es una libertad que siempre debe ir acompañada de una responsabilidad, la de tener conocimientos suficientes acerca del tema concreto. En el mundo real, esa responsabilidad no suele ser aceptada como debiera. En fin, así es nuestro mundo.

Con las opiniones, sin embargo, sucede un fenómeno llamativo, muy propio de nuestros tiempos, el de las ideologías.

Una ideología es un sistema bien armado de opiniones, como «un sistema de ideas, de representaciones que domina el espíritu de un hombre o de un grupo social» como escribió L. Althusser, citado aquí.

Este es otro elemento vital de la ideología, el de dominio de la mente. El sistema bien armado de opiniones forma un todo que ejerce poder sobre la mente porque la ideología ofrece una explicación universal de la realidad.

Un añadido de gran riqueza a lo anterior es este:

«Las ideologías no son sino opiniones inofensivas, no críticas y arbitrarias siempre que no sean seriamente creídas. Una vez que se toman en serio su reclamo de validez total, se convierten en el núcleo de sistemas lógicos en los que, como en los sistemas de los paranoicos, todo sigue comprensiblemente e incluso obligatoriamente una vez que la primera premisa se acepta». H. Arendt, The Origins of Totalitarianism.

El problema, entonces, parece ser el tomar seriamente lo que no merece serlo. Y eso sucede una vez que la mente es convencida de la validez de la «primera premisa». Sucedido eso, la persona seguirá la lógica interna de la ideología que le explicará la realidad y le dirá cómo comportarse y qué hacer, sin poder recapacitar.

Recapacitar para evaluar a la ideología es lo peor que puede pasarle a ella. Es necesario que se convierta en una explicación que desde su interior es imposible de refutar. Creo que esta es la cualidad natural de la ideología bien entendida: la del dominio mental sobre la persona, de tal monto que le hace creer que posee la clave universal para el entendimiento de la realidad.

Encontré una página de Internet que califica como ideologías la fascismo, nacionalismo, liberalismo, anarquismo, conservadurismo, feminismo, capitalismo, comunitarismo, ecologismo; con la notable ausencia del comunismo y del socialismo.

Es una interpretación demasiado relajada y fácil de ideología y eso me da pie a algunas precisiones.

Es posible que el liberalismo o el conservadurismo sean ideologías pero también es muy posible que no lo sean. Y lo mismo va para el resto de los «ismos» mencionados. Todo parece depender de la persona y su mente.

Tener un conjunto de creencias que defienden a la libertad, por ejemplo, no significa que se esté bajo el dominio de una ideología, con todas sus desventajas. Tener ideas firmes y opiniones sólidas no necesariamente conduce a ser víctima de la ideología, la que sea.

Todo depende de esa variable de dominio del sistema de ideas sobre la mente. Un asunto de sometimiento y yugo intelectual. Podría ser que la tiranía fuese tal que la persona se cierra a toda discusión contraria y niegue evidencias en su contra. Cuando esto sucede sistemáticamente, estaremos en presencia de una ideología clara.

Y ahora viene el problema real. No tiene gran importancia que una persona cualquiera sea dominada por tal o cual ideología, al menos no importa tanto como si eso le sucediera a quienes llegan a posiciones de poder sobre otros. Es el caso de gobernantes, siendo Lenin, Mao y Pol Pot tres casos notables, por no mencionar a Hitler.

Un amigo menciona un caso adicional, el de los profesores que tienen dominio sobre sus alumnos a los que tratan de trasladar el yugo de su ideología.

Cuando el que llega a tener gran poder es dominado por alguna ideología, entonces comienza el riesgo del totalitarismo. Comenzará esa persona a implantar el sistema de ideas que tiene lógica interna, pero no corresponde a la realidad. Y lo hará haciendo caso omiso de resultados, oposición, evidencias y razones.

Las ideologías en esta interpretación estricta, por tanto, pueden ser vistas como el máximo riesgo que enfrentamos en los gobiernos.

Post Scriptum

Véase también,«Ideología: Significado».

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