Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ignorancia Redescubierta
Eduardo García Gaspar
23 marzo 2017
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un ejercicio en humildad. Y, por eso, algo fuera de lo común en estos tiempos. Seguramente en los anteriores también.

Comencemos con una precisión de términos.

«San Bernardo la define [a la humildad] como: “Una virtud por la que un hombre, conociéndose a sí mismo como realmente es, se rebaja” […] la de Santo Tomás: “La virtud de la humildad”, dice, “consiste en mantenerse dentro de los propios límites, sin tratar de alcanzar cosas que están sobre uno, sino sometiéndose a la autoridad del superior”» ec.aciprensa.com

Humildad es esa idea que asociamos con modestia. Y que vemos como opuesta a altivez, soberbia y fatuidad.

[Por supuesto, la humildad también tiene el significado de pobreza, indigencia y desamparo, en su sentido material, pero esta connotación la dejo de lado].

La humildad tiene un clímax en esa frase de «yo solamente sé que no sé nada». Su autor, Sócrates, fue un tipo que debió ser realmente molesto y fastidioso por querer redescubrir a la ignorancia propia.

Lo que pienso que bien vale una segunda opinión en esto es el redescubrimiento de la ignorancia. Es decir, una loa a la humildad y una diatriba contra la soberbia. Algo que en nuestros tiempos parece imposible. Entremos al tema, que es fascinante.

Está en la naturaleza humana, en sus mayores profundidades, la inclinación a la soberbia. Esto es arrogancia, creer que se es más, altivez y engreimiento. La humildad nos repele y la evitamos.

Si no me cree, vea la cantidad de opiniones que se lanzan sin la más pequeña de las justificaciones, sin el más mínimo sustento. No solo lo sufren los gobernantes. Es un padecimiento universal. Reconocer que no se conoce lo suficiente como para opinar sobre algo, no parece ser algo común, al contrario.

Eso llega a puntos culminantes curiosos:

«Los niños y niñas tienen opiniones propias y fundadas en sus experiencia y conocimiento, normalmente acorde con su edad. Los menores tienen derecho a opinar sobre todos los procesos sociales que les concierne, así como formar parte de debates sobre temas de actualidad, cultura y sociedad, y ser escuchados; por lo que la sociedad tiene el deber de tomar en cuenta la opinión de los mismos». emiliosangar.wordpress.com

Creo que lo que hemos olvidado es a Sócrates, es decir, a la humildad. Para opinar, mucho me temo, es necesario haber aceptado antes a la humildad y con ella, al desconocimiento propio. Me refiero al pequeño gran reconocimiento de saberse ignorantes antes que nada.

«El descubrimiento de la ignorancia fue para Sócrates el principio más que el final de la tarea filosófica, porque solamente a través de ese descubrimiento puede uno comenzar a remontar esas creencias recibidas que oscurecen la verdadera naturaleza de lo que es un ser humano». Richard Tarnas. Passion of the Western Mind: Understanding the Ideas That Have Shaped Our World View

Esa es una buena manera de explicarlo: la ignorancia como punto de partida, la humildad como punto inicial. Esto es lo que haría que el derecho a opinar se convirtiera en la obligación de pensar. La ignorancia redescubierta contiene esa sorpresa.

Una sorpresa que tiene sus sutilezas. Una de ellas es particularmente molesta. No es posible negar a nadie la expresión de sus ideas personales, así sean las más descabelladas y desatinadas, argumentando la ignorancia de quien las expresa. Lo siento, pero eso no tiene remedio.

La más razonable y justificada de las opiniones vivirá junto a la más necia y desequilibrada. Usted puede ver esto en las redes sociales y en internet. La realidad es así y ella impone dos obligaciones voluntarias y no exigibles.

• Quien emite la opinión debe reconocer que tiene el deber de explicarse con claridad, de justificarse con solidez, de validarse con evidencias. Pero hacer esto es opcional; nadie puede exigir que lo haga.

• Quien está expuesto a las opiniones de otros debe reconocer que tiene el deber de desarrollar la habilidad para distinguir lo razonable de lo irracional, lo sólido de lo débil, lo probado de lo irreal. Es saber diferenciar calidades de las opiniones. También esto es opcional y no puede ser exigido.

Las personas pueden remediar esto teniendo un punto de arranque, que es el del redescubrimiento de su ignorancia.

No es un mal punto de partida, al contrario, aunque sea escasamente probable en tiempos en los que ver un programa del History Channel hace pensar que se sabe lo suficiente sobre un tema como para decir lo que sea.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras

AVISO

Dejaremos de publicar desde el lunes 18 de diciembre y reanudaremos la publicación a partir del martes 2 de enero. ¡Feliz Navidad!