Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualar Metas o Reglas
Leonardo Girondella Mora
29 agosto 2017
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Una buena parte de la retórica política está formada por lugares comunes —por frases hechas con gran frecuencia y con un significado débil, pero que contienen una carga sentimental considerable.

Se llama lugares comunes a esa frases abusadas que a fuerza de uso han perdido sentido —como:

«Arder en deseos. Le asaltó una duda. Espiral de violencia. Sumido en la tristeza…» tallerparentesis.com

En pocos terrenos se usa el lugar común con tanta insistencia como en la política.

«Corrupción institucionalizada. Tengo vocación de servicio. Trabajar para el bien del país. Compromiso con la nación. Cacería de brujas. Campaña de desprestigio…»

Un grupo de esos lugares comunes del lenguaje político está formado por expresiones similares:

«Bienestar común. Interés general. Bienestar de todos. Interés común. Bienestar nacional….».

La realidad de que sean lugares comunes —frases de uso excesivo y significado desgastado—, vuelve a estas últimas frases algo que no tiene utilidad práctica: no puede saberse qué exactamente quiso decir el gobernante que las emplea.

¿Qué es exactamente el «bienestar común»? Bajo las circunstancias en las que suele usarse la expresión es inútil (aunque existan algunos intentos más bien académicos de definición).

Si alguna persona se atreve a prometer que trabajará por el «bienestar general», será imposible precisar (1) exactamente qué está prometiendo, (2) cómo lo alcanzará y (3) de qué forma será medido su logro.

Bajo el mismo techo que provee la frase «interés común», o cualquiera equivalente, pueden ampararse las más extremas medidas socialistas, al estilo de F. Castro en Cuba que las más liberales reformas de acuerdo con las ideas de Hayek.

En esto radica buena parte de la utilidad práctica de las frases sin significado: cada ciudadano la interpreta como lo desea ver y, en el efecto acumulado, el candidato en campaña adquiere un atractivo universal superior al que tendría de haber sido más específico.

Lo percibido por quienes son la audiencia de esas frases abusadas produce, creo, la impresión de que en ellas se encierra una manera de poder calcular el bienestar de todos —lo que es al menos inexacto.

«El bienestar y la felicidad de millones no puede ser medido en una sola escala de más y menos. El bienestar de un pueblo, como la felicidad de un hombre, depende de una gran cantidad de cosas que pueden ser proveídas en una manera infinita de combinaciones». F. A. Hayek, The Road to Serfdom.

Cuando la promesa de bienestar general es comprendida como una medida común, aplicable a todos por igual —lo que pienso es la interpretación acostumbrada—, necesariamente se presupone que todas las personas son iguales y que ellas serán satisfechas por los mismos bienes, en la misma cantidad, produciendo la misma satisfacción en los mismos momentos.

La presuposición es tan irreal que ni siquiera merece consideración. La diversidad de personas niega esa proposición de «bienestar general» como algo igual para todos, pero al mismo tiempo abre una posibilidad de examen que merece una consideración.

Es posible comprender al «bienestar general» como una situación de libertad personal en la que cada persona tenga el máximo posible de posibilidades de acción para alcanzar lo que ella ha definido como su felicidad propia —y que es diferente a la del resto.

En su fondo, lo que quiero apuntar es que esas expresiones vagas y abusadas tienen un significado ambiguo que puede llevar a dos interpretaciones muy distintas:

• La primera es la construcción de un gobierno que defina centralmente qué es el bienestar total y fuerce esa definición estándar en la vida individual de cada persona.

El problema es que esa definición estandarizada de bienestar no corresponderá con la que las personas han definido para sí mismas y ella tendrá que ser forzada en la población entera.

• La segunda es la construcción de un juego de reglas, instituciones, que estandarizan las reglas que todos deben seguir para lograr la idea de bienestar que tienen individualmente.

La tarea de la autoridad política es crear y hacer respetar esas reglas o instituciones —lo que puede llamarse un estado de derecho cuya función central es el respeto a la libertad.

En otras palabras, en el primer caso, el de un bienestar igualado para todos, la autoridad política fija las metas o propósitos del bienestar personal —modificando las reglas a su gusto para lograr las metas nacionales.

En cambio, en el segundo caso, las metas son dejadas al criterio personal y el deber de la autoridad es igualar las reglas bajo las que los propósitos personales puedan lograrse.

Addendum

Para más sobre los lugares comunes, lea El Gravoso Lenguaje Político.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras