Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualdad de Gasto
Eduardo García Gaspar
27 junio 2017
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Es la llamada estándar de la actualidad. El reclamo de la igualdad material. Todos deben ganar más o menos lo mismo y tener más o menos lo mismo.

Cierto, muchas veces se reclaman solo «desigualdades escandalosas» y no desigualdades razonables.

En fin, supongo no equivocarme al creer que en estos tiempos el reclamo económico central es de de la igualdad material: ingresos similares para todos y posesiones similares para todos.

Lo que creo que merece una segunda opinión es una zona de análisis de igualdad que no es atendida como merece: la igualdad del gasto de la persona. Me explico con un escenario hipotético que facilita mi idea.

Suponga usted que en un país cualquiera el gobierno ha decretado la igualdad de ingreso con una ley que impide que entre los mayores ingresos y los menores exista más de un 20% de variación. Para todo propósito práctico, en ese país todos ganan casi lo mismo.

¿Habrá así una igualdad material? No necesariamente. La calidad de la vida material de las personas en ese país tendrá una variable que pasa desapercibida. Llámela «gasto inteligente», o lo contrario, «gasto estúpido».

Lo que apunto es que aún con ingresos iguales, las personas tendrán diferente calidad de vida y serán desiguales dependiendo de la inteligencia con la que gasten su dinero. Y creo que es posible aceptar que existen personas que gastan su dinero estúpidamente, sin que eso tenga que ver necesariamente con su nivel de ingreso.

Hay personas de altos ingresos que son tontos gastando, pero lo mismo le sucede a personas de ingresos menores. En el caso de personas con altos ingresos, su estupidez en el gasto no tiene consecuencias tan severas como en el caso de las personas de ingresos menores.

Mi punto: la estupidez con la que la persona gaste sus ingresos será un factor de desigualdad en la calidad de vida y será un factor de desigualdad percibida. Aquellos que persiguen la igualdad material enfrentarán el problema de que la estupidez en el gasto producirá familias con buena calidad de vida y con mala calidad de vida (a pesar de tener el mismo ingreso o muy similar).

Las compras tontas y los ahorros riesgosos producirán desigualdad inevitable posterior, y efectos no intencionales, entre ellos una economía subterránea de ingresos no reportados. ¿La solución? Un decreto de igualdad de conceptos de gasto: todos gastarán en lo que la autoridad decrete que es «racional» y será lo mismo para todos.

Ropa igual o similar, lo mismo que comida, artículos para la casa y todo lo demás; incluso el ahorro.

Lo que intento demostrar es que la igualdad material es en extremo difícil incluso cuando los ingresos han sido igualados. Las personas no gastan de igual manera y eso hará que se mantengan desigualdades.

Lo que para algunos es un gasto tonto para otros no lo es. La desigualdad de las personas también se registra en sus gastos, lo que justifica la intervención gubernamental, por ejemplo en México, con consejos para gastar mejor.

Si alguien quiere adornos de Navidad con un reno con una luz roja en la nariz, ¿cómo poder decretar que eso es tonto? ¿Bajo qué criterio? Podría pensarse en prohibir la fabricación de esos bienes, pero también de otros como quizá un exprimidor de ajos, o un portapizzas.

Yendo algo más al fondo, esto apunta hacia la realidad de desigualdades humanas enormes en gustos, aficiones, actitudes, opiniones, intereses, inteligencia y que tendrán un impacto en la vida incluso a pesar de que ellas reciban ingresos muy similares.

Reconocer la verdad es parte fundamental de las buenas decisiones. Si la verdad no es conocida y tomada en consideración, las decisiones serán fallidas. Una política obsesionada con la igualdad que no considere la realidad de las desigualdades humanas inevitables no tendrá éxito.

Su fracaso originará nuevas medidas correctivas, es decir, mayor intervención. En este caso, sin duda, generará el reclamo de más educación para promover el gasto «racional» de la gente, pero ese gasto será definido por el gobierno y no funcionará a menos que se convierta en prohibiciones de compra, otra intervención aún mayor.

En fin, todo lo que quise mostrar es la tremenda dificultad que tienen las políticas gubernamentales para igualar ingresos porque aún en el caso de que lo logren, la desigualdad se mantendrá mientras las personas sean libres para gastar.

Solo cuando se les retire la libertad para gastar podrá existir igualdad material y eso se logrará solamente en una sociedad sin libertad alguna, de robots obligados a obedecer a los gobernantes, es decir, los gobernantes serán superiores al resto y eso no es igualdad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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