Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualdad, la decisión
Eduardo García Gaspar
13 noviembre 2017
Sección: DERECHOS, PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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El estado de derecho produce sorpresas. Al menos para esos que son de tendencias igualitarias. Esto es algo que bien vale una segunda opinión.

Piense usted en esto: la igualdad ante la ley dentro de un estado de derecho. Leyes, reglamentos, disposiciones, todo se aplica por igual a todos. Los tribunales actúan con justicia y equidad. La policía aplica la ley con justicia e igualdad.

Incluso aunque en la realidad no se tenga una situación de tal perfección, en esa situación se tiene un caso notable de igualdad ante la ley, ante la autoridad. Derechos y libertades iguales para todos. No está mal, nada mal.

Lo interesante viene cuando se entiende que esa igualdad de derechos ante la ley no produce igualdad de resultados. Esto puede entenderse mejor viendo dos situaciones.

— ¿Quiere usted igualdad legal y de derechos? Muy bien, pero tiene que aceptar que eso producirá desigualdad de resultados.

— ¿Quiere usted igualdad de resultados? Muy bien, pero tendrá que aceptar que las leyes sea aplicadas con desigualdad.

Entremos más al tema. En un sistema de estado de derecho, la igualdad de derechos y aplicación de las leyes va a producir desigualdad material (que no es lo mismo que producir pobreza). Unos tendrán más que otros porque actuarán de maneras distintas. Porque las personas son diferentes.

Es una rivalidad entre igualdades. La igualdad de derechos no puede tenerse al mismo tiempo que la igualdad económica, lo que puede ser una noticia nueva para quienes pretenden tener las dos al mismo tiempo. No podrán. Esa es la realidad.

Por eso, cuando predomina la mentalidad de la igualdad material se tendrá que abandonar al estado de derecho. Las leyes se tendrán que aplicar desigualmente y existirán ciudadanos con privilegios y ciudadanos de segunda.

Este conflicto ha sido entendido como un asunto de justicia.

En un estado de derecho, se considera justo que exista igualdad de derechos, que las leyes traten por igual a todos. Se consideraría injusto que algunos tuvieran derechos y otros no. Esto es lo que hace reprobable a la esclavitud y reconoce a la libertad.

Esa justicia de derechos y libertades iguales, sin embargo, es negada con frecuencia, alegando que no es verdadera justicia. La justicia es de esta manera redefinida como «igualdad de resultados materiales». La ley y el poder judicial, se dice, deben tratar a las personas con desigualdad de derechos para poder lograr igualdad material.

Esta igualdad material se logra por medio del gobierno. Sus leyes, acciones y juicios ignoran la igualdad de derechos para alcanzar la igualdad material. El mecanismo es sencillo en su esencia: algunos ciudadanos pierden derechos y libertades de posesión de bienes los que son transferidos, vía el gobierno, a otros ciudadanos.

La cuestión es clara. No se puede tener todo. Si quiere igualdad de derechos y libertades, tendrá usted que aceptar desigualdad material. Si quiere usted igualdad material, tendrá usted que aceptar desigualdad de derechos. Usted seleccione lo que le parezca más razonable.

Pero antes de que decida, piense en algo que parece ser un secreto tan bien guardado como la fórmula de Coca-Cola. La desigualdad material no es igual a pobreza material. Si quiere usted combatir a la pobreza, lo que es muy admirable, piense en cuál de las dos opciones la combate mejor.

Es decir, cuál de los dos sistemas produce más riqueza. Ese será el mejor sistema para todos. Afortunadamente tenemos evidencias empíricas y teóricas que nos ayudan a seleccionar entre el sistema de igualdad de derechos y el de igualdad material.

Donde sea que se tiene un sistema de igualdad de derechos y libertades, de leyes, allí se tendrán las condiciones más propicias para generar riqueza y minimizar la pobreza. Por el contrario, donde el gobierno viola la igualdad de derechos y trata de igualar lo material, allí la producción de riqueza se estanca y la pobreza no se remedia de fondo.

Es un fenómeno común de nuestros días el entendimiento de la desigualdad material como el problema mayor a resolver. Es lo que crea encabezados como este «Desigualdad, el mayor problema de América Latina»

Cuando usted entiende que el gran problema es la desigualdad, usted realizará acciones de redistribución de propiedades (violando igualdad de derechos). Cuando usted entiende que el gran problema es la pobreza, usted realizará acciones de igualdad de derechos para la creación de oportunidades y así crear riqueza.

Y, al final, por supuesto, no crea que lo que sea que usted decida hacer producirá resultados perfectos e ideales. Nuestro mundo es imperfecto, y también nosotros. No sucumba a la creencia de que podemos llegar a un mundo sin problemas (como creen los políticos en campaña).

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