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Selección de ContraPeso.info
1 abril 2017
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
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¿Cuál es el monto correcto de los impuestos? ¿Cuánto debe pagarse al Estado para seguir progresando? ¿Qué sucede con los impuestos en una democracia? ¿Qué efectos tienen los impuestos?

Tocqueville tiene respuestas razonables, de mero sentido común y que deben ser recordadas en estos tiempos.

La idea fue tomada de la obra de Alexis de Tocqueville, La Democracia En América, Aguilar Maior (Madrid: Aguilar, DL 1990), 202-14.

Dice Tocqueville que un gobierno despótico tiene un efecto sobre la producción. Es el efecto de llevar a la ruina a los ciudadanos, más por impedirles producir que por arrebatarles los frutos de la producción.

Es decir, un régimen basado en un gobierno que hoy llamaríamos intervencionista permite a sus ciudadanos producir menos que uno con poderes limitados.

En el elegante lenguaje de Tocqueville, ese gobierno agota la fuente de las riquezas pero a menudo respeta la riqueza adquirida. O puesto de otra manera, quien limita las libertades está más interesado en conservar que en crear.

Casi podría escribirse lo anterior como una ley física: conforme aumenta la intervención del gobierno disminuye la creación de riqueza y aumenta la conservación del status quo.

El punto de Tocqueville es muy claro y se ratifica en las afirmaciones siguientes.

La libertad es un instrumento para la creación de riqueza. Como otra ley física: a más libertad, mayor riqueza.

En los regímenes democráticos, donde se respeta y fomenta la libertad de iniciativa, sucede que se engendran mil veces más bienes de los que se destruye.

Más aún, las personas que viven en naciones democráticas poseen recursos y bienes que crecen siempre más rápidamente que los impuestos.

Consecuentemente, uno de los signos de la democracia es el crecimiento de la producción de bienes a ritmos superiores a la elevación de los impuestos.

En otra de las ideas de Tocqueville acerca de los impuestos, se examina la proporción de impuestos que paga una nación en relación a otra.

El propósito, desde luego, es conocer quién paga más impuestos, el habitante de una sociedad democrática o el de una sociedad que no lo es.

Tocqueville se queja de la falta de información cuantitativa, en sus tiempos, que permita ese análisis. Y, ante la falta de esa información, llega a una conclusión.

No importa no tener acceso a información numérica, se sabe que un país no impone impuestos demasiado altos a sus ciudadanos, cuando se dan varias condiciones.

• Cuando en la nación se posee un progreso material.

• Cuando el pobre, tras haber pagado al Estado conserva sus recursos.

• Cuando el rico después de pagar sus impuestos, conserva lo superfluo.

• Cuando todos parecen satisfechos con su suerte e incluso tratan de mejorarla, de manera que la industria y el comercio no tienen falta de capital.

Esas son las señales, según Tocqueville, que a falta de números e información, dan la idea sobre si los impuestos son o no excesivos.

La idea subyacente a las afirmaciones de Tocqueville es la relación entre impuestos e ingresos personales.

Donde los impuestos no frenen al individuo, donde los impuestos no afecten los recursos personales, allí los hombres tendrán razones para mejorar su situación.

La tercera consideración parte de la clasificación de la población de una sociedad en tres segmentos.

Tocqueville divide a cada pueblo en tres clases: la primera está formada por los ricos; la segunda, por personas que no son ricas, pero que tienen una vida cómoda; la tercera, por personas con escasas o nulas propiedades, que sólo pueden vivir del ingreso que les proporcionan los trabajos de la primera y la segunda clases.

Cada una de estas clases pueden representar diversas proporciones de cada sociedad, pero no pueden dejar de existir.

¿Qué pasaría si a cada una de esas clases se les diera en exclusiva la facultad de legislar sobre los impuestos y el gasto del gobierno? Sí, imagine el lector que cada una de esas clases tiene la autoridad completa para imponer impuestos a ella misma pero también a las otras dos. ¿Qué sucedería?

Tocqueville presenta el siguiente análisis.

• Si los ricos hicieran las leyes fiscales y de gasto público, habría poca economía gubernamental y tal vez grandes impuestos. Para el rico un impuesto, aún elevado, le despoja de lo superfluo, teniendo en él un efecto apenas notorio.

• Si fuera la clase media la que legislara sobre esas materias, sería muy posiblemente el gobierno más económico. No el mejor, ni el más inteligente, ni el más caritativo, pero sí el más económico. Esta clase social no emitirá grandes impuestos, porque esos impuestos altos afectarían notablemente sus pequeñas fortunas.

• Si fueran los pobres, por otro lado, quienes legislaran sobre impuestos, muy posiblemente se elevarían los impuestos. Hay dos razones para suponer ese efecto.

Primero, el gasto gubernamental beneficiaría a esa clase y, por tanto, se encargarían de tener impuestos altos que hicieran crecer el gasto gubernamental.

Segundo, sería muy sencillo emitir impuestos de tal manera que poco o nada afectasen a los ingresos muy bajos, ni a las propiedades pequeñas. Los impuestos, por tanto, afectarían tan sólo a las demás clases.

Por consiguiente, de acuerdo a lo anterior, ya es posible hacer una predicción.

Las naciones en las que los pobres sean los responsables de hacer las leyes fiscales, allí no se puede esperar una gran economía en los gastos públicos. Los impuestos serán elevados, porque esos impuestos no afectan al votante más numeroso.

Y esto lleva a Tocqueville a una afirmación, el gobierno de la democracia es el único en el que quien vota un impuesto puede escapar de la obligación de pagarlo.

Cuando en una sociedad prevalece la democracia y cada hombre posee un solo voto, ese gobierno se entrega a la clase más numerosa. Ese es un efecto real de la democracia.

Si son los pobres los que forman la mayoría de una nación, el sufragio universal les entrega el gobierno y las leyes de impuestos. Eso, seguramente, provocará un exceso en los impuestos y en el gasto público.

Pero, ese defecto irá disminuyendo conforme la ciudadanía se vuelve propietaria. Conforme pase eso, los pobres tendrán menores necesidades de quitar dinero a los ricos por medio de impuestos y, siendo ya propietarios, no querrán dañarse a sí mismos al elevar impuestos.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada originalmente en 1996 bajo el título Impuestos, Impuestos y aquí se presenta con pocos cambios.

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

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