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Impulso Fiscal a Salarios
Selección de ContraPeso.info
18 mayo 2017
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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Aceptar que son las personas y no las empresas quienes pagan impuestos es la idea de Manuel Sánchez González en esta columna. Y las consecuencias de saber eso…

La reducción del impuesto sobre la renta de las empresas, propuesta por el gobierno de Estados Unidos, puede generar beneficios significativos a ese país, entre los que sobresale un posible aumento de los salarios reales.

La reforma fiscal que la administración del presidente Trump planea presentar al Congreso de esa nación incluye el recorte del impuesto sobre la renta corporativo, de su actual nivel de 35% a uno de 15%.

Se acompañaría esta medida de la eliminación de tratamientos especiales y del paso de un sistema mundial a uno territorial, en el que sólo se gravarían las operaciones dentro del país.

La disminución del impuesto empresarial puede favorecer a la economía estadounidense por lo menos en tres vertientes.

La primera es el empuje a la actividad económica. Esto es así porque el gravamen a las utilidades corporativas reduce el rendimiento después de impuestos del capital, haciendo viables menos proyectos de inversión.

El menor premio a la propiedad empresarial conduce a que algunos capitales cierren sus negocios o se trasladen a otros países con menores impuestos. El desaliento se refleja, además, en un menor emprendimiento e innovación, en detrimento de la productividad total, lo que frena la expansión económica y la creación de empleos.

La investigación económica ha concluido que el impuesto sobre la renta empresarial es el más distorsionante de los tributos, al causar el mayor daño potencial sobre el crecimiento. La reducción de este gravamen puede revertir estos efectos, y propiciar así un mayor dinamismo de la economía.

Lo anterior conduce a un segundo canal de posibles ventajas. Las distorsiones asociadas al nivel actual, relativamente elevado, del impuesto corporativo hacen probable que su disminución resulte en mayores ingresos tributarios.

Esto ocurriría si la economía de Estados Unidos se encuentra del «lado equivocado» de la curva de Laffer, la cual describe una relación de U invertida entre las tasas impositivas y los ingresos federales.

Al respecto, el economista Kevin Hassett, experto en política impositiva y actual jefe del Consejo de Asesores Económicos del presidente de Estados Unidos, ha estimado que la tasa corporativa puede descender a 17.8%, sin que disminuya la recaudación federal.

Estas consideraciones son relevantes a la luz de la tendencia ascendente de la razón de deuda pública a PIB desde 1980 en ese país, como resultado del aumento de las erogaciones gubernamentales, en especial, las de seguridad social y los programas de salud.

Y la tercera vertiente tiene que ver con el posible aumento de los salarios reales, como resultado del aligeramiento de la carga del impuesto corporativo que recae sobre los trabajadores.

Conviene recordar que son las personas y no los negocios quienes, en última instancia, pagan los impuestos.

En efecto, las empresas son las entidades legales encargadas de enterar el impuesto. Sin embargo, la carga económica del gravamen se traslada a uno o más de los siguientes tres grupos de individuos: los consumidores, mediante un aumento de precios; los accionistas, a través de una disminución de rendimientos; y los trabajadores, en la forma de menores salarios.

La forma en que suele distribuirse la carga impositiva depende de las características de la economía, siendo una muy importante su grado de apertura.

Con la globalización, los precios de muchos bienes son determinados internacionalmente lo que, junto con la competencia interna, hace, en general, difícil pasar el impuesto a los consumidores.

Además, el mayor factor que reduce la incidencia del gravamen sobre el capital es su mayor movilidad internacional respecto a la mano de obra. Lo anterior lleva a que gran parte del impuesto corporativo lo pague, al final, el trabajador.

En este proceso, la menor inversión derivada del impuesto corporativo limita la eficiencia de los trabajadores, al contar éstos con menos herramientas para operar. Como los salarios tienden a moverse con la productividad laboral, los impuestos se traducen en menores remuneraciones.

Los estudios sobre la incidencia del impuesto corporativo arrojan diferentes resultados, pero, en promedio, revelan una carga impositiva significativa sobre el trabajador, superior a 40%.

De ahí que pueda esperarse una recuperación de los salarios reales a partir de una disminución de la tasa impositiva corporativa que impuse la inversión en Estados Unidos, la cual ha estado aletargada en los años recientes.

México debería tomar en cuenta estas posibilidades para impulsar la competitividad económica y, con ello, los salarios reales. Contrario a lo que se suele pensar, las ganancias esperadas de una reducción del impuesto sobre la renta empresarial no se concentran en los más ricos, sino que se extienden a toda la población.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

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