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Inmigración, Sus Beneficios
Selección de ContraPeso.info
4 octubre 2017
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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Responder a las críticas a la inmigración es la idea de Manuel Sánchez González en esta columna. El título completo de la columna es «Los beneficios de la inmigración».

La inmigración de mexicanos a Estados Unidos ha generado grandes beneficios a esa economía. Estos efectos podrían ampliarse mediante una política migratoria más flexible por parte de ese país.

Estados Unidos es una nación que por largo tiempo se ha nutrido con inmigrantes atraídos por la disponibilidad de empleos remunerados, las oportunidades de avance y la libertad política y económica superiores a las de sus lugares de origen.

Al aportar, entre otros aspectos, esfuerzo laboral, habilidades diferentes a las locales y emprendimiento, la inmigración ha sido un motor fundamental en el desarrollo económico estadounidense.

En las décadas recientes, México ha sido el país con la mayor inmigración en Estados Unidos. Al contar ordinariamente con escasa educación, los mexicanos se han concentrado en ocupaciones basadas en capacidades físicas.

Por su elevado número, nuestros connacionales generan una gran actividad económica no sólo por su trabajo sino sus compras de bienes y servicios.

A pesar de su aporte, la inmigración mexicana no ha estado exenta de críticas.

Entre los aspectos más debatidos, sobresalen tres que han resurgido a raíz de las posturas de la nueva administración gubernamental del vecino país del norte.

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La primera es que los inmigrantes toman los empleos y reducen los salarios de los nacidos en Estados Unidos.

Este reclamo no es nuevo y suele recrudecerse durante las recesiones. Sin embargo, carece de fundamento económico, principalmente, por dos razones.

Por una parte, erróneamente supone que los empleos son una cantidad fija a distribuir entre un mayor número de personas.

En realidad, la inmigración es propiciada, en gran medida, por el aumento de la demanda por trabajadores mientras que la emigración obedece al efecto contrario.

A lo largo del ciclo económico las vacantes de trabajo varían, expandiéndose y contrayéndose.

Empero, el progreso económico de largo plazo suele ir aparejado con una persistente creación de empleos. Este factor y el envejecimiento de la población nacida en Estados Unidos han convertido a la inmigración en una respuesta indispensable a la dinámica laboral.

Por otra parte, presume que los trabajadores inmigrantes y los locales tienen capacidades idénticas, por lo que necesariamente son sustitutos.

Sin embargo, aun tomando el segmento de personas con baja escolaridad, los foráneos y los nacionales no poseen las mismas habilidades. La heterogeneidad es evidente una vez que se toman en cuenta aspectos como la cultura y el idioma.

De ahí que más que sustitutos, ambos grupos tiendan a ser complementarios. De hecho, los mexicanos suelen tomar los trabajos de baja paga que rechazan los ciudadanos americanos.

Como resultado, no existe evidencia de algún impacto adverso notable sobre el empleo y los salarios de los trabajadores de baja calificación. Más aún, los datos revelan un efecto favorable sobre los salarios promedio de la economía, como reflejo del impulso en la productividad derivado de la inmigración.

Una segunda crítica se refiere al presumible costo fiscal neto de la inmigración.

Con frecuencia se caracteriza a los inmigrantes como personas que entran a Estados Unidos a ser una carga en el sistema de bienestar, requiriendo subvenciones, servicios de seguridad social, de salud y educación, sin contribuir a su financiamiento.

Esta caracterización no cuenta con evidencia concluyente. Los inmigrantes mexicanos típicamente son personas jóvenes, en un gran porcentaje, indocumentadas. Pagan los impuestos sobre consumo, renta, bienes raíces, etcétera, como los locales.

A pesar de ello, su naturaleza de inmigrantes y, en especial, de ilegales les limita considerablemente los derechos a los servicios gubernamentales. Algunos estudios han estimado que los inmigrantes aportan más que lo que cuestan fiscalmente.

Una crítica final tiene que ver con el carácter ilegal de la mayoría de los inmigrantes mexicanos. A diferencia de las anteriores, esta observación tiene sentido en una economía basada en el cumplimiento de las leyes.

No obstante, deben explorarse las causas de esta irregularidad. En gran medida, parece obedecer a las cuotas de inmigración rígidas que no tienen que ver con las necesidades laborales estadounidenses.

Una reforma migratoria que permitiera la entrada flexible de trabajadores según las condiciones del mercado ampliaría la aportación de los inmigrantes a esta economía. Su contribución al PIB es significativa y sería mayor con la facilitación de la entrada legal.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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