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Intolerancia Conveniente
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2017
Sección: EDUCACION, Sección: AmaYi, Y MATERIAL ACADEMICO
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Cuando la tolerancia es colocada como el valor central de convivencia, resulta sano examinar la solidez de esa idea. Si acaso no lo es, así se tendrá la oportunidad de corregir.

Esta idea fue encontrada en el libro de Fulton J. Sheen Old Errors, New Labels. Conviene recordar que esa obra fue publicada en los años 30 del siglo pasado.

La idea aceptada es afirmar que se sufre de intolerancia, que lo que se necesita es más y más tolerancia. El autor pone en tela de juicio esa afirmación.

Al contrario, dice, se sufre de exceso de tolerancia. Tolerancia del mal y del bien; del error y la verdad; de lo correcto e incorrecto. El problema no es uno de prejuicios, sino de mente abierta.

Es como un desperfecto, no moral, sino mental, que puede ser demostrado de tres maneras: (1) la tendencia a resolver discusiones no con argumentos sino con palabras; (2) la tendencia irrestricta de aceptar la autoridad de cualquiera en los asuntos religiosos; y (3) el amor apasionado por las novedades.

Sheen, a continuación, amplía cada uno de esos síntomas del exceso de tolerancia, ese desperfecto mental. Lo hace en un contexto católico, pero con facilidad eso puede ampliarse a otros.

La sustitución de argumentos con palabras es el abandono de demostraciones y razonamientos. Las discusiones usan palabras, adjetivos; como negar a Dios llamándole «antropomórfico», o calificar a la Iglesia de «medieval» y «reaccionaria».

La falsa tolerancia que se tiene es demostrada claramente en esta sustitución de uso de la razón por la manipulación del lenguaje, bajo la idea de que el lanzamiento de una palabra al opositor lo descalificara por completo.

Es fácil proyectar este síntoma del exceso de tolerancia a otros campos, conociendo la frecuencia con la que las discusiones entre quienes piensan diferente hacen uso de palabras con connotaciones negativas. Son palabras que se entienden como insultos y que persiguen asociar al contrario con significados reprobables.

El segundo síntoma que propone el autor, para probar una tolerancia desmedida, es la «presteza con la que muchas mentes aceptan como autoridad en cualquier campo a individuos que se convierten en autoridad famosa en un campo particular».

Cita ejemplos, como el del profesor que es una autoridad en fenómenos atómicos convertido en una autoridad acerca del matrimonio; de quien sabe mucho sobre luminosidad y se le da autoridad en materia de inmortalidad; de un inventor de automóviles que se piensa es una autoridad en la relación entre Budismo y Cristianismo.

Es un fenómeno periodístico que no reconoce límites de conocimiento y supone que cualquiera con un conocimiento científico de Astronomía es también una autoridad en Historia.

La Religión es también una ciencia, «a pesar del hecho de que algunos la hagan solamente un sentimiento», y tiene derecho a ser atendida oyendo a sus autoridades propias. La falsa tolerancia ha creado la situación de quienes son intolerantes en sus conocimientos propios y tolerantes en lo que desconocen.

No se llama a un miembro de alguna religión para reparar tuberías, ni a un oculista para reparar el ojo de una aguja, ni a un tenista para saber la autenticidad de una pintura. Y, sin embargo, en el asunto más importante, el de la Religión, se está dispuesto a escuchar al que sea.

¿No debe acaso solicitarse que quien opina sobre el tema deba conocer sobre él, que a quien se le otorgue autoridad para hablar de religión tenga conocimientos correspondientes a los de esa autoridad?

De nuevo, este síntoma del desperfecto mental, puede proyectarse a otros campos fuera de la religión. No es infrecuente escuchar opiniones económicas de celebridades artísticas, por ejemplo.

Otra demostración del desperfecto de la razón, la tercera, es la «pasión por la novedad» como una postura contraria al «amor por la verdad».

El autor comprende esto como la atención desmedida a la popularidad, a las últimas y más nuevas ideas, cuando la víctima es la verdad. «La acidez de la modernidad carcome los fósiles de la ortodoxia», como lo expresa Sheen.

Cuando las cosas se entienden como modas que van y vienen, la verdad es vista así y tomada como algo ya pasado. Lo que ahora cuenta es la tolerancia y la aceptación de la última moda que se haya convertido en masiva.

Es una mutación de la verdad, ahora hecha equivalente a moda y que, por tanto, cambia con el tiempo, siendo por definición verdadero aquello que es lo más novedoso.

Es una culminación necesaria de quienes ven a su alrededor a algunos diciendo unas cosas y otros, otras, lo que les sirve para concluir que la verdad no existe. Solo existe lo nuevo y popular, definiendo al progreso como la aceptación de lo nuevo que siga y el rechazo de lo nuevo anterior.

También aquí, la idea del autor puede ser usada en otros campos en los que lo nuevo aturde a la razón.

Lo anterior es lo que lleva al autor a pedir intolerancia, a reclamar la distinción entre lo bueno y lo malo. Y parte de esa distinción es el uso correcto e incorrecto de la tolerancia.

Para algunos, la intolerancia es, sin excepciones, mala, un sinónimo de odio, estrechez mental y prejuicios. Son quienes sostienen que la tolerancia es buena siempre, un sinónimo de apertura mental, compasión y caridad.

Esto lleva a la definición de tolerancia

«[…] una actitud de paciencia razonada ante el mal y de sosiego que nos pone frenos para mostrar enojo o infligir castigo»

Pero la definición no es tan importante como el cuándo usarla. La tolerancia se usa con las personas, dice Sheen, nunca con la verdad. La verdad necesita intolerancia, pero no las personas.

Lo que sucede no es un sufrimiento por existir intolerancia, sino por tolerancia ante la verdad y el error. La caridad y la compasión llevan a la tolerancia personal, pero ella no es aplicable a la verdad. La intolerancia así entendida es el cimiento de toda estabilidad.

Nota del Editor

Siempre es sano poner en tela de juicio a las ideas tomadas como dogmas inapelables que se blindan contra críticas y estudio. El reclamo de tolerancia creciente es una de ellas.

Y esa es la gran aportación de Sheen: explicar con demostraciones razonadas que la tolerancia, como se entiende ahora, muestra un error en la forma de pensar. Así puede refinarse la noción de tolerancia y cuándo es aplicable, porque existen ocasiones en las que lo que se necesita es lo opuesto.

Con una adición valiosa: explicar la paradoja de que quienes llaman a la tolerancia se muestran demasiadas veces intolerantes.

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La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

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