Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
iPhones y iPeople
Eduardo García Gaspar
22 febrero 2017
Sección: CIENCIA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Es un contraste entre adelantos notables y retrasos llamativos. Una paradoja que bien describe nuestros tiempos.

Tiene dos componentes.

Primero, los adelantos y avances. Tome usted al mundo a partir del Renacimiento, vaya a la Revolución Científica, hasta la Revolución Industrial y lo que vino después hasta nuestros días.

Para Occidente eso significó cosas sin precedente en «libertad, poder, expansión, amplitud de conocimiento, profundidad de comprensión y éxito concreto», como lo expresó R. Tarnas.

Segundo, los retrocesos y repliegues. En ese mismo período a partir del Renacimiento hasta nuestros días, se registraron también otros fenómenos, seguramente menos visibles pues son menos notorios en sí mismos y están oscurecidos por los avances.

Es la pérdida de la búsqueda de los «porqués», de la especulación intelectual, de las razones existenciales, de la espiritualidad y las ideas abstractas universales; del conocimiento propio y las razones de la existencia; de la disciplina de la razón y el sentido de la historia.

Una forma de describir esto es el título «Stupid Man, Smart Phone», una serie inglesa de televisión. Un amigo suele hablar de algo similar: «Éxitos científicos traducidos en comodidad material han producido personas tontas que solo saben llorar cuando no les dan lo que quieren».

Hay algo de verdad en eso de iPhones versus iPeople, si es que se examina, por ejemplo, el tema de los derechos humanos en dos aspectos.

Esos derechos son un valioso concepto sostenido en la dignidad que el Cristianismo da a toda persona, sea quien sea. Pero, su exageración, los convirtió en una lista de reclamos interminable y sin otro sentido que sostener utopías irrealizables.

O bien, considere la credulidad incomprensible que se le dan a rumores, teorías de la conspiración y noticias falsas. El teléfono podrá ser inteligente, pero algunos de sus propietarios no lo son. Es el resultado de convertir a la opinión en un derecho que no requiere la obligación de razonar.

O, también vea otra cosa, el escenario más visible de todos para probar lo que he dicho, el de la política.

Allí se demuestra con evidencias innegables ese contraste entre la sandez y el avance. Tenemos iPhones pero no iPoliticians (el libro The March of Folly: From Troy to Vietnam, de B. Tuchman es un breve catálogo de eso).

Y ese libro abre la posibilidad de plantear el asunto de manera diferente a la que lo he hecho hasta ahora. ¿No es acaso natural esa paradoja entre adelantos y retrocesos?

Lo que nos lleva a examinar esto suponiendo que no sucede eso desde el Renacimiento, sino que es una constante vuelta más visible ahora, pero existente desde siempre.

Tendríamos entonces dos componentes también.

Primero, la razón humana, de la que nacen adelantos y avances de todos tipos, desde las ideas griegas hasta los iPhones. No hay duda de avances en estos campos. Sabemos más, conocemos más, inventamos más, descubrimos más.

Segundo, la imperfección humana, de la que nacen los retrocesos, los errores, las equivocaciones, las tonterías a veces fenomenales. Tampoco hay duda al respecto de esta realidad.

Si eso es verdad, entonces la paradoja moderna que contrasta a tantos adelantos con tantos retrocesos es una constante que simplemente se ha hecho más visible con el tiempo dados los grandes adelantos desarrollados tan rápidamente.

Lo que me lleva a algo que supongo merece una segunda opinión: la imperfección humana es una constante. Aceptar eso, creo, sería y un gran adelanto. Uno que tiene desafortunadamente raíces religiosas:

«La imperfección humana se ve en todas partes y áreas de la vida diaria. Por muy decente y recto [sic] que sea la persona, por muy santo [sic] y religioso [sic], por muy inteligente y hábil se nota su imperfección. Lo prudente y sabio es reconocer esa realidad y evitemos la presunción de considerarnos capaces de ser perfecto y reconocemos [sic] que solo Dios es perfecto y no somos Dios ni semidioses». stjonesenterprises.com

Digo «desafortunadamente» porque en nuestros días lo religioso es puesto de lado sin siquiera ponerle atención. Pero la imperfección humana es el único dogma cristiano que tiene una evidencia empírica innegable (como creo que escribió Chesterton).

Lo que me lleva a concluir que la gran falla humana en todo tiempo y lugar es la soberbia, eso que lleva a suponer, entre otras cosas, que es posible construir una sociedad perfecta por medios políticos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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