Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Jóvenes ovejas
Eduardo García Gaspar
30 noviembre 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El cambio es llamativo, una reversa notable. La mutación del joven rebelde mutado en joven sumiso.

De ese que reclamaba libertades, al que prefiere someterse. Es como si los jóvenes hubieran envejecido mentalmente, convirtiéndose en Bernie Sanders. Les sucede esto cuando se convierten en partidarios del demandar y reclamar obsequios estatales.

Es algo que bien vale una segunda opinión.

La mentalidad redistribucionista podría llamársele. La que pide que las funciones gubernamentales conviertan a esa institución en una agencia de reparto nacional. Una que es responsable de tomar las posesiones de unos para darlas a otros, como un Robin Hood pero contratado y pagado por el gobierno.

Y el reclamo del joven y muchos otros es el de formar parte de los grupos que reciben esos recursos sin que se necesite otra cosa que tratar de persuadir a los gobernantes de que ellos son merecedores de los regalos. La cosa funciona así.

Los gobiernos que se han nombrado a sí mismos agencias de reparto nacional se adjudican también el poder para confiscar recursos de quienes los poseen. Un mecanismo que destaca las ofertas de beneficios estatales, pero no su costo y procedencia, como en este caso:

«El Frente Ciudadano por México propone establecer una renta básica universal para mitigar la pobreza en el país e impulsar el emprendimiento de los mexicanos». elfinanciero.como.mx

El paso siguiente es centralizarlos en el gobierno y repartirlos, dosificados, entre quienes los gobernantes piensan que les darán algo a cambio.

Esa es la parte que quiero ver más en detalle. El reparto de recursos es una distribución de beneficios a grupos seleccionados, a los que aspiran pertenecer esos jóvenes y muchos otros más.

Pertenecer a ellos es un privilegio buscado porque da entrada a recibir lo que los economistas llaman rentas, ingresos superiores a los que se tendrían si no interviniera la autoridad.

Para entendernos, es aspirar a pertenecer a un club exclusivo, cuyos miembros tienen tratos especiales que son esos obsequios gubernamentales financiados con recursos tomados de terceros que no pertenecen a ese club.

La membresía tiene su costo, que es el votar por los candidatos que eso prometen. Votar por otros significaría perder los obsequios.

En este sistema de gobierno convertido en agencia de reparto sucede también que en realidad los obsequios son pequeños, a cuentagotas. Esta es la única forma de mantener la preferencia de los miembros del club, con dosis pequeñas que creen costumbre de sumisión. Vea estas dos posibilidades.

Una, el gobierno da a cada miembro de su club de clientes leales medio millón de pesos y les dice que haga con eso lo que quiera, que ya no recibirá más durante los siguientes años.

Dos, el gobierno se queda como dueño de esos fondos, repartiendo dosis pequeñas y continuas de ellos, como becas trimestrales, subsidios semanales, servicios médicos gratuitos y demás. En este sistema los clientes gubernamentales han entrado a un sistema de dependencia continua, recibiendo, por ejemplo, 700 pesos mensuales por ser adulto mayor, o por ser madre soltera.

Entonces, el gobierno convertido en agencia de reparto, construye una base de clientes a los que distribuye beneficios dosificados bajo el entendimiento de que el costo de pertenecer a ese club de privilegiados es apoyar a ese gobierno, votar por él. Como un club de votantes frecuentes de un cierto partido.

Es una relación simbiótica. Dos entidades se unen en una asociación directa con beneficios mutuos, aunque para el resto de la sociedad, ellos son parásitos que viven de los demás. Pero eso no es todo.

Ya que los recursos que el gobierno puede confiscar son limitados, los repartos también lo son y no todos los que aspiran a recibir los obsequios los reciben realmente. Esto ocasiona conflictos entre los aspirantes al club de clientes gubernamentales, quienes trabajan por ser incluidos.

Los reclamos de empleo estable en puestos gubernamentales son un ejemplo de esta lucha por pertenecer al club de clientes privilegiados y tener un modus vivendi dependiente de la agencia de reparto. Lo mismo que los reclamos de subsidios agrícolas. Y los subsidios para pobres y jóvenes.

Que los jóvenes luchen por convertirse en parte del club de clientes privilegiados del gobierno convertido en agencia de reparto, es algo que me llama la atención. De ellos sería lógico esperar indocilidad, un espíritu amante de la libertad y de los cuestionamientos de lo establecido.

Que ambicionen pertenecer al club de sumisos clientes de la agencia de reparto, es algo que me sorprende. Francamente no entiendo que buena parte de ellos aspiren ser parte de un rebaño que obedece al chantaje.

Post Scriptum

Debo aclarar que Robin Hood no robaba a los ricos, sino a los gobernantes y daba lo robado a los pobres.

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