Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Justicia económica
Eduardo García Gaspar
28 septiembre 2017
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue una situación curiosa. Como la del corno inglés.

Salía yo del hotel y con mi móvil en la mano pedía un Uber. Un taxista sentado a la puerta me ofreció sus servicios. Le dije que gracias, pero pediría un Uber.

«Nos quitan clientes», dijo el taxista. Respondí que eso era la competencia y que era buena para todos. «No para mí», respondió. El taxista cobra unos 300 pesos por ir al aeropuerto. Con Uber puedo reducir eso hasta la mitad. No está mal.

«No es justo», dijo el taxista a un compañero suyo cuando llegó mi transporte. ¿Justo, injusto? La idea es irrelevante.

En estos terrenos no aplica la idea de justicia usada como la obligación de usar un servicio y no otro. Lo único injusto sería impedirme tener opciones de transporte.

Sería injusto, por ejemplo, que ese taxista y sus amigos tuvieran el monopolio de transporte en automóviles de ese hotel o varios más. Injusto para mí y para quienes tendrían impedido entrar al negocio de transporte saliendo de hoteles.

En ocasiones como esa suele salir a relucir esa palabra ‘justicia’. Una justicia definida de manera peculiar, como algo que se pierde pero que se merece. O como lo expresa F. Hayek:

«una insinuación deshonesta de que uno debería estar de acuerdo con el reclamo de algún interés especial del que no puede dar una razón real».

¿Por qué debo aceptar la oferta más cara del taxista si tengo una de menor costo y mejor servicio? La única explicación ofrecida ese ese vago «no es justo» o «es competencia desleal». Ante lo que puedo razonar perfectamente que sería injusto que se me obligara a pagar más por un servicio que puedo obtener por menos.

Solamente usando la fuerza podría convertirse en una obligación que se define como retirar la posibilidad de que otros ofrezcan ese mismo servicio. Esto se consigue con facilidad por medio de la intervención estatal: la prohibición de entrada al negocio, o la contrapartida de otorgar exclusivas de negocios, como se hizo en la Ciudad de México.

Lo llamativo de estas ocasiones es la frecuencia con la que se usa la idea de justicia, lo que bien creo que vale una segunda opinión.

Justicia definida a modo, como un merecimiento que no tiene un cimiento claro. Como el del estudiante que cree merecer un gran salario en su primer trabajo y considera injusto que no se lo paguen.

Viendo esto de manera razonada, es una petición de justicia que afirma tener un merecimiento para el cual no existe una justificación sólida. ¿Por qué debo tomar cierto taxi y solamente ese, sin ninguna otra opción? No hay razón válida que justifique ese reclamo de una justicia tan distorsionada.

La única solución posible es una regla de justicia igual para todos, como una especie de regla de juego que establece que cualquiera tenga la libertad de comprar y vender, con un juez muy especial, el propio comprador. Cada uno de ellos es el juez que dicta su preferencia, con decisiones inapelables y numerosas.

Esto hace que los planos se volteen y entonces sea injusto que sucedan dos cosas: (1) que se me impida dedicarme al negocio que yo quiera y (2) que se me impida tener opciones de compra. Cualquiera de esas dos cosas haría que las personas fuesen tratadas de manera desigual. Desigual e injusta.

Esta es la razón por la que debe verse con sospecha cualquier lamento de injusticia económica, porque casi siempre ella es una simple petición de favores gubernamentales para otorgar exclusividad de negocios, tratando a las personas de manera desigual.

Un origen de esas peticiones de justicia económica suele venir de un escenario incompleto de la economía.

Cuando se contemplan grandes fortunas de empresarios y se comparan con las mucho menores fortunas de otros, la desigualdad es entendida como injusticia que debe remediarse mediante redistribuciones (como ha prometido López Obrador en México).

Pero esas grandes fortunas suelen crearse por dos medios.

Uno es la misma intervención redistributiva del gobierno y que por diseño favorece a intereses especiales con privilegios que les permiten obtener ingresos que no tendrían bajo circunstancias de no intervención. Es decir, la redistribución incrementa la desigualdad creando otra.

El otro es la libertad económica misma, con reglas iguales para todos, y que crea grandes fortunas muchas veces. Fortunas dependientes del beneficio dado a clientes y compradores. No son fortunas obtenidas por favores gubernamentales, sino por preferencia del comprador.

En fin, cuando se habla de justicia económica en su usual interpretación se habla de algo que no es ni justicia ni económica. Como el corno inglés, que no es corno ni es inglés.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras

AVISO

Dejaremos de publicar desde el lunes 18 de diciembre y reanudaremos la publicación a partir del martes 2 de enero. ¡Feliz Navidad!