Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Justicia: Redefinición Política
Eduardo García Gaspar
4 mayo 2017
Sección: ETICA, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es un concepto complejo, difícil. Al mismo tiempo, lo entiende cualquiera, hasta los pequeños. Me refiero a la justicia.

Eso que se entiende como el dar a cada quien lo que merece. El castigo al delincuente; el pago a quien se le debe dinero; la buena calificación al buen alumno; el cumplimiento de contratos; la recompensa a quien la merece.

Es como una ecuación que ajusta lo recibido con lo merecido e implica libertad personal, pues no podría aplicarse cuando no existe esa libertad. Y sí, es más complicado que eso, pero no hay necesidad de entrar en más detalle.

Vayamos ahora a la posibilidad de redefinir la justicia. Y hacerlo para propósitos políticos y electorales. Me refiero a la posición de gobernantes que la reinterpretan y la definen, por ejemplo, así:

« […] la justicia consiste en esencia en darle más al que tiene menos». López Obrador, A. M. 2018 La Salida: Decadencia y renacimiento de México

No es el único caso que eso se hace. Es un cambio notable y no exento de problemas, como los tiene la «justicia social».

«Distribución de la riqueza en Ecuador: no habrá justicia social sin equidad» celag.org

«[…] el Presidente Hugo Chávez, tiene la capacidad de generar iniciativas de paz y justicia social en Venezuela y el mundo». bolivia.embajada.gob.ve

Explorar esto merece una segunda opinión.

La justicia, en su sentido acostumbrado, usa un elemento de merecimiento. Merece ser pagado el restaurante en el que se ha comido, por ejemplo. Sería absurdo dejar de pagar porque el restaurante tiene más que uno; es más, sería realmente injusto dejar de pagar la cuenta.

Si se retira ese elemento de merecimiento, sucede algo indeseable. Un alumno que estudió para el examen no encontraría conexión entre su nota y su esfuerzo; tampoco la encontraría el alumno perezoso. Se extraviarían los estímulos positivos y negativos si se retira el concepto de merecimiento.

Se extraviarían convirtiéndose en algo diferente y extraño: quien quiera tener buscaría ser quien no tiene, pero una vez que tiene lo perdería para darlo a quien no tiene, en un círculo interminable y absurdo. Sería el no tener el mérito buscado y el desmérito el tener. Extraño.

Las cosas se ponen interesantes, porque el mérito es algo personal, creado por la acción de la persona y no por terceros. Sea conmutativa o distributiva, la justicia acude a la idea del merecimiento personal y no ajeno. Sería absurdo mandar a la cárcel a uno por el robo cometido por otro.

Pero eso el «darle más al que tiene menos» destierra esa idea de merecimiento por acción propia. Suponga usted que quien tiene ha merecido tener y que quien no tiene ha merecido no tener. ¿Qué hace usted entonces? Si le quita a uno por darle a otro, eso sería injusto por inmerecido.

Problema interesante y que redefine a la justicia de manera notable para retirar al merecimiento y volverse una actividad redistributiva, con grandes posibilidades de injusticia: quitar a quien lo merece para darle a quien no lo merece. No es un problema menor.

Un problema que se complica con la intervención gubernamental. La única manera de hacer la redistribución es el uso de un agente con poder para quitar usando ese principio: quitar al que tiene y dar al que no tiene, sin que el merecimiento personal intervenga.

Nos manda esto a la interpretación estándar de justicia social:

«[…] la distribución equilibrada de los bienes dentro de una sociedad» significados.com

La clave está en ese concepto vago de «equilibrio» y la necesidad que se tiene de especificarlo cuando se usa la acción del gobierno. ¿Cuánto quitarle a quién exactamente para darle cuánto a quién con exactitud? No creo que haya respuesta satisfactoria. Se aplicará el juicio del gobernante en turno.

Todo por el desaparecer la idea implícita en la justicia de merecimiento por acción personal libre. Si usted quita a la justicia ese elemento, la redefinirá alterándola sustancialmente y significará simplemente otra cosa,

Con un efecto colateral indeseable, el intervencionismo moral del gobierno, alterando valores sobre los que él no debe tener poder. Se acumulará en el gobierno un poder indebido, no solamente económico al adueñarse de bienes y riqueza, sino moral al volverse juez mismo de sus acciones.

Lo que he tratado de mostrar es un ejemplo de redefinición de valores acomodándolos a usos políticos que justifican creencias ideológicas en provecho de partidos y gobernantes. Es así como algunos gobernantes reclaman tener superioridad moral sobre sus opositores.

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