La decisión última

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Es una decisión. Es la selección de una acción entre otras más. Presupone que podemos pensar y que podemos elegir.

Lo hacemos continuamente, sin interrupción y nos lleva a un principio, el de seleccionar lo que nos parece más importante. Eso que mejorará nuestras vidas.

Si extrapolamos esto a su máximo extremo, esto nos pondrá frente a una pregunta inquietante. ¿Qué es lo realmente más importante en nuestras vidas?

«Lo más importante lo he definido en otra parte, como eso que nos haría dejar absolutamente todo e ir tras eso. Eso que ha sido narrado con simpleza abrumadora.

«Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice ”Sígueme”. Él se levantó y le siguió» Mateo 9, 9

Para elegir a lo importante en cada momento o bien a lo más importante de nuestra vida, es necesario tener las facultades de pensar y actuar.

Pensar es conocer, evaluar, diferenciar, valorar, saber; conocer la relación causa-efecto entre nuestros actos y sus consecuencias. Es el conocimiento propio y del exterior, e implica la existencia de una conciencia individual.

Una conciencia que apunta a entender como bueno a aquello que es congruente con nuestra naturaleza y como malo aquello que le es contrario. La conciencia y el conocimiento son innatos en su esencia, pero necesitan ser educados y pulidos.

Actuar es la posibilidad de elegir, la libertad de optar por una entre varias alternativas de acción. La ausencia de obstáculos que impidan realizar acciones decididas por el pensar. No es una ausencia absoluta de restricciones, sino una razonable posibilidad de acción.

Nosotros, los que podemos decidir y actuar, tenemos en nuestra naturaleza ciertos atributos: existimos, podemos pensar, podemos actuar y somos libres. Sin libertad la capacidad de pensar y la de actuar servirían de muy poco.

En otras columnas que he clasificado dentro del tema «lo más importante» traté asuntos conexos a este, concretamente el de la decisión extrema de seleccionar algo que siendo lo más importante que puede haber justificaría el abandono total de toda otra alternativa para siempre.

Es la decisión después de la cual no hay ninguna otra: la selección de aquello que hace renunciar a cualquier otra alternativa futura. Es en realidad la continuación del pensar y del elegir en libertad, manteniendo la misma decisión tomada porque lo seleccionado es lo más importante que existe.

Mi punto en esta columna es reiterar esas ideas y añadir algo que resultaría lógico y razonable, que eso que seleccionamos como lo más importante sea similar a nosotros: que pueda pensar, que pueda elegir, que sea libre, que exista.

El matrimonio es algo como eso. Una decisión después de la que ya no hay otras elecciones similares. La mujer que ha seleccionado a un hombre, o el hombre que ha seleccionado a una mujer, han pensado y decidido que para ellos ya nunca más habrá otra decisión igual. Fue su última decisión al respecto. O mejor dicho, tal vez, deciden a diario lo mismo porque lo que han elegido es lo más importante.

Lo que me lleva a algo que llama la atención. En el Nuevo Testamento la referencia al compromiso con Dios es continuamente comparado con un matrimonio, un compromiso de fidelidad.

En el matrimonio se elige a otro que también es como uno, libre que elige y puede pensar. Si alguien elige a Dios, al estilo de los apóstoles, quienes lo dejan todo por Jesús, eso me hace pensar que Dios es entonces también real y libre, que puede pensar y puede elegir.

Y si Dios es lo más importante que puede elegirse, entonces eso me lleva a pensar que tiene todas esas cualidades en perfección total. La persona a la que elijo en matrimonio tiene esas cualidades, como yo, pero si Dios es lo más importante, entonces debe ser él la última selección, después de la que no existe ninguna otra.

Las columnas que tratan este tema de «lo más importante» intentan explorar esa posibilidad extrema de las personas. Si somos seres que pueden pensar y libres para elegir entre diversas opciones, resulta inevitable que entre esas decisiones exista una, la mayor de nuestras vidas.

La decisión final que opta por elegir a lo que es más importante en nuestras vidas, eso ante lo que las demás opciones no tienen importancia.

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