Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Falacia de la Clase
Eduardo García Gaspar
26 octubre 2017
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Le llaman «clasismo» y es una manera de pensar. O, mejor dicho, de razonar erróneamente.

Consiste en comprender a las personas colectivamente, como parte de clases, grupos, o sectores, sin que fuera de estos las personas tengan significado. Es decir, cada persona es comprensible solo como parte de la clase a la que pertenece. Fuera de ella la persona no tiene significación alguna.

El caso más obvio del clasismo es la idea de la lucha de clases. Según ella, hay dos clases sociales principales y ellas están en pugna, los buenos proletarios y los villanos burgueses. Haciendo caso a esto, cualquiera que sea clasificado como proletario es una buena persona; pero será mala en caso de que haya sido clasificado como burgués.

Y llegando a explicar por medio del clasismo la historia humana.

«La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases». C. Marx.

El clasismo, más aún, permite juicios colectivos con fallos conocidos con antelación. Si alguien es acusado de ser parte de la burguesía, en esa acusación está la prueba misma de su culpabilidad. Esto hace que el fallo del juicio sea conocido en el mismo momento en el que se clasifica a la persona en una clase. La URSS ilustró eso con creces.

Estamos entonces frente a algo que bien merece una segunda opinión. Un fenómeno de nuestros tiempos. Es el clasismo con veredicto conocido de antemano. Consiste en crear una clasificación de personas en diversas clases y asignando a ellas méritos morales pre-moldeados. Cada clase tiene un sello de aprobación o reprobación previa.

El mecanismo es muy útil para manejar a la opinión pública, con la ventaja de que evita la molestia de pensar examinando cada caso por separado. Incluso funciona con la creación de una sola clase a la que se le estampa un sello de censura anticipada que descalifica a cualquiera que sea colocado dentro de esa clase.

Esquemáticamente funciona así: se crea una clase de personas, a la que llamamos M y a esa clase se le asigna un reproche severo que resulta en una reprobación automática de cualquiera que sea acusado de pertenecer a la clase M. Son los malos y villanos.

El mecanismo clasista, que en realidad es una falacia, se enriquece con la adición de otra clase, a la que podemos llamar B. Quienes pertenecen a ella con precalificados como los buenos y víctimas de la clase M.

Ahora es cuestión de sustitución. Sustituya a la clase M con algún nombre concreto, igual que a la B y ya gozará del resultado de un juicio automático e inmediato, que en la misma acusación contiene la prueba de culpabilidad de todos los M. Y, por supuesto, la aprobación inmediata e inocencia de todos los que sea B.

Un caso muy usual del mecanismo es el de ricos y pobres. La M es sustituida por la clase «ricos» y la B por la clase «pobres». El mecanismo ya está preparado para funcionar con resultados inusualmente rápidos y efectivos.

Cualquiera que sea clasificado como rico está automáticamente reprobado, sin importar quien sea, ni qué diga, ni qué haga. Y, del otro lado, cualquiera que sea clasificado como pobre recibirá una exaltación instantánea sin importar quien sea, ni qué diga, ni qué haga.

La M puede sustituirse con otros nombras: fundamentalistas, imperialistas, conservadores, banqueros, blancos, comerciantes, extranjeros, judíos, homófobos, hombres… los culpables usuales.

Una vez apuntada la falacia de la clase, conviene ver su solución. Primero, resulta obvio que es una variación de la falacia de la generalización y de la falacia ecológica.

Segundo, debe localizarse el error que comete. Ese error es ignorar la individualidad humana. Si cada persona es distinta y única, resultará imposible que ella sea enjuiciada sin atender a su individualidad.

Piense en esto. Una persona cualquiera es acusada de pertenecer a la clase M llamada «ladrones» y, sin atender a nada más, ella recibe una condena automática sin que se presenten pruebas y evidencias en su contra. Absurdo, pero eso es lo que hace esta falacia.

El origen de la idea de la individualidad es, me parece, cristiano. Está contenida en el concepto de salvación del alma, la que no es clasista, sino personal. Si la persona es libre y puede pensar, entonces ella es responsable de sus acciones, no de lo que alguien dice que la persona hace porque pertenece a un grupo predeterminado.

Tercero, es necesario aceptar que la falacia de la clase es usada con frecuencia alta y que nadie está libre de cometer este error. Lo he visto cometer a liberales y a socialistas, a progresistas y a conservadores. No hay quien esté exento de usarla.

Post Scriptum

El mes pasado traté este mismo tema en «Descalificación de Grupo».

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