Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Falacia del Chivo
Eduardo García Gaspar
4 abril 2017
Sección: FALSEDADES
Catalogado en: ,


La expresión completa es «chivo expiatorio», En su connotación actual eso nombra al culpable de algo.

Ese al que se le asigna el papel de ser el autor de la falta, del delito, del yerro, pero que nada tiene que ver en el asunto

«Ser un chivo expiatorio significa, a día de hoy, que un único individuo cargue con las culpas de algo que ha sucedido cuando en realidad la responsabilidad debería recaer sobre un grupo más amplio de personas o colectivo, pudiendo incluso suceder que dicho individuo ni siquiera haya participado en el acto punible y sea inocente». blogs.20minutos.es

Es algo sencillo de comprender. Y tiene una utilidad genial en política, llegando a ser toda una falacia informal dentro del discurso gubernamental de nuestros tiempos. Esto es algo que bien merece una segunda opinión.

Partamos de una realidad: la conversión de los candidatos políticos en vendedores de ilusiones y utopías. Me refiero al fenómeno que R. Scruton apuntó en su libro Los Usos del Pesimismo. Los optimistas sin escrúpulos que prometen fantasías de un mundo sin problemas, con la condición de entregarles el poder.

Cuando usted promete una utopía tendrá un problema posterior si es que llega a ser elegido. Las probabilidades de lograr esa ilusión son menores a las que tenemos usted y yo de ganarle a S. Hawking una discusión sobre Física. La utopía no va a ser lograda. Va a tener problemas y fallas y errores.

La situación se complica porque desde el inicio, la utopía prometida por el político, por diseño, no contenía mecanismos de corrección. Los problemas que se presenten con el tiempo van a querer ser solucionados con una intensificación de las medidas tomadas, no con su corrección.

Es decir, si fallan las expropiaciones ellas se van a querer solucionar no con privatizaciones, sino con más expropiaciones. Si los controles de precios fallan, eso querrá ser resuelto con más controles, no con menos.

Llegará un momento en el que los errores y problemas que cause la implantación de la utopía derivarán en la necesidad de un chivo expiatorio.

Una falacia de razonamiento que atribuye a terceros la responsabilidad de los problemas que ha causado la misma implantación de la utopía política del optimista sin escrúpulos.

«Mi plan es perfecto, no tiene errores, los problemas que tenemos ahora son culpa de… ». Así razona el político, llenado el espacio en blanco con el chivo seleccionado que más le convenga.

Para facilitar las cosas, el político tiene a su disposición una lista de culpables usuales de las desdichas de su proyecto de nación: el capitalismo, el liberalismo, el imperialismo, los grandes intereses económicos, los banqueros, los especuladores, el capital internacional, las empresas extranjeras, la iglesia, la burguesía y los demás de la lista acostumbrada.

«En su primera reacción una semana después de la condena, Maduro denunció el proceso judicial como “ataques” del “imperialismo” contra la primera dama, Cilia Flores, a quien definió como una “lideresa revolucionaria”. “¿Ustedes creen que son casualidad (los ataques)?» eldia.com.do

«Fidel Castro culpa al “imperialismo norteamericano” de todos los males que está padeciendo la humanidad». elpais.com

«Según [Evo] Morales, los grupos rebeldes locales “no están solos”, pues es “el gobierno de Estados Unidos” el que los apoya, porque la potencia extranjera “permanentemente intenta desestabilizar el Estado” boliviano». eltiempo.com

La falacia del chivo expiatorio tiene una consecuencia que suele pasar desapercibida. Ya que la utopía no llega por culpa del culpable usual seleccionado, el régimen del político que la trata de implantar se prolonga. Se razona que siendo la culpa de otros, esos enemigos deben ser primero derrotados. La «lucha» se eterniza y el político permanece en el poder indefinidamente.

La situación empeora y llega a ser emergencia nacional y el político acumula poderes excepcionales, a los que no renuncia. Vea a Venezuela ahora, en caso de no creer esto.

Lo que he querido hacer es llamar la atención acerca de un razonamiento engañoso de continuo uso en la retórica política. Un mecanismo por el que el gobernante echa a otro la culpa de sus propios errores en la implantación de su utopía. Un recurso de gran utilidad práctica y que resulta admirable que sea creído.

Post Scriptum

Creo que debo añadir que es muy posible que el mismo gobernante se crea que efectivamente su plan no tiene fallas y que los problemas que se presentan son culpa de terceros. Tiene él tanta fe en su proyecto de nación que lo considera un dogma perfecto imposible de fallar. Él y sus acólitos sin duda piensan así.

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