Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La moral de los mercados
Leonardo Girondella Mora
6 diciembre 2017
Sección: ETICA, LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Los mercados libres tienen la cualidad de ser un fuerte polo de atracción —atrayendo a sí mismos buena cantidad de halagos y quizá aún mayor cantidad de críticas.

Las alabanzas y las censuras deben comprender ambas la naturaleza misma de los mercados libres, si es que desean tener algún mérito.

Un mercado libre se reconoce porque en él funciona un mecanismo de determinación de precios que son el producto acumulado de decisiones personales —las que son efecto de las valoraciones individuales.

Diferentes personas, con diferentes estándares de valoración de los bienes, interactuando entre sí, forman precios que varían mostrando los valores asignados por ellas a esos bienes, en su intercambio.

Siendo propietarias, las personas siguen su natural inclinación al intercambio, ofreciendo lo que menos valoran en relación a lo que más valoran en un cierto momento y un cierto lugar —los precios formados son información indispensable para tomar decisiones de compra y venta.

Esto obliga a concluir que la información que permite a las personas actuar y formar precios no es posible de acumular centralmente —es decir, nadie puede determinar precios reales centralmente.

Los mercados libres son la mejor forma conocida para determinar precios reales que puedan ser usados para tomar decisiones eficientes y aprovechar al máximo recursos limitados —es decir, abandonar el sistema de libre mercado tendrá el efecto de desperdiciar recursos y eso afectará negativamente el bienestar de las personas.

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A pesar de lo anterior, los mercados libres reciben críticas numerosas acerca de su inmoralidad y prefieren optar por un sistema económico menos libre —en el que la libertad personal sea reducida y la intervención económica estatal se eleve.

¿Es razonable hacer eso? Esto es lo que examino en lo que sigue.

• La primera consideración es la de la eficiencia, lo que hace preferible al sistema económico que use con mayor eficiencia a los recursos limitados que existen y así pueda aumentar el bienestar general.

Seleccionar otro sistema que sea menos eficiente al posible, que desperdicie recursos limitados, sería una decisión irracional —e incluso inmoral, pues condenaría a las personas a un bienestar menor al posible.

• La segunda consideración de inmoralidad de los mercados libres —capitalismo— es general. Una acusación de egoísmo, materialismo, codicia y similares.

Para analizar la acusación concreta es necesario ver dos elementos de la acusación.

Uno es la acusación en sí misma y que es la de una conducta humana mala y viciosa. Otro es el sistema en sí mismo y cómo fija precios reflejando decisiones personales de cualquier tipo.

Lo anterior es lo que hace posible afirmar que el sistema de mercados libres aplica para cualquier decisión humana, sea virtuosa o viciosa —es un simple sistema que tiene puede describir las decisiones económicas en un convento, así como en un prostíbulo.

Es un sistema descriptivo que explica formación de precios sin considerar la calidad de las valoraciones humanas de los bienes, ni los propósitos que se persiguen. Puede aplicarse al conocimiento de los precios de las drogas, como también a las conductas caritativas.

La moral solo es aplicable a la conducta humana, sus intenciones, valoraciones y propósitos —y no es posible usarla para calificar éticamente a un sistema descriptivo. Las leyes de la gravedad, de la inercia o de la termodinámica no tienen una carga moral, como sí la tendría la conducta de quienes las usan con distintas intenciones.

Cuando la diferencia mencionada se ignora, se comete el error de suponer que cambiando el sistema económico se modificará también la moralidad de la conducta —cuando la moralidad es solamente humana y no aplica al sistema económico, cualquiera que este sea.

Expresado de otra manera, es perfectamente posible encontrar inmoralidad en cualquiera que sea el otro sistema económico que se implante sustituyendo a los mercados libres —porque el problema no es el sistema en sí mismo, sino la conducta humana dentro de él.

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Con lo anterior he querido arribar a la idea de que la atención de todos los preocupados con la moral y quienes desean minimizar los vicios humanos, debe estar colocada primariamente en la formación moral de las personas y no en la naturaleza de los sistemas económicos.

Cambiar al sistema económico con la esperanza de modificar la moralidad de las personas es inútil. Ellas se comportarán moral o inmoralmente con independencia del régimen económico que domine.

Nota del Editor

Véase también «Moral y mercado libre».

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