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La razón de ser de la ley. Proteger a las personas. Eso es lo que hacen y lo que deben hacer. Fuera de esa razón, las leyes no tienen sentido. Eso afirma F. Bastiat.

Introducción

A fuerza de considerar a las leyes como una constante, se corre el riesgo de olvidar su propósito. Los gobiernos emiten y modifican leyes, demasiadas veces por un activismo político que más busca buena imagen que bienestar.

La abundancia de leyes y el activismo legislativo son también obstáculos que impiden ver el objetivo verdadero de las leyes. Las leyes pueden ser causa de una vida mejor, o de una peor.

Por eso importa la idea de Bastiat, que explica con inteligencia la razón de ser de las leyes y que, por lo tanto, da elementos de juicio para evaluar las leyes que rigen a una sociedad.

La idea de F. Bastiat, aquí resumida, se encuentra en su libro, The Law.

La razón de ser de la ley, la vida

El punto de partida de Bastiat es reconocer que Dios nos ha dado a los hombres un don. Es el don de la vida, una vida física, mental y moral.

De este punto, Bastiat derivará su conclusión final acerca de la razón de ser de la ley. Ella sólo se justifica para la protección de las personas, sus libertades, derechos y propiedades. Y nada más.

Bastiat empieza por decir que la vida es una responsabilidad de los hombres ante Dios. Esa vida dada por Dios, además, no puede preservarse por sí sola. Tenemos los humanos el deber de preservar y perfeccionar esa vida que Dios nos dio.

¿Cómo proteger a la vida?

Una vez reconocida esa responsabilidad de cada ser humano, queda por saber cómo lograr la preservación y el perfeccionamiento de la vida.

Bastiat responde diciendo que para cuidar nuestra vida Dios nos ha dado una serie de maravillosas facultades y, también, ha puesto a nuestra disposición una variedad de recursos naturales.

Bastiat, por tanto, inicia su explicación de la razón de ser de la ley, presentando un panorama con tres dones de Dios:

(1) la vida humana, que debe ser perfeccionada y mantenida,

(2) las facultades y capacidades humanas y

(3) los recursos naturales de la Creación.

Recursos, facultades, bienes, protección

Con esos tres dones, se presenta una situación por la que aplicando las facultades humanas a los recursos naturales producimos bienes. Esos bienes sirven a los hombres para el perfeccionamiento y preservación de su vida.

Por tanto, es el trabajo humano sobre los recursos naturales lo que genera los medios para vivir.

De allí se sigue que la persona, su libertad y su propiedad son los requisitos básicos de la vida. Cada uno de esos requisitos depende de los otros dos.

Nuestras facultades son una extensión de nuestra persona. Nuestra propiedad es una extensión de nuestras facultades. Es claro entonces que antes de que exista ley alguna, existe el hombre, sus talentos, su trabajo y los bienes producidos.

La persona antes de la ley

La persona es anterior a las leyes y las leyes sólo pueden entenderse bajo esa óptica. Ellas son un instrumento para el perfeccionamiento de la vida dada por Dios, usando las habilidades y los recursos que tenemos disponibles.

La vida dada por Dios, la libertad para usar los talentos humanos y la propiedad de los bienes no existen a causa de las leyes.

De hecho, la vida, la libertad y la propiedad son el origen de las leyes. Las leyes, por tanto, sólo pueden justificarse a causa de la responsabilidad humana ante Dios.

Derecho a defender la vida

Si no viviéramos en sociedad, cada uno de nosotros poseería el derecho natural, derivado del don de la vida otorgado por Dios, para preservar nuestra persona de manera integral.

Es decir, tenemos el derecho de defender a nuestra persona, a nuestra libertad y a nuestras propiedades contra ataques de terceros. Cada persona tiene ese derecho de defensa, incluso usando la fuerza, ante ataques a su persona, a su libertad o a su propiedad.

Un grupo de personas puede organizarse para vivir en sociedad y unir sus derechos de defensa. Ese grupo puede formar una fuerza común para preservar sus personas, libertades y propiedades y así cumplir con su responsabilidad ante Dios.

Se llega así a la razón de ser de la ley

Ese grupo establece leyes cuya única justificación es la preservación y defensa de las personas, sus libertades y sus propiedades. Esa fuerza común y esa unión de derechos tiene su origen en el derecho de defensa de cada persona.

Es lógico, por tanto, que esa fuerza común no pueda tener ningún otro propósito, ni ninguna otra misión que aquélla que le dio origen.

En otras palabras, la fuerza común o ley que es producto de la unión de un grupo de hombres para la preservación de su vida, no puede ir más allá de la preservación de las personas, sus libertades y sus propiedades.

La ley es la organización del derecho natural de defensa. La ley es un sustituto de los derechos individuales de defensa por el de una fuerza común, la ley.

La ley, por tanto, protege a las personas, a sus libertades y a sus propiedades. Esa es la razón de ser de la ley.

Límites de la ley

Una persona no puede usar su derecho de defensa para atacar a otra y afectarla en su persona, su libertad o su propiedad.

Por la misma razón, los derechos individuales acumulados en la ley tampoco pueden usarse para afectar la libertad, la persona o la propiedad de otros.

La fuerza ha sido dada a cada persona para poder defender sus derechos individuales. No puede usarse ese poder para destruir los derechos iguales de nuestros hermanos.

Ya que no existe el derecho individual y personal de atacar los derechos de los demás, tampoco la unión de los derechos de defensa significa el derecho de atacar a los demás.

¿La razón de ser de la ley? La ley mantiene los derechos de cada persona. La ley hace que la justicia prevalezca entre los hombres.

Concluyendo

Siguiendo el razonamiento de Bastiat, ahora es posible tener una opinión esencial sobre la razón de ser de la ley.

¿Protege o restringe el uso de los talentos?

Si la ley defiende la libertad de la persona para usar sus capacidades de trabajo, entonces la ley es buena. La ley está para proteger que las personas puedan usar sus talentos y habilidades.

Si, por el contrario la ley restringe el uso de las facultades humanas, es mala. La ley no puede obstaculizar a la persona impidiendo que ella ponga en usa sus talentos.

¿Protege o ataca a la propiedad?

Si la ley defiende la propiedad de la persona, que es una extensión de sus facultades, entonces la ley es buena. La razón de ser de la ley es proteger las propiedades personales logradas por el uso de las habilidades personales.

Si, por el contrario la ley ataca esa propiedad, la ley es mala. La ley no puede debilitar el derecho de propiedad que la persona tiene producto de su trabajo.

¿Protege a todos o solo a unos?

Si la ley defiende los derechos de uno sin afectar los derechos de un tercero, entonces la ley es buena. La razón de ser de la ley es universal, proteger a las personas. A todas.

Si, por el contrario, por defender los derechos de uno son atacados los derechos de otro, la ley es mala. La ley no puede ofrecer protección a unos cuando eso es dañar a otros?

Una justificación divina

Y esas afirmaciones pueden justificarse, según Bastiat, con base en los dones divinos.

Dios nos dio la vida, con la obligación de perfeccionarla, usando otros dones divinos: nuestras facultades y los recursos naturales. Incluso retirando el elemento teológico, el argumento de Bastiat se sostiene.

Por tanto, da él un enfoque de gran sentido común y sencillez para evaluar a las leyes que rigen una sociedad.

Si una ley limita el aprovechamiento de los talentos humanos, o es contraria a la propiedad particular, o ataca los derechos de terceros, esa ley tendrá efectos negativos en la sociedad.

Este enfoque es refrescante para sociedades que sufren activismo legislativo, es decir, gobiernos que emiten gran cantidad de regulaciones como efecto de sus preocupaciones.

Y una cosa más…

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Este texto fue publicado originalmente en enero de 1997, en esta misma sección de grandes ideas, y se presenta aquí con cambios mínimos.

[La columna fue revisada en 2019-06]