Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Tercera Zona: Las Ideas
Eduardo García Gaspar
24 enero 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las ideas están latentes en los hechos. Son las explicaciones de los sucesos. Y son cosas que suelen descuidarse. Tomemos un ejemplo de la historia hace varios siglos.

Sabemos que la última gran persecución de los cristianos fue la de Diocleciano (245-313). En este nivel está el elemento personal, el del emperador, en el que podemos centrar la atención, hasta llegar al nivel del suceso, esa persecución.

En ese segundo nivel del suceso, nos enfocamos a la descripción de los sucesos, por el año 303 y extremadamente violentos.

En el primer nivel de personas y el segundo nivel de sucesos, nos colocamos en la zona de los cultos y los conocedores, de la gente a la que reconocemos amplios conocimientos. Es donde está lo erudito e ilustrado.

Sin embargo, podemos ir hasta otra zona, a otro nivel, lo que podemos llamar de sabiduría. Hay aquí conocimiento, pero más que eso, hay juicio y sapiencia, prudencia y sensatez. Es el terreno de las ideas, ese en el que se buscan explicaciones de los sucesos y las personas.

Volvamos con Diocleciano y su persecución. ¿Por qué?

Lo que sabemos es que muy seguramente el emperador tenía una opinión: la nueva religión era una fuerza en contra de la cohesión del imperio. Si su misión era unificarlo, un medio para hacerlo era combatir aquello que podía causar desintegración.

Estamos entrando a la tercera zona del pensamiento, la de las ideas que explican a las personas y a los sucesos. Y, en ese ejemplo de la historia hay una idea general razonable: la religión es parte de la cultura, seguramente muy fuerte, un elemento central que describe a la cultura de un grupo, en este caso gigantesco, el Imperio Romano.

Si ese elemento central se altera, también lo hace la cultura, todo eso que define al grupo. La idea se confirma con otro suceso, ese de Constantino, el sucesor, y la historia célebre del signo vencedor. Todo cambió a partir de entonces y sucedió eso que había predicho Diocleciano, un gran cambio en el imperio y sus secuelas.

La idea sostiene que la religión, con todas sus manifestaciones visibles e invisibles, es parte de la cultura que identifica a grupos. Nos lleva a otras ideas, sobre todo a preguntas. ¿Qué pasa en una cultura cuando se altera su religión? ¿Qué sucede donde conviven varias religiones distintas?

La respuesta general es obvia: suceden cosas importantes, las culturas cambian significativamente. Quizá no sabemos con exactitud qué cambios concretos sucederán, pero poca duda habrá sobre la gran magnitud de esos cambios.

Tomemos una posibilidad, la de sociedades en las que, por la razón que sea, conviven personas de religiones distintas. No sería difícil pensar en el muy probable surgimiento de roces e incluso violencia. No será sencillo que todos se traten como si sus creencias no importaran.

No es un fenómeno nuevo. Se tiene un ejemplo de hace siglos en España, durante la ocupación musulmana en «al-Andalus», de la que existe la idea de una convivencia ejemplar. ¿Lo fue?

Nuestra idea acerca de eso, nos aconsejaría ser cautelosos y considerarla una exageración. Las evidencias muestran una realidad no precisamente idílica en ese lugar.

En nuestros días, en algunas partes, debido a la movilidad geográfica, tenemos esa convivencia de diferentes religiones (lo que incluye a una de sus variaciones, el ateísmo). Podremos concluir que eso altera a la cultura y su función unificadora y pronosticar que en el mejor de los casos habrá pocos conflictos no violentos.

Mi énfasis no está en el tema concreto de la natural asociación entre cultura y religión, sino en esa tercera zona, la de las ideas y la que mucho me temo está escasamente desarrollada en nuestros días.

El acento mayor es dado a la zona de las personas, en la que los rumores, chismes, e historias personales se encuentran (como la atención dada al extraño «pompadour» de D. Trump); y en la zona de los sucesos, como se muestran en las noticias en una larga lista de eventos.

Mi intención central es la de llamar la atención acerca de esa tercera zona, la de las ideas, juicio sapiencia, prudencia y sensatez. Una contra la que en nuestros tiempos algunos han buscado protección.

No quieren entrar en ella; no quieren que les incomode, que les cause estrés mental obligándolos a usar la razón.

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