Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Las Cosas Cuestan
Eduardo García Gaspar
8 agosto 2017
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Puede verse en el fondo. Está en las profundidades de nuestros días.

Eso que por su obviedad muy pocos ven. Es la idea expresada en la palabra ‘sacrificio’ y su olvido.

«La felicidad no viene de la búsqueda del placer, tampoco ella está garantizada por la libertad. Ella viene del sacrificio: este es el mensaje que es entregado en todas las obras memorables de nuestra cultura» R. Scruton

La cita tiene su contenido y él es directo como pocos. Queremos ser felices, nadie lo duda. Buscamos serlo. No la encontraremos en el placer. La libertad no nos la asegura. El origen de la felicidad, eso que tanto buscamos, es el sacrificio.

No hace mucha falta definir al sacrificio. Es el sinónimo de renuncia, privación, abnegación; incluso sufrimiento y padecimiento. Lo relacionamos con trabajo, esfuerzo, empeño. Es el hacer lo que debe hacerse a pesar de significar el abandono de gustos y apetitos.

Lo que bien vale una segunda opinión es apuntar un fenómeno de nuestros días, el olvido del sentido del sacrificio como origen de la felicidad personal. Esta amnesia particular tiene una causa central, la abundancia de ofertas de paraísos con felicidad universal garantizada.

Ofertas políticas que llegan al ridículo de crear una sociedad de amor al prójimo mediante acciones gubernamentales. Ya no hay necesidad de esfuerzo y sacrificio, el nuevo gobernante logrará la felicidad universal.

La lista creciente de derechos humanos tiene el mismo efecto de poner en desuso a la idea del esfuerzo y sacrificio, cuando en estos tiempos se entienden como reclamos de felicidad y demandas de placer.

«Tengo derecho a vivir cualquier experiencia, expresión sexual o erótica que yo elija, siempre que sea lícita, como práctica de una vida emocional y sexual plena y saludable». cauceciudadano.org.mx

Es la inadvertencia intencional de la otra cara de la libertad, la responsabilidad y la rendición de cuentas. La libertad sin responsabilidad crea esa mente que está abierta a promesas políticas de felicidad gratuita (el aborto pagado por el gobierno es un clímax de esa mentalidad).

Es una falta de omisión al descartar la noción de trabajo y esfuerzo y sacrificio. Puede pensarse en la situación en la que las personas tienen derecho al alimento y su gobierno les permite entrar al supermercado llevarse lo que quieran con la autoridad pagando las cuentas.

¿No me cree? Eso es lo que se hace con el agua y produce lo que es obvio, uso irresponsable porque ella es comprendida como un derecho sin responsabilidad.

Quizá esto pueda expresarse de otra manera yendo a un simple concepto de mero sentido común: las cosas cuestan. No son ellas gratuitas. Lo que nos rodea, las comodidades, todo es el producto del sacrificio y del esfuerzo de alguien. Quite usted eso y se queda sin civilización.

Retire de la educación el elemento de la responsabilidad, de la obligación y el deber y tendrá el resultado que nuestros tiempos padecen: la creencia de que todo es gratuito y un derecho humano (como internet gratis).

La mente que se educa olvidando responsabilidades y obligaciones se convierte en una masa fácil de someter al capricho de los gobiernos. Basta que ellos prometan derechos crecientes sin necesidad de obligaciones ni merecimientos para que sean elegidos.

Es como lo opuesto a la célebre frase de W. Churchill, la de «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», y que se ha transformado en otra oferta de gobierno, «Si me eliges, te ofrezco placer, irresponsabilidad, holgazanería y libertinaje».

Peor aún, el olvido del sacrificio, del deber y las obligaciones, impide la felicidad personal la que solamente puede venir de la satisfacción de logros que tienen costos personales pagados con sacrificios y renuncias.

Un amigo resume eso en una frase engañosamente simple «¡Yo lo hice!». Esa exclamación es imposible que sea creada sin lucha, sin penalidades, sin padecimiento. Las cosas cuestan y el haberlas pagado es lo que permite la felicidad.

Finalmente, no sé usted, pero sin importar posición social he encontrado con frecuencia a demasiados que dan la apariencia de estar saciados de todo y satisfechos con nada. Ese estado natural de quienes no creen que las cosas cuestan.

Post Scriptum

La cita primera es de Scruton, Roger. The Uses of Pessimism. New York: Atlantic Books Ltd, 2014.

La historia de la princesa y las hadas ilustra mucho de lo que he intentado decir.

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