Las neuronas paralizadas

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Demasiados fallan cuando evalúan opciones políticas. Y suelen equivocarse espectacularmente. Es eso que dijo G. andfinal.001Orwell hace ya tiempo:

«Existen ideas tan absurdas que solamente un intelectual puede creer en ellas».

Pero, mucho me temo, no solamente los intelectuales. Aunque los intelectuales sean los casos más llamativos, una buena cantidad de personas manifiestan una inocencia suprema en el momento de decidir su preferencia hacia un candidato en una elección.

Esto es algo que merece una segunda opinión. Es el caso de la neurona paralizada. O bien, el estudio de por qué personas razonables que conducen su vida con inteligencia, suspenden el uso de su cerebro cuando seleccionan un candidato en una elección.

Todo comienza con la persona que tiene inquietudes políticas y que, al mismo tiempo, es crítica de la situación presente de su país. Considera que esa situación es mala, realmente mala y que el culpable de ella es el gobierno en el poder.

Esta persona es muy crítica, realmente crítica. Está descontenta y preocupada. Mucho más que el promedio. Posee una cierta dosis de desesperación frente a la situación que percibe y que es mala. Toda su atención se concentra en lo malo y lo neutro o bueno, lo interpreta negativamente.

Son los casos de personas con amplias inclinaciones a la política y que han concluido que el país está en una francamente mala situación. Y, muy importante, toda o casi toda su atención se dedica a resaltar lo malo. No hay propiamente un análisis sincero, sino un pesimismo profundo. Tiene una fijación con lo negativo.

Con ese marco mental, de inquietud y zozobra, la persona tiene poca oportunidad de reflexionar en soluciones sólidas, de hacer análisis objetivos, de pensar en caminos razonables de acción. Todo su tiempo es dedicado a expandir su crítica, a ampliar la lista de lo malo que sucede, a acrecentar su preocupación.

Esta persona está en una posición de gran turbación y congoja. Está angustiada y agitada. Sabe que debe ponerse una solución pero su desasosiego le impide ver las cosas con tranquilidad. Sus neuronas se han paralizado parcialmente.

Y ellas se paralizan totalmente cuando esa persona encuentra a un líder que está vendiendo el elixir de la solución total a eso que preocupa a la persona. El líder se ha colocado como la solución nacional: si sus ideas se implantan los problemas nacionales desaparecerán.

Y, la persona usualmente se rinde ante el embrujo del carismático redentor; se entrega a él y se abandona a su magia. Es así que, con las neuronas paralizadas totalmente, sufre una metamorfosis notable: el generalmente razonable e inteligente, es ahora un fan incondicional de ese que ofrece las soluciones insensatas.

Ya no importa ahora que esas ideas de solución a todo problema nacional sean disparatadas e increíbles, que sean utópicas y quiméricas, la persona que ha sucumbido, las toma como posibles, realistas y factibles, con la total seguridad de que darán el resultado fantástico que ha prometido.

Las neuronas se han paralizado. La persona ya no piensa, Se ha enamorado del líder que promete ser la solución nacional. Los razonamientos más sólidos no le harán cambiar de opinión; las evidencias más contundentes no lo cambiarán. Su sumisión es ya total.

Conozco algunos casos de esos, otros que me han narrado; se encuentran en columnistas y personajes públicos. No todos sucumben pero sí un buen número al parecer. Personas de las que uno esperaría un comportamiento razonable son ahora portavoces adictos del líder.

El fenómeno es real. Ha sido estudiado. Un libro de Paul Hollander contiene un gran número de casos de ese tipo: intelectuales que han suspendido el uso de sus neuronas. Los intelectuales no son los únicos, también le sucede a gente común.

El resultado, si los números son suficientes, es el acceso al poder del líder que ha prometido soluciones totales por medios insensatos. Por supuesto, esto empeorará la situación mala anterior, pero no importa porque el líder cuenta con el apoyo categórico de sus fieles seguidores que negarán la realidad a toda costa.

Y la terquedad de la neurona paralizada continuará empeorando la situación a diario, sin que entre ningún mecanismo de corrección. Esas neuronas no lo admitirían, ni siquiera en situaciones altamente críticas

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