lecciones globales

El descenso de la pobreza en China y las lecciones económicas de Singapur. Dos columnas de Manuel Sánchez González que muestran las experiencias de esos dos países y las lecciones que ellas presentan para inspirar medidas económicas positivas en el resto.

Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía para desencantados. Agradecemos el permiso de publicación.

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Una idea publicada anteriormente en El Financiero.

Lecciones económicas de China: el descenso de su pobreza

La extraordinaria reducción de la pobreza registrada durante las décadas recientes en China ha sido resultado primordialmente de las reformas económicas.

A lo largo de la gran parte del siglo XX, esa nación padeció un prolongado estancamiento productivo que mantuvo a la mayoría de su población en la penuria.

El sistema socialista controlaba la economía mediante la planificación central y la propiedad de los medios de producción.

La injerencia gubernamental sobre la vida económica y social era avasallante y alcanzó su máximo nivel bajo la presidencia de Mao Zedong, durante los años cincuenta y sesenta.

«El gran salto adelante»

Con el programa Gran salto adelante, ese gobernante buscó transformar al país de una economía agraria a una industrial.

Como la mayor parte de la población era rural, el plan combinaba la colectivización de la tierra, basada en un sistema de comunas cuya generación agrícola subsidiaba el consumo de las ciudades, con metas manufactureras.

Un objetivo seleccionado fue alcanzar el liderazgo en la producción acerera, sobrepasando al Reino Unido. En cada comuna se establecía la obligación de crear hornos domésticos de acero.

Los recursos de producción eran tan limitados que muchas familias se veían obligadas a recurrir a acciones desesperadas, como quemar puertas o ventanas de sus casas a fin de atizar los hornos o fundir los utensilios de cocina para cumplir con las cuotas del metal.

El experimento de colectivización fue un desastre que condujo a una hambruna, causando la muerte de decenas de millones de personas. No obstante, el fracaso de la estrategia de mando probó ser la semilla de un cambio hacia un ambiente de gradual libertad económica.

«Sistema de responsabilidad familiar»

Tras su llegada al poder en 1978, el presidente Deng Xiaoping aplicó una serie de cambios empezando por el campo.

Bajo el Sistema de Responsabilidad Familiar, se privatizó parcialmente la tierra, mediante la asignación de derechos de explotación de predios, igualitariamente distribuidos entre los hogares.

Cada familia tenía un monto de producción agrícola que el gobierno apoyaba con fertilizantes e insumos subsidiados y lo compraba a un precio elevado. La selección del cultivo era libre. Además, las familias podían producir más y vender los excedentes a otras personas o al gobierno.

Posteriormente, se liberó la actividad económica en las ciudades, permitiéndose la generación de negocios. Se crearon zonas especiales en la costa, otorgando facilidades fiscales, se liberalizaron los precios, y se abrió la economía a la inversión extranjera y al comercio exterior.

Se admitió de forma regulada a migrantes rurales para trabajar o hacer negocios en las ciudades, a condición de que se pudieran sostener. Empero, la migración ha rebasado los registros permitidos.

Lecciones económicas de China

Si bien el crecimiento económico alcanzó tasas significativas solo a partir de mediados de los años ochenta, impulsado por la orientación de China al exterior, la disminución de la pobreza inició y se derivó preponderantemente de las reformas en el campo.

En particular, la pobreza se redujo al ritmo más elevado durante la primera parte de esa década, cuando la producción agrícola se incrementó de forma extraordinaria, como respuesta a los incentivos que tuvieron los campesinos de percibir las ganancias de su trabajo.

Otro episodio de disminución notable de la pobreza ocurrió a la mitad de los años noventa, cuando aumentaron los precios agrícolas internacionales.

El resultado social de las reformas ha sido espectacular. La proporción de indigentes, según la Línea de Pobreza Internacional de 1.9 dólares de consumo diario, pasó de 88 por ciento en 1981 a 2 por ciento en 2015. En ese lapso, más de 800 millones de personas superaron la miseria.

Una característica de la mejora en el nivel vida de China es que ha dependido de los cambios económicos y no de programas de alivio a la pobreza.

Si bien en años recientes se han introducido algunas medidas para atenuar la pobreza, especialmente la de los migrantes rurales, estas no han representado la clave del éxito en la transformación social de esa nación.

No existe un modelo de desarrollo económico único que sirva de receta a todos los países. El sistema político y la idiosincrasia de China hacen particularmente riesgoso tratar de trasplantar sus políticas a otras latitudes.

Los incentivos

No obstante, una lección válida para cualquier economía es la necesidad de reconocer el poder de los incentivos.

La lección económica de China recuerda que no es el tutelaje gubernamental sino el empoderamiento y la iniciativa de los individuos lo que, en última instancia, les permite mejorar su condición.

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Una idea publicada anteriormente en El Financiero.

Las lecciones económicas de Singapur

Sin llegar a constituir un modelo a seguir maquinalmente, en especial considerado sus peculiaridades sociopolíticas, la experiencia de Singapur ofrece algunas pistas reveladoras.

Singapur es una referencia natural porque constituye, en muchos aspectos, el caso más exitoso de desarrollo económico de los últimos cincuenta años.

De ser un apéndice pobre de la península malaya, esa nación se convirtió rápidamente en una potencia económica.

La historia

En 1965, el PIB por habitante de Singapur era, a precios actuales, aproximadamente 500 dólares estadounidenses, un nivel similar al de México.

En 2016, este indicador se ubicó en 53 mil dólares, casi siete veces el de nuestro país, superando al de Alemania, Francia y Japón.

El despegue ocurrió, en gran medida, como respuesta a las circunstancias adversas que enfrentó esa nación.

Tras operar como puerto de paso de comercio, casi sin interrupción por más de un siglo bajo el dominio británico, Singapur consiguió el autogobierno en 1959. Ello causó desconfianza a muchos inversionistas extranjeros los cuales prefirieron salir.

Posteriormente, formó parte de una confederación con Malasia, pero los conflictos étnicos hicieron que el parlamento malayo lo expulsara.

La circunstancia de zona expelida dejó a Singapur sin acceso al mercado común con ese país, del que dependía en recursos naturales, incluyendo el suministro de agua, y a su espacio terrestre.

Al momento de su independencia de Gran Bretaña en 1965, Singapur era una nación con más de la mitad de su población analfabeta viviendo en casuchas y con una elevada tasa de desempleo.

Su enemistad con Malasia e Indonesia le limitaba las posibilidades de comercio. La adversidad se agravó con la decisión del Gobierno británico de retirar su base militar de la isla, lo cual afectó severamente su economía, pues el gasto castrense representaba casi una tercera parte del PIB.

La primera lección económica de Singapur: seguridad

Los apuros llevaron a Singapur a pedir ayuda financiera internacional. Al no llegar ese apoyo, se vio forzado a mirar más allá de su región.

El camino más factible para emplear a su población sin habilidades era convencer a las empresas de economías industrializadas de producir manufacturas intensivas en mano de obra en el país, para exportarlas al mundo desarrollado.

📌 Para ello, era necesario crear un ambiente de seguridad, libre de corrupción, que fuera favorable a los negocios.

Bajo el liderazgo del Primer Ministro Lee Kuan Yew, Singapur implantó leyes muy estrictas contra la delincuencia.

Eso lo combinó con garantías a la protección de los derechos de propiedad, ejecución expedita de los contratos, libertad de movimientos de bienes, de capital y de personas, bajos impuestos y facilidades regulatorias.

Tales condiciones y la ventaja geográfica de Singapur como puerto de paso entre India y China atrajeron montos sustanciales de inversión extranjera.

El gobierno complementó al sector privado mediante la creación de infraestructura para la producción y la apertura de escuelas técnicas.

Adicionalmente, concedía incentivos a las empresas para que entrenaran a sus trabajadores. Una vez llegado al pleno empleo, su escasez de mano de obra la ha compensado con la inmigración de trabajadores.

Los resultados

Durante estos años, Singapur ha pasado de ser un productor de manufacturas intensivas en mano de obra no calificada a uno con fuerte contenido en tecnología. Además, se ha convertido en uno de los principales centros financieros globales.

Un motor esencial de la prosperidad de Singapur ha sido su integración a la economía global. Es el país con mayor libertad para el comercio internacional. El arancel aplicado es cero para todos los productos, con escasas excepciones.

Además, prácticamente todos los sectores están abiertos a la inversión extranjera. Como resultado, su comercio exterior es más de tres veces su producto, lo que representa la razón más alta en el mundo.

Singapur enfrenta el desafío de continuar su senda de bienestar como país rico, con una población en rápido envejecimiento y demandas de más libertades políticas. Su historia de unidad permite prever la superación de los problemas.

México puede aprovechar esa experiencia para mejorar su acceso a las oportunidades mundiales. Una remoción unilateral de los obstáculos remanentes al comercio y la inversión, así como mayor certeza jurídica incrementarían su crecimiento económico potencial.

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Y solo unas cosas más…

Las lecciones económicas de China y de Singapur pueden complementarse con:

Las lecciones económicas de Suecia
Lecciones políticas venecianas: ser una república

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