Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libre mercado: defensa completa
Eduardo García Gaspar
7 diciembre 2017
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la defensa ortodoxa de los mercados libres. Tiene su lógica y es cierta.

Afirma que la libertad económica manifestada en mercados libres, con derechos de propiedad bien establecidos e intercambios voluntarios, es la mejor forma para lograr prosperidad.

Es verdad, ese sistema de libertad económica dispersa riesgos, aprovecha conocimientos esparcidos, usa talentos abundantes y permite crear riqueza sin precedentes en la historia. La evidencia es abrumadora examinado esto con datos de pobreza.

La defensa de la libertad económica tiene demostraciones fuertes que son prueba de la solidez de los razonamientos que promueven a la libertad económica como el mejor régimen posible para crear bienestar creciente.

Esa es la defensa acostumbrada de los mercados libres, de la libertad económica. Y no es mala, al contrario, es vigorosa y concluyente. Sin embargo, es una defensa incompleta por lo general.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión. Pienso que los defensores de la libertad económica usan muy buenos argumentos y tienen pruebas contundentes acerca de los resultados, no perfectos, pero sí admirables de los mercados libres. Pero es una defensa insuficiente e inacabada.

Suele carecer de una dimensión integral que comprenda que al defender a la libertad económica de las personas se tienen otras creencias que también deben valorarse y defenderse.

Sobre todo, hay una defensa de la creencia en una naturaleza humana que es esencialmente libre y que tiene capacidades para razonar, decidir y actuar; que puede tener conductas buenas pero también malas; que crea leyes y costumbres y necesita guías de comportamiento.

Y todavía más. Esa naturaleza humana acumula experiencias y conocimientos produciendo cultura, tradiciones, costumbres, reglas, civilización, normas que permiten la existencia de la vida en común. Todo en un conjunto de convivencia que es difícil de explicar racionalmente y con diseños espontáneos que son frágiles e imperfectos.

Todo ese conjunto de convivencia con múltiples elementos que interactúan entre sí es lo que sostiene a la libertad económica.

Cosas como leyes aplicadas objetivamente, protección ante abusos de autoridad, libertades adicionales a la económica; instituciones estables y una razonable expectativa en un futuro con poca incertidumbre en buena parte creada por la existencia de normas de comportamiento que premian la convivencia y castigan el daño ajeno.

Mi punto es que quien defiende a la libertad económica debe también defender todo eso que hace posible a esa libertad: esa razonable expectativa en el futuro estable y que permite trabajar ahora para gozar mañana.

Ese futuro estable que debe defenderse en conjunto con la libertad económica, es el olvido usual que hace incompleto el argumento a favor de la libertad económica.

¿Cómo crear ese futuro percibido como estable, es decir, sin amenazas a los frutos del trabajo propio?

Ese futuro es producto de gobiernos limitados que funcionan bajo el imperio de la ley, y que se encargan de hacer cumplir. Leyes derivadas de experiencias acumuladas durante siglos. Pero también, es producto de una cierta expectativa de conducta de la gente común que respeta normas más allá de lo que marca la ley.

Y tanto la ley como las normas de comportamiento cotidiano tienen una fuente común, que es un código moral, ético, o como usted quiera llamarle. Es decir, para sorpresa de muchos, la libertad económica necesita también una defensa moral. La de ese sistema moral que le permite existir, sin el que la libertad económica no sería posible.

Eso significa que suponer que la libertad económica apoya a la idea de una sociedad liberada de toda moral crea el enemigo interno que la destruirá. Sin una cierta moral no puede existir esa libertad económica que tanto se desea defender.

Esto se manifiesta claramente en la misión de una notable institución:

«The Acton Institute is a think-tank whose mission is to promote a free and virtuous society characterized by individual liberty and sustained by religious principles». Acton Institute.

Lo que lleva a una conclusión que suele causar sobresaltos en algunos.

La libertad económica necesita un sustento moral para poder existir, pero el punto es de dónde sale ese código moral que produzca leyes justas y comportamientos buenos. Mucho me temo que solamente hay una fuente última para ese código moral que permita defender a la libertad económica.

La religión. Los «principios religiosos» a los que hace referencia la cita anterior. Y esos principios son cristianos.

Post Scriptum

La necesidad de incluir principios morales que tienen un origen religioso cristiano, tiene la obvia conmoción en los defensores de la libertad económica que se colocan en posiciones enemigas a esa religión, pero también contiene otra sacudida.

La sacudida que deben sentir las personas que usando ideas religiosas atacan a la libertad económica y que no son escasas. Al arremeter contra ella olvidan que ella es parte de la imago Dei que hace a la persona co-creadora y, más aún, que permite combatir miseria y pobreza.

En fin, una idea que me hace quedar mal con todos.

Acerca de la notable disminución de la pobreza en el mundo véase también Global Poverty Rates and Economic Growth.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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