Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Votantes Cautivos
Eduardo García Gaspar
30 octubre 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la mezcla política ideal. La combinación perfecta de atractivo electoral con aumento de poder; el sueño de casi todo gobernante.

Es la promesa del estado de bienestar, esa idea de que el gobierno se haga cargo de la felicidad personal desde que nacemos hasta que morimos. La que ha prometido formalmente para México Lopez Obrador y que es un modo de vida en Europa.

El régimen del estado de bienestar es una mezcla difícil de resistir por causa de sus dos elementos.

Primero, el atractivo general para el electorado que considera posible que el gobierno se haga cargo de su felicidad personal.

Imagine usted el poder que tienen las promesas del estado de bienestar: dinero a jóvenes y madres solteras, vivienda gratuita, agua gratis, alimentos baratos, medicinas gratuitas, educación garantizada, pensiones elevadas, empleos dignos, energía barata, internet gratuito, libros sin costo, seguro de desempleo…

Sí, son promesas exageradas e imposibles, pero eso no obsta para que sean parte del discurso electoral. Los candidatos compiten por tener la promesa más amplia, más extrema. Las elecciones son transformadas en una subasta de promesas por votos, no importa lo imprudentes ni disparatadas que sean.

Una parte del electorado, no pequeña, cree posibles esas promesas y con una ingenuidad supina vota.

Segundo, el atractivo personal para el gobernante que considera que esas promesas le hacen popular y elevan sus probabilidades de victoria electoral, pero sobre todo, que sabe que esas promesas elevan su poder. Y elevar su poder es el sueño dorado de cualquier gobernante.

Nada hay mejor en la vida del gobernante que aumentar su poder y nada hay como el estado de bienestar como para tener más poder en medio de aplausos de mayorías.

En resumen, entonces, el estado de bienestar resulta ser como un coctel ideal, que a todos gusta, marea y aturde, perdiendo la noción de la realidad. Más o menos como el que ha bebido más de la cuenta y comienza a ser invadido por una sensación de optimismo soñador.

Existe, sin embargo, un pequeño problema: la realidad existe y funciona de cierta manera lo queramos o no.

«A través de todo el mundo occidental, el estado de bienestar está volviéndose incosteable en su forma presente y el constante pedir prestado al futuro solamente hará que su colapso sea más devastador cuando llegue. Sin embargo, rara vez el partido en el poder arriesgará iniciar reformas radicales por miedo a ceder un rehén a la izquierda para quien esto no es solo un asunto icónico, sino una manera de convocar a votantes cautivos». R. Scruton.

Seamos crudos: el estado de bienestar crea «votantes cautivos», esos que son sus rehenes y cuya existencia depende de los obsequios gubernamentales, y que se convierten en una masa en subasta electoral. Votarán por aquel que prometa mantener y aumentar las dádivas estatales y eso será irresistible para quienes quieren gobiernos excedidos, es decir, los socialistas.

Lo que produce una consecuencia de embrollo político sustancial: intentar desmantelar al estado de bienestar será en extremo complicado y agotador. En muchos casos, imposible. Francia es un ejemplo notable de esto, pues cada intento de reforma es causa de protestas inmediatas. Los votantes cautivos protestarán al ver amenazado su modus vivendi.

La realidad es entonces el resultado de (1) la dificultad de desmantelar al estado de bienestar y (2) la imposibilidad de seguirlo financiando.

Este tipo de gobierno es costoso, muy costoso y puede mantenerse solamente retirando recursos de las actividades productivas presentes y futuras, que no son ilimitados. Tarde o temprano se agotarán y estallará una crisis.

Las razones por las que a pesar de todo el estado de bienestar mantiene su popularidad o incluso la aumenta, son para mí, incomprensibles. Pero no importa, es una realidad que debe apuntarse como primer paso obligado para su eventual solución.

Una solución que, creo, tiene una clave en esa expresión de Scruton, «votantes cautivos». Ese segmento del electorado que está formado por personas cuyo estándar de vida depende de los fondos estatales. Los rehenes electorales.

No son solamente los pobres y marginados, sino también de clase media, buena parte de la burocracia, y gente de mayores ingresos también, como empresarios. Por no mencionar a los gobernantes mismos, cuya vida depende de mantener al estado de bienestar. Todos son esos a quienes el desmantelamiento de ese sistema representa la ruina personal.

Se trata, pues, en su fondo, de un sistema gubernamental sustentado en el egoísmo: basar el bienestar personal sin importar que eso dañe a otros que viven ahora y que vivirán mañana.

Post Scriptum

La mentalidad de los proponentes del estado de bienestar es realmente ingeniosa. Tienen ellos una sutil estratagema en su definición de pobreza, eso que ellos quieren erradicar. Han creado una definición de pobreza de tal naturaleza que ella nunca podrá desaparecer, la pobreza relativa.

Si alguien define a la pobreza como todas las personas que tienen ingresos menores al 60% de la mediana de ingresos nacionales, tendrá el mejor argumento para sostener al estado de bienestar: nunca desaparecerá esa gente no importa que ellos tengan ingresos sustanciales.

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