La abundancia de los medios y la escasez de la justificación de los fines.

Introducción

androjo

La distinción es conocida. Me refiero a medios y fines.

Un fin es eso que queremos lograr. El medio es la acción o instrumento que nos permite hacerlo. Bebemos agua como un medio para satisfacer la sed, que es el fin. Nada que no sepamos ya.

Los fines son los propósitos que se busca lograr. Los medios son los instrumentos utilizados para alcanzar los fines y propósitos. El tema ha sido explicado así:

«El hombre continuamente obra, realiza acciones. Y lo que hace, lo hace porque lo considera un “bien”, porque si no lo considerase un bien, no lo haría (otra cosa es que se equivoque, y que lo que considera un bien sea un mal). Pero ocurre que hay bienes que no son nada más que “medios” para lograr otros, como, por ejemplo, el trabajar puede ser un medio para conseguir dinero; mas hay otros bienes que, en cambio, los consideramos “fines”, es decir, que los buscamos por sí mismos, como, por ejemplo, la diversión o entretenimiento que el dinero nos procure». aeternaimperoblog.worpress.com

Sobre esa base sugiero la idea adicional de que existe abundancia de medios, pero al mismo tiempo hay escasez de la justificación de los fines.

El punto central

La idea ha sido expuesta de esta manera:

«En una edad tecnológica adquirimos un entendimiento cada vez mayor de los medios para nuestros fines y un entendimiento cada vez menor de las razones por las que debemos perseguirlos». Roger Scruton Modern Culture.

No es una observación vana, al contrario. Apunta que vivimos en tiempos de enormes desarrollos tecnológicos que han producido medios nunca antes disponibles: herramientas e instrumentos admirables que han puesto a nuestra disposición una abundancia nunca antes vista de medios.

Tenemos medios abundantes. Estamos en tiempos de especialización en medios, modos, formas e instrumentos para alcanzar nuestros fines. Piense usted, por ejemplo, en Uber. Podemos tener transporte inmediato, accesible, confiable por medio de nuestros teléfonos. El conductor puede ir a donde sea usando su GPS.

El punto es tener disponible ese medio de transporte. Ahora tenemos que ver cuál es el fin para el que lo usamos; a dónde vamos y porqué. La afirmación de Scruton, el filósofo inglés, resalta un desbalance.

Desequilibrio entre medios y fines

Sabemos mucho de los medios, pero poco de los fines y sus razones. Ponemos atención esmerada en los instrumentos y descuidamos los propósitos.

Un amigo habla de esto observando que las operaciones de cirugía estética han llegado a un nivel admirable de refinamiento al mismo tiempo que los fines para los que se usa han arribado a un nivel terrible de bajeza.

Tiene su punto y, me imagino, es una observación crítica del predominio del consumo material. En una sociedad que se ha olvidado de los aspectos inmateriales, de lo espiritual, es natural que la naturaleza humana se enfoque exclusivamente a lo que puede ver y tocar.

Quien piensa que es solamente materia condenada a desaparecer no actúa ilógicamente si solo pone atención en cifrar su felicidad en unos zapatos Ferragamo, o en glúteos reformados.

Un diagnóstico erróneo

Usualmente estas observaciones se agrupan bajo la etiqueta de «sociedad de consumo». Un nombre tan usual como erróneo, pues el problema no es el consumo. Todas las sociedades consumen.

El problema se presenta cuando ese consumo se realiza en una sociedad materialista, sin espiritualidad.

Cuando todo el énfasis es colocado en lo material es natural que toda la atención sea puesta en los medios y en el mercado que los provee mejor que ningún otro sistema, el mercado libre.

Pero no es la libertad económica la que produce la obsesión de consumir, sino el rechazo a pensar en los fines del consumo y sus razones. El rechazo a lo inmaterial, a lo espiritual deja un espacio que es ocupado con tarjetas de crédito y demás.

La abundancia de medios y la escasez de fines

La situación puede ser explicada esquemáticamente:

1. La libertad económica ha creado gran abundancia de bienes que son medios o instrumentos para alcanzar fines y propósitos personales.
2. Al mismo tiempo que existen medios abundantes se sufre pobreza de fines u objetivos para alcanzar con esos medios.
3. La escasez de los fines se manifiesta en su pobreza de entendimiento y comprensión porque son reducidos a dimensiones materiales.

📌 Lo que hace surgir la inevitable pregunta. ¿Son solo materiales todos los fines y propósitos de todas las personas, o hay acaso fines y propósitos que son inmateriales y espirituales?

Eso es lo que plantea la tesis de la escasez de fines y la abundancia de medios.

Discusión

Existe una asociación estrecha entre los medios, que son materiales, y los fines, que no lo son. Una mente que renuncia a lo incorpóreo se limita a pensar en los medios y en ellos encuentra su explicación central. Pero si considera a lo espiritual, tenderá a ver la importancia mayor de los fines y sus razones.

Decir que el problema es la sociedad de consumo es perder el rumbo, un mal diagnóstico de asunto. El problema es la pérdida del sentido espiritual de la naturaleza humana porque así se pierde también el significado de los fines. Esto es lo que hace entender la diferencia entre medios y fines.

Porque es cuando los medios se convierten en fines que los problemas comienzan. Seguramente la solución se encuentra no en la crítica a la sociedad de consumo, sino en la aceptación de una sociedad materialista.

Combatir a la sociedad de consumo, atacando a los mercados libres, produce solo miseria material, cuando el problema es la miseria espiritual. El problema no es tener bolsos Gucci, ni cirugías estéticas maravillosas; el problema es no pensar en los propósitos para los que ellos son útiles.

Quizá pueda esto verse como un asunto de plazos. En el corto plazo inmediato tiene sentido enfatizar los medios, pero es cuando se considera al largo plazo que los fines comienzan a ocupar el primer ligar de nuestras preocupaciones. El corto plazo no necesita grandes ideas, como sí las necesita el plazo largo.

O bien, puede ser un asunto de pereza de pensamiento, la que permite una vida placentera, en la que el máximo placer es el de corto plazo evitando eso en lo que obliga a pensar el plazo largo.

En fin, es un asunto de demasiado pensar en los medios y muy poco considerar a los fines.

Inestabilidad como consecuencia

Nuestra historia es inestable por naturaleza. Hay, sin embargo, tiempos más inestables que otros. Estas son las cosas que se ven, eso que vemos a diario en los noticieros y leemos en los periódicos. Pero no es todo.

La inestabilidad natural de nuestra historia tiene otra dimensión adicional a la de la obvia. Una que es producida por esa abundancia de medios aunada a la escasez y pobreza de los fines y su comprensión.

Cito a un autor cuando analiza a Maquiavelo:

«En períodos en los que el orden social es relativamente estable todas las cuestiones morales pueden surgir desde dentro del contexto de las normas que la comunidad comparte; en períodos de inestabilidad son esas normas las que son cuestionadas y puestas a prueba en relación al criterio de los deseos y necesidades humanas» Alasdair MacIntyre en A Short History Of Ethics: A History Of Moral Philosophy From The Homeric Age To The Twentieth Century 

Este es otro tipo de inestabilidad, mucho menos conspicua y, por eso, de mayor profundidad y consecuencias. Inestabilidad creada por la pobreza en el entendimiento de los fines, lo que es un asunto moral.

Los casos más visibles de inestabilidad abierta y conspicua están dados por el arribo al poder de personas específicas, como Lenin o Stalin en la URSS, o como Hitler. La lista puede irse hacia atrás en el tiempo con el caso de Alejandro Magno y, en general, todos los conflictos de lucha de poder entre los que destacan ahora mismo los actos terroristas.

Mi punto es que esos sucesos forman la inestabilidad obvia y notoria. Es esa a la que estamos acostumbrados en la historia que aprendimos en la escuela y los libros que leemos. Son las guerras de independencia, las invasiones militares, las guerras civiles, los golpes de estado y cosas como esas.

La inestabilidad moral

Pero es seguro,, creo, que exista otro tipo de inestabilidad en nuestra historia. Esa a la que se refiere la cita, cuando las normas que la comunidad comparte son puestas en tela de juicio y contrastadas contra criterios humanos.

Este campo recibe menos atención y es el de la historia de las ideas. El de la influencia de libros que casi nadie lee.

La inestabilidad es producida por un cambio en los cimientos de las culturas y civilizaciones, eso que llamamos ideas, creencias, suposiciones, es decir, los fines y propósitos. Es lo que tenemos como convicciones, y presunciones. Nuestros dogmas y credos, sean o no religiosos.

Cuando todas o casi todas esas cosas son compartidas por una gran mayoría de las personas, esa sociedad podría ser calificada de menos inestable que en el caso en el que no lo sean o se encuentren en proceso de modificación y cambio.

Con una adición, esos cambios son graduales tomando una gran cantidad de tiempo y creando lo que creo que puede verse como un período de inestabilidad de crisis. Durante el cambio hay crisis y conflictos entre las diferentes ideas que pueden predominar. Las consecuencias serán mezcladas, para bien y para mal.

En la civilización occidental, por ejemplo, la influencia de los filósofos griegos marca toda una época, como también el Cristianismo y toda esa mezcla que se produjo en la Edad Media: greco-latino-judío-cristiano, modificado después por la Ilustración y por el laicismo creciente, que es lo que estamos viviendo.

Conclusión

Lo que he propuesto es la existencia de un problema profundo. El de la existencia de una enorme abundancia de medios que permiten alcanzar fines sobre los que hay escasez de entendimiento y, por ello, se refieren a asuntos materiales y de corto plazo.

El olvido de fines espirituales e inmateriales de largo plazo es lo que crea inestabilidad moral y socava los fundamentos mismos de la sociedad. El relativismo moral es un concepto producido por esa realidad.

Creo que los tiempos que vivimos son una parte de una etapa crítica de modificación de ideas, creencias, suposiciones, convicciones, y presunciones.

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Y unas cosas más para los curiosos…

Debe verse una de estas dos:

Conciencia personal, definición y precisiones
Efectos de la desaparición de la responsabilidad

Otras ideas relacionadas:

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Fijación con lo malo

Es la moral actual una que tiene una gran certeza, la certeza de lo malo. Con gran habilidad apunta a lo reprobable, lo señala con horror y se regodea en su repetición. Tiene una enorme capacidad para destacar “los horrores que siguen al quebranto de la ley” (como escribió G. K. Chesterton).

Es una moral fijada en lo reprensible, detenida en lo reprobable, suspendida en lo censurable. Algo que explica la escasez de la comprensión de los fines al mismo tiempo que existe abundancia de medios.

Una moral que no tiene la habilidad para señalar lo bueno, ni apuntar a lo positivo. Es una moral obsesionada con el mal, pero que ha olvidado al bien. Una moral que no posee el requisito que toda moral debe tener, la aspiración al ideal, por imposible que este sea.

La explicación de Chesterton

Las campañas de difusión contra las drogas son un ejemplo de lo que digo. En ellas se hace un llamado, el de «di no a las drogas» y se avisa de enfermedades y efectos contra la salud. Pero no se menciona a la conducta ideal que, por lógica, haría incompatible el consumo de esas sustancias.

Al igual que las campañas en contra de enfermedades sexuales, en las que se ofrece como solución, por ejemplo, el uso del condón, cuando podría hablarse de otra solución, la castidad y la virginidad.

Vuelvo a Chesterton, quien lo explica con agudeza, del que hago citas de su obra Herejes (1 ed. Barcelona: El Cobre, capítulo 2)

Para alejar del vicio a la gente pueden usarse, por ejemplo, avisos que muestren un hígado consumido por el abuso del alcohol. Es cierto y puede tener efectos. Pero lo mismo podría lograrse si las personas fuesen devotos de alguna religión, lo que haría incongruente el abuso de la bebida.

«Lo que disgusta, y con razón», dice Chesterton, «no es la presencia de un realismo claro, sino la ausencia de un idealismo claro».

Es la carencia de la moral de nuestros días, el tener sentidos muy afinados para buscar y encontrar el mal, pero sentidos embotados para reconocer lo bueno, así sea una meta imposible. Esto hace pobre a la comprensión de los fines humanos y que se complica con la abundancia de medios.

La falla es colosal, porque sin tener una noción siquiera vaga del fin ideal será poco probable evitar el mal. Y con la única mira en el mal, llega él a ser una visión exclusiva, una que da la impresión de que el bien no existe, pues todo alrededor es malo. Se crea así un pesimismo creciente que produce inestabilidad y desesperanza.

Llenando el vacío del bien

El vacío creado por esa falta de atención en los ideales ha sido llenado con lo que se encuentra a mano. Y es así que los ideales son sustituidos por sucedáneos pobres, como progreso y avance, o por democracia, o por libertad, para acabar idealizando a la libertad sin ideales que le den sentido.

¿De qué sirve la libertad si no es alimentada por ideales de perfección?

Más aún, no solo se olvida la moral de la conducta ideal, sino que cuando se habla de ideales quien lo hace es tachado de loco, cuando la real locura es el olvidar la ambición que dirige al ideal. La real cordura está en intentar llegar a lo más elevado, a lo trascendental, al modelo de conducta perfecto, así sea eso una meta disparatada.

Regreso a Chesterton. Dice él que el hombre moderno cree que sus esperanzas no están ni en la religión, ni en la moral, que están ellas en la educación. Eso es lo que dice el hombre moderno, pero lo que en realidad está diciendo es, «No podemos decidir lo que es bueno, pero enseñémoslo a nuestros hijos».

Detenerse en lo malo, irritarse frente a eso, no tiene mucho sentido si se carece de lo opuesto, el tener ambición por ideales y fines. Por esas conductas y acciones elevadas e imposibles de lograr.

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Un libro recomendable

Modern CultureModern Culture by Roger Scruton
My rating: 4 of 5 stars

Scruton presenta «una teoría de la cultura moderna y una defensa de la cultura en su forma alta y crítica». Lo hace sosteniendo la idea general de que la cultura «tiene una raíz religiosa y un significado religioso».
Comienza con consideraciones de lo que es cultura para entrar luego en antecedentes históricos, antes de la Ilustración, durante esta, y después, Romanticismo y Modernismo, hasta llegar a tratar a la cultura moderna alta y baja.
Entre los temas que trata, encontré fascinantes sus ideas sobre la imaginación y la fantasía; como también lo que dice acerca de la pintura, la fotografía y el cine. Hacia el final dedica buen tiempo a los intelectuales modernos, los sesentayocheros, muy especialmente Foucault y Derrida, con palabras escasamente amables y ampliamente razonables.
No es lectura fácil. Supone ciertos conocimientos previos. Pero la lectura es fértil para provocar al lector a pensar.

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