Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Medios y fines
Eduardo García Gaspar
13 diciembre 2017
Sección: ETICA, LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La distinción es conocida. Me refiero a medios y fines.androjo

Un fin es eso que queremos lograr. El medio es la acción o instrumento que nos permite hacerlo. Bebemos agua como un medio para satisfacer la sed, que es el fin. Nada que no sepamos ya.

Pero hay algo interesante en todo esto.

«En una edad tecnológica adquirimos un entendimiento cada vez mayor de los medios para nuestros fines y un entendimiento cada vez menor de las razones por las que debemos perseguirlos». Roger Scruton Modern Culture.

No es una observación vana, al contrario. Apunta que vivimos en tiempos de enormes desarrollos tecnológicos que han producido medios nunca antes disponibles: herramientas e instrumentos admirables que han puesto a nuestra disposición una abundancia nunca antes vista de medios.

Tenemos medios abundantes. Estamos en tiempos de especialización en medios, modos, formas e instrumentos para alcanzar nuestros fines. Piense usted, por ejemplo, en Uber. Podemos tener transporte inmediato, accesible, confiable por medio de nuestros teléfonos. El conductor puede ir a donde sea usando su GPS.

El punto es tener disponible ese medio de transporte. Ahora tenemos que ver cuál es el fin para el que lo usamos; a dónde vamos y porqué. La afirmación de Scruton, el filósofo inglés, resalta un desbalance.

Sabemos mucho de los medios, pero poco de los fines y sus razones. Ponemos atención esmerada en los instrumentos y descuidamos los propósitos. Un amigo habla de esto observando que las operaciones de cirugía estética han llegado a un nivel admirable de refinamiento al mismo tiempo que los fines para los que se usa han arribado a un nivel terrible de bajeza.

Tiene su punto y, me imagino, es una observación crítica del predominio del consumo material. En una sociedad que se ha olvidado de los aspectos inmateriales, de lo espiritual, es natural que la naturaleza humana se enfoque exclusivamente a lo que puede ver y tocar. Quien piensa que es solamente materia condenada a desaparecer no actúa ilógicamente si solo pone atención en cifrar su felicidad en unos zapatos Ferragamo, o en glúteos reformados.

Usualmente estas observaciones se agrupan bajo la etiqueta de «sociedad de consumo». Un nombre tan usual como erróneo, pues el problema no es el consumo. Todas las sociedades consumen. El problema se presenta cuando ese consumo se realiza en una sociedad materialista, sin espiritualidad.

Cuando todo el énfasis es colocado en lo material es natural que toda la atención sea puesta en los medios y en el mercado que los provee mejor que ningún otro sistema, el mercado libre. Pero no es la libertad económica la que produce la obsesión de consumir, sino el rechazo a pensar en los fines del consumo y sus razones. El rechazo a lo inmaterial, a lo espiritual deja un espacio que es ocupado con tarjetas de crédito y demás.

En resumen, tenemos una asociación estrecha entre los medios, que son materiales, y los fines, que no lo son. Una mente que renuncia a lo incorpóreo se limita a pensar en los medios y en ellos encuentra su explicación central. Pero si considera a lo espiritual, tenderá a ver la importancia mayor de los fines y sus razones.

Decir que el problema es la sociedad de consumo es perder el rumbo, un mal diagnóstico de asunto. El problema es la pérdida del sentido espiritual de la naturaleza humana porque así se pierde también el significado de los fines. Esto es lo que hace entender la diferencia entre medios y fines.

Porque es cuando los medios se convierten en fines que los problemas comienzan. Seguramente la solución se encuentra no en la crítica a la sociedad de consumo, sino en la aceptación de una sociedad materialista.

Combatir a la sociedad de consumo, atacando a los mercados libres, produce solo miseria material, cuando el problema es la miseria espiritual. El problema no es tener bolsos Gucci, ni cirugías estéticas maravillosas; el problema es no pensar en los propósitos para los que ellos son útiles.

Quizá pueda esto verse como un asunto de plazos. En el corto plazo inmediato tiene sentido enfatizar los medios, pero es cuando se considera al largo plazo que los fines comienzan a ocupar el primer ligar de nuestras preocupaciones. El corto plazo no necesita grandes ideas, como sí las necesita el plazo largo.

O bien, puede ser un asunto de pereza de pensamiento, la que permite una vida placentera, en la que el máximo placer es el de corto plazo evitando eso en lo que obliga a pensar el plazo largo.

En fin, es un asunto de demasiado pensar en los medios y muy poco considerar a los fines.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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