Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Moral y su Origen
Eduardo García Gaspar
18 octubre 2017
Sección: ETICA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La situación es realmente curiosa. Una especie de paradoja cuando muestra a los dos lados de una misma historia, pero de la que suele verse uno solo.

Un ejemplo: el de la persona que habló con dureza y reprobación acerca de los casos de escándalos sexuales de la Iglesia Católica. Aunque su tono y palabras fueron reprobables, ella tuvo razón. Han sido actos indeseables, muy malos.

Hasta aquí no hay problema. Pero si uno va un paso más adelante, debe responderse a la pregunta obvia.

¿Qué reglas morales usó la persona para reprobar conductas de algunos sacerdotes? Claramente usó principios morales que distinguen y reprueban a lo malo.

¿De dónde salieron esas reglas y principios morales? Pues en gran parte su origen se encuentra en la prédica moral del Cristianismo. Es decir, bajo la misma moral cimentada en las creencias cristianas, esas conductas son reprobables.

Otro ejemplo: quienes critican los excesos de los europeos en la conquista de América tienen algunos puntos muy válidos. Hubo excesos y acciones reprobables. Pero sucede lo mismo que antes. La reprobación de esas acciones es posible gracias a principios morales derivados del Cristianismo.

Esto es lo que me parece digno de una segunda opinión.

Hacer un juicio moral acerca de alguna acción concreta necesita alguna herramienta moral. Algún principio general que lleve a una norma aplicable al caso y que permita emitir ese juicio moral decidiendo que se trata de un acto reprobable, admirable o neutro.

Es decir, estamos en presencia de (1) un juicio moral cualquiera, como el reprobar e abuso sexual de menores, o la esclavitud, o lo que usted quiera; y, más aún, la posibilidad de aprobar actos considerados buenos, como ayudar a otros que lo necesitan.

La parte llamativa es que ese juicio moral necesita (2) una norma o principio que sirva de estándar, criterio o medida para evaluar a la conducta en cuestión. La regla que establezca que es malo abusar de menores, o esclavizar a otras personas, o robar, o lo que usted quiera.

El punto ahora es saber de dónde salen esas reglas y principios morales que permiten emitir juicios acerca de conductas buenas y malas. Buena parte del origen de esas reglas y principios la encontramos en los preceptos judeo-cristianos.

Entonces, si alguien reprueba las acciones de abuso sexual de un sacerdote deberá aceptar que para dar esa reprobación ha recurrido a las ideas morales de la religión a la que pertenece ese mismo sacerdote. Y, más aún, ese sacerdote sabe que ha violado los mandatos de la religión a la que pertenece.

El punto es vital porque va más allá de lo usualmente percibido.

El punto central es la necesidad de tener criterios morales que permitan distinguir entre acciones buenas, malas y neutras. Sin esos criterios morales es imposible emitir juicios acerca de nuestras acciones. Pero hay más, esos criterios morales no pueden variar, no pueden cambiar, no admiten modificación.

Necesitan ser constantes y universales. Si no lo fueran, eso produciría confusión: lo que para la persona A es reprobable resulta admirable para la persona B. Para unos el robo y el asesinato serían reprobables, pero para otros serían admirables. La vida dentro de una sociedad así confundida sería muy difícil.

Por supuesto, eso no detiene a lo inevitable de la imperfección humana. Habrá discusiones morales difíciles, desacuerdos y conflictos, pero en general existirá un acuerdo de principios esenciales que repruebe robos, asesinatos, daños intencionales; y que apruebe caridad, honestidad, sabiduría, prudencia.

Muy bien, pero queda el asunto del origen de esas reglas y principios morales constantes y universales. Mi punto es señalar que una gran parte del origen de esos criterios morales fue el Cristianismo y su desarrollo dentro de eso que podría llamarse la civilización greco-judía-cristiana.

Ella produjo una larga lista de estudiosos que produjeron obras que profundizaron en la ética de nuestras conductas, creando así esos principios generales a partir de la idea de la persona humana y la dignidad que ella posee por haber sido creada a imagen y semejanza de Dios.

A los no religiosos eso les puede sonar cursi, tonto y falso. Pero piense usted en las consecuencias que tiene creerlo: usted y tampoco ninguno otro es cualquier cosa que nada valga; usted ha sido creado por Dios y eso significa enormidades. Por principio de cuentas eso declara igualdad de dignidad y valor, pero también libertad y razón. No está mal, nada mal.

El problema de nuestros tiempos ahora se entiende mejor. ¿Qué sucede con nuestra dignidad y valor, con nuestra libertad y razón, cuando se afirma que solamente somos un accidente biológico evolutivo sin propósito?

Todos nuestros fundamentos morales reciben una tremenda sacudida y se caen. Un ejemplo de esto es la legalización del aborto, que es al final de cuentas matar a personas creadas por Dios.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras