Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mucha Discusión, Poca Razón
Eduardo García Gaspar
14 septiembre 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Abundan. Se encuentran en todas partes. Son las discusiones, los debates y desacuerdos.

Por todas partes hay altercados y controversias. No son algo que escasee.

Usted los ve en todos los terrenos: religión, política, economía, moral, leyes, elecciones, donde sea.

Muy bien, esa es la realidad. Exploremos un poco su significado en nuestros días.

Una clave de entendimiento se encuentra en una regla de supuesta buena educación: no discutir de religión ni de política entre amigos. hacerlo produce enojo e irritación, insultos y enemistades. Y, sobre todo, nunca se llega a acuerdos.

Allí está una pista valiosa. Discusiones hay muchas, argumentos razonados hay pocos. F. L. Sheen (1895-1979) escribió en los años 30: «La cosa más difícil de encontrar en el mundo hoy es un argumento».

Tiene su gran punto el gran autor. Veamos esto en algunos de sus elementos.

Primero, lo ya dicho. No sobran las discusiones y los desacuerdos en nuestros días. ¿Un fenómeno solo actual? No lo creo. Suena razonable pensar que han existido en toda la historia. No somos las personas famosas por estar de acuerdo siempre y en todo.

Segundo, es muy seguro que en nuestros tiempos los desacuerdos se hayan extendido en opiniones morales, económicas, religiosas, políticas y de esos tipos. Hay más que antes porque hay más personas, más medios para difundirlas, más libertades y más tiempo libre.

Quizá sea que hoy en día cualquiera puede opinar y difundir sus opiniones, sin necesidad de requisito alguno, mientras que antes eso estaba más concentrado en ciertos personajes.

Parafraseando algo ya dicho: la opinión del mayor experto en Teoría Monetaria convive y tiene el mismo rango que la del más ignorante, ambos tratando el mismo tema concreto.

Tercero, «pensar […] es una tarea difícil; es el trabajo más arduo que un hombre pueda hacer». Reconociendo esto, no debe extrañar que las discusiones abundantes carezcan de argumentos pensados pero derramen prejuicios, ideas hechas, lugares comunes, sentimientos, los que son indeciblemente más fáciles de tener.

Es posible obtener una conclusión de esos tres elementos: abundancia de desacuerdos que son imposibles de resolver por medio de la razón. Eso crea un medio ambiente muy particular que es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

En ese medio ambiente, la verdad poco importa. No es que se niegue que exista, sino que toma un lugar sin importancia. Lo que importa es lo práctico y útil para los objetivos propios; como justificar el aborto por vivirse en una democracia.

Cualquier justificación tiene utilidad si sirve para apoyar la consecuencia práctica que se busca. Y eso se ve positivamente, como una apertura mental correcta y una diversidad encomiable.

Por el contrario, intentar razonar buscando la verdad se considera como una mente cerrada, conservadora y reaccionaria. Querer pensar objetivamente es rechazado porque cada quien tiene su verdad y nadie puede imponer sus ideas en los demás (excepto el que eso dice).

En una discusión sin uso de argumentos ni razones, se usan falacias, eslóganes, frases hechas, de cuya repetición se depende para crear impresiones de salir ganando. La discusión razonada se sustituye por acciones llamativas atractivas para su reporte en medios: el desnudo como sustituto del cerebro, por ejemplo.

O bien, se usan celebridades y famosos para apoyar opiniones sin necesidad de usar la cabeza.

No es precisamente un medio ambiente que se preste para avanzar y progresar. Es más bien un medio ambiente para la imposición de ideas y la pérdida de libertades. Conduce al totalitarismo por la censura de quien expresa opiniones contrarias al estándar aprobado (políticamente correcto).

Las discusiones y los altercados, las controversias, nunca desaparecerán. Son consecuencia inevitable de nuestra propia naturaleza. Más aún, son procesos que permiten avanzar y ser mejores, pero siempre que usemos a la razón.

Sin ella, las discusiones se mantendrán pero no serán ya un proceso de avance. Al contrario, serán un camino al retroceso y a la pérdida de libertades. La ruta al totalitarismo.

Las democracias y las repúblicas se sostienen suponiendo que las personas piensan. Sin pensar, todo lo que queda son prejuicios y ellos no pueden producir cultura ni civilización.

Post Scriptum

Para esta columna me apoyé en la obra de Fulton J. Sheen, Old Errors and New Labels. De allí saqué los entrecomillados no atribuidos en el texto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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