Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Paraísos Fiscales y Gobierno
Eduardo García Gaspar
2 mayo 2017
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La noticia fue curiosa. Se refirió a la corrupción gubernamental, por un lado. Y, por el otro, a los impuestos.

Entre los dos, la persona estableció una conexión llamativa:

«La destituida Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, condenó los altos niveles de corrupción en Brasil y en América Latina, y afirmó que para acabar con este problema es fundamental combatir los paraísos fiscales». elnorte.com 25 abril 2017

La declaración fue dada en la Ciudad de México. Era una invitada a un coloquio «América Latina: política, futuro, igualdad».

Su tesis, de acuerdo con la nota, es simple: los dueños del capital no pagan impuestos, pero sí las clases medias; además, la corrupción «se hace» con el dinero no contabilizado para no pagar impuestos. Para combatir a la corrupción se necesita policía, fiscalía y desaparecer a los paraísos fiscales.

Por supuesto, hay una manera mejor para combatir a la corrupción pública: empequeñecer a los gobiernos. De menor tamaño y con menor gasto, las oportunidades de corrupción también empequeñecen. Esta opción, por supuesto, no es considerada por ella.

El problema, según lo ven ella y sus colegas, es que los lugares con impuestos bajos son una competencia indeseable de los lugares con impuestos altos. Y, como en las situaciones monopólicas, se desea hacer desaparecer a los que compiten ofreciendo precios menores.

Leí no hace mucho que la UE amenazó al RU en caso de que redujera sus impuestos y pusiera en desventaja a la misma unión. Si los impuestos son los precios de los servicios gubernamentales, entonces toda la lógica indica que cuanto menores sean, manteniendo una calidad razonable, mejor.

Si al comprar lechuga se tiene a preferir la que tenga el precio más bajo, entonces tiene sentido que la persona prefiera pagar menos impuestos. Y luego está el asunto de la calidad: entre dos productos de igual precio será seleccionado el de mayor calidad.

Pues igual con los gobiernos. Cuanto menos cuesten y mayor calidad tengan, mejor vivirán todos sus ciudadanos. No es complicado. Atacar a los paraísos fiscales porque son competencia de impuestos bajos es absurdo.

Reprobar a quienes acuden a paraísos fiscales para evitar impuestos altos es una acusación absurda, excepto por un punto válido de Rousseff, el del origen de los fondos. Si ellos fueron obtenidos por medios legales, no creo que exista mucha objeción para la persona que los deposita en donde pagará impuestos más bajos, o ninguno.

Si esos fondos fueron adquiridos por medios ilegales, el asunto es diferente y debe castigarse. No por evitar pagar impuestos sino por cómo fueron obtenidos. El gobernante corrupto debe ser castigado por eso precisamente, no por evitar pagar impuestos sino por esa corrupción.

Ahora veamos esa conexión que establece Rousseff: si desaparecen los paraísos fiscales desaparece la corrupción. No estoy seguro, pero para que desaparezca la corrupción, que es innata a los gobiernos, especialmente a los grandes, se necesita más que hacer desaparecer a esos paraísos.

Aun sin ellos, los fondos obtenidos por corrupción encontrarían formas de permanecer ocultos. De hecho, ya los tienen, como la costumbre de los presta-nombres, las empresas fantasmas y demás. Los paraísos fiscales no son la causa de la corrupción, sino el efecto de gobiernos que tienen impuestos demasiado altos.

¿Quiere usted realmente hacer desaparecer a los paraísos fiscales? Entonces, reduzca las tasas de impuestos al nivel en el que las personas no tengan ya el incentivo de llevar sus fondos a otra parte. Es el mecanismo del mercado libre. Todos lo conocen.

En lugar de ser un infierno fiscal, los gobiernos pueden convertirse en paraísos fiscales. Si no lo hacen es porque gastar dinero ajeno es parte de la razón de ser del gobernante. Tiene él una pasión incontrolable de gastar dinero ajeno para el avance de su carrera a posiciones de más poder y más gasto.

Sean paraísos fiscales o países con impuestos más bajos, es bueno que existan por ser competencia real contra gobiernos demasiado caros. Querer combatirlos es indebido y muestra la pasión gubernamental por meter la mano en los bolsillos de la gente, por la fuerza. Y deja el dinero en manos de sus propietarios quienes lo usarán con mayor cuidado.

¿Son los más ricos los que aprovechan lugares con menos impuestos, como dice Rousseff? Por supuesto. Son los que más incentivos tienen para hacerlo. Los demás se protegen de otras maneras, como los mercados informales y lo que se les ocurra. Cuantos más altos sean los impuestos, más harán todos por evitar pagarlos.

Con una adición obvia: la calidad del gobierno. Conforme más calidad tengan los servicios gubernamentales y exista mayor honestidad en el gasto público, serán menores los incentivos para ir a lugares con impuestos más bajos.

Es decir, si usted quiere combatir a los paraísos fiscales, lo puede hacer elevando la calidad de los servicios gubernamentales y castigando rápida y severamente a la corrupción. No es un secreto.

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