Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Perdiendo Dos Bases
Eduardo García Gaspar
15 agosto 2017
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Es como una gran coincidencia. Una que quizá no tenga mucho de fortuita.

Y, me parece, puede ser colocada como una fuente de la formación de eso que llamamos Civilización Occidental.

En varias partes he encontrado esa idea de la coincidencia. Un autor lo explica así:

«[…] el Cristianismo pronto encontró que la filosofía griega no era solamente un sistema intelectual pagano extranjero al que tenía que enfrentarse, sino, en la visión de muchos teólogos cristianos tempranos, una matriz prearreglada de forma divina para la explicación racional de la fe cristiana».

Piense usted en algunas ideas producidas por la filosofía griega. Cosas como la inmortalidad del alma, la realidad de la perfección eterna, la existencia de imperativos morales elevados, una razón divina en el cosmos, el llamado al control de las pasiones, la prioridad de lo espiritual sobre el material, justicia después de la muerte, la exaltación de la verdad y otras más.

Pero sobre todo la idea de poder usar la razón para explicar al mundo. El Cristianismo encontró en esas ideas una ayuda tan inesperada como útil. No para sustituir a Jesucristo con lo griego, pero sí para entender mejor a Jesucristo con esas ideas. La combinación fue explosiva y creó una base sólida para el desarrollo occidental.

Y pasó tiempo con altas y bajas, problemas y conflictos, exageraciones y errores, cosas que dejo en manos más capaces de filósofos, teólogos, historiadores. Y me pongo en el tiempo actual para apuntar algo que es el precio que estamos pagando.

No es sorpresa decir que en nuestros tiempos hemos estado perdiendo esos dos elementos que sostienen a la cultura Occidental: Cristianismo y Razón, a la religión y a los griegos. No es causalidad que la pérdida sea simultánea pues ambas van juntas.

En lugar de razón tenemos sentimientos, ya no pensamos tanto como sentimos. No creamos argumentaciones lógicas sino reclamos emotivos. Dejamos a los ideales lejanos para concentrarnos en lo inmediato. Perdimos el sentido de la tragedia, el significado del sufrimiento, el provecho del esfuerzo y la noción de una vida futura ganada a pulso.

Piense en san Agustín y su «tengo fe para poder entender». Eso que significa que primero está el compromiso con la Divinidad y entonces comienzo a pensar y a entender, porque sin esa Divinidad la razón se pierde en «direcciones desastrosamente erróneas».

Y se ha perdido tanto que ella misma se ha arrinconado en los terrenos científicos presuponiendo que nada más existe. Esto es arrojar a las ideas griegas por la borda y llenar ese vacío con lo más fácil y cómodo, como las reglas morales a la carta: cada persona desarrolla su propia moral, modificándola a su gusto y sin que ella pueda ser sujeto de comentario ajeno.

La «dictadura del relativismo», como calificó Benedicto XVI a este fenómeno, es eso precisamente. Cuando todo es relativo, cuando no hay verdades, la razón sobra y ella es sustituida por el emotivismo que busca protección contra las heridas que le produce cualquier opinión ajena. Ya no tiene sentido esa persona creada por las ideas cristianas.

Vea usted, por ejemplo, lo que produce en una persona el creer que tiene un alma inmortal y que está destinada a un mundo futuro. Creencias como esta desarrollan personas con conciencia del deber, del saber, del pensar, de su responsabilidad. Y las fallas que se tengan, que son muchas, son remediables; el pecado se perdona y puede uno levantarse de nuevo.

«[…] el Cristianismo trajo al mundo pagano un nuevo sentido de santidad de toda la vida humana, el valor espiritual de la familia, la superioridad espiritual de la auto negación sobre la satisfacción egoísta, de la santidad no mundana sobre la ambición mundana, de la gentileza y el perdón sobre la violencia y la retribución; una condena del asesinato, del suicidio, de la matanza de infantes, de masacres de prisioneros, de la degradación de esclavos, de la permisividad sexual y la prostitución […]»

Perder cosas como esas es un asunto de supervivencia humana, un extravío con consecuencias, algunas de las que pueden verse en las matanzas del siglo 20. Piense usted en la justificación de las masacres nazis y soviéticas.

Sí, abandonar a esos dos elementos centrales de Occidente tiene un precio y él no es precisamente reducido. Un precio que puede verse en el número de abortos y, peor aún, en el reclamo de que matar es un derecho que la ley protege.

En fin, todo lo que he querido hacer es mostrar el costo del abandono de dos de los pilares más sólidos de la civilización que nos produjo.

Post Scriptum

Para esta columna he tomado ideas y he citado a la obra de R. Tarnas, Passion of The Western Mind: Understandin the ideas that have shaped our world view.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Facebook
Extras