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Pobreza: descenso mundial
Selección de ContraPeso.info
26 septiembre 2017
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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El descenso notable de la pobreza mundial es la idea de Manuel Sánchez González en esta columna.

Durante los últimos dos siglos, el mundo ha presenciado un despegue sin precedente en los niveles de bienestar personal.

Después de milenios de virtual estancamiento, el ingreso real promedio por persona ha registrado un continuo ascenso.

Esta mejoría ha ido acompañada del adelanto en otros indicadores, como la mayor esperanza de vida y el acceso más amplio a la educación.

El motor fundamental del cambio fue la Revolución Industrial, iniciada en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII y diseminada al resto del mundo, que introdujo métodos de producción más eficientes con grandes economías de escala.

En el punto de inflexión parece haber influido, de forma significativa, la propagación de una mentalidad general a favor de la iniciativa individual y el potencial de los mercados.

La persistente reducción del costo de transporte ha facilitado, a la postre, el intercambio internacional de mercancías y de capital y, con ello, la prosperidad general.

Una consecuencia del florecimiento económico y social registrado durante estos doscientos años ha sido la sistemática disminución de la pobreza en el mundo.

No existe una definición universal de lo que constituye ser pobre. Cada país suele determinar ciertos umbrales, basados en ingreso y otras mediciones, debajo de los cuales define la pobreza.

Por lo común, esas referencias tienden a ser más elevadas entre más rica es la nación y aumentan con el desarrollo económico. Ese enfoque «relativo» tiene la limitación de no poderse utilizar para comparaciones internacionales y, a veces, ni siquiera a lo largo del tiempo.

Como alternativa, los expertos han recurrido a nociones de pobreza «absoluta», consistentes en valores monetarios de niveles de consumo mínimo que, presumiblemente, requieren las personas para satisfacer sus necesidades ‘básicas’.

Esas cotas suelen expresarse en dólares constantes, que se convierten a las monedas de los distintos países también en términos constantes.

El propósito de este ajuste, conocido como de «paridad de poder de compra», es preservar el valor real de la canasta de consumo de referencia y aislarlo de los vaivenes de los tipos de cambio.

Un indicador emblemático, elaborado por el Banco Mundial (BM) basado en esa metodología, ha sido la Línea de Pobreza Internacional (LPI), interpretada como de pobreza extrema.

Ese monto se estimó originalmente en un dólar de 1985 por persona al día y, actualmente, es de 1.9 dólares de 2011.

Para cada uno de esos valores, el porcentaje de la población pobre ha disminuido continuamente durante los dos últimos siglos. El cambio ha sido dramático.

Mientras que a principios del siglo XIX casi la totalidad de la población vivía en la penuria, actualmente sólo una fracción sufre esa condición.

En particular, tomando la medida original del BM, se estima que la incidencia de pobreza pasó de 84 por ciento en 1820 a 24 por ciento en 1990. Con la actual LPI se calcula que el porcentaje de pobres en 2015 fue menor a 10 por ciento.

La principal causa de ese avance ha sido el crecimiento económico, que ha tendido a beneficiar de manera general a toda la población, no sólo a los más privilegiados.

Una característica adicional de la mejoría social es que se ha acelerado en las últimas décadas. Desde los años setenta, no sólo el porcentaje sino el número absoluto de pobres en el mundo han venido disminuyendo.

En este logro han influido de forma positiva las reformas económicas basadas en los mercados, que ha adoptado un número creciente de países.

Un caso espectacular ha sido China, cuyos cambios han permitido sacar a cientos de millones de personas de la pobreza. No obstante, aun si se excluye a ese país, el número absoluto de pobres en el mundo ha disminuido.

Si bien una aspiración natural para cualquier sociedad es que todos sus miembros superen las condiciones de indigencia y tengan acceso a las oportunidades de progreso, el avance puede no ser igualitario.

La mejora personal depende, entre otros factores, de los talentos y los esfuerzos de los individuos.

A pesar de lo anterior, un aspecto inédito del desarrollo reciente es que la desigualdad del ingreso personal en el mundo se ha reducido. En gran medida, la reducción del número de pobres en China y en India ha sido responsable de ese suceso.

En suma, la humanidad ha ido alcanzando niveles de bienestar cada vez más elevados. El proceso parece irreversible y hay bases para suponer que en los próximos años el fenómeno de la pobreza absoluta, por lo menos como actualmente se mide, virtualmente desaparezca en el mundo.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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