Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Poder Acumulado
Eduardo García Gaspar
10 mayo 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es lo que rechaza la democracia. Lo que aborrece el republicanismo. La acumulación de poder es eso que debe evitarse a toda costa. Lo que se luchó por acabar.

El rasgo común de los gobiernos opresores debía ser evitado. No más excesos de poder.

Y, sin embargo, en los tiempos presentes, el propósito de la democracia y de la república ha sido olvidado. Las generaciones presentes parecen ignorar la naturaleza del mejor gobierno, ese que tiene el poder acotado.

Una prueba de esto, ahora mismo en México.

«Sencillamente deseamos el renacimiento económico, social, político, pero sobre todo, moral de México».

La frase es vaga y, en general, admirable. ¿Quién no desea eso? El punto de interés vital no es desear eso, sino como lograrlo. Y, si acaso se pretende lograr por medio de la acción gubernamental directa, entonces comienza los problemas de acumulación de poder en la autoridad.

En la misma fuente se dice por medio de su gobierno:

«[…] la riqueza de la nación y los frutos del trabajo se distribuirán con justicia».

Debe concluirse que ese renacimiento se alcanzara por medio de la acción gubernamental, que se autonombra autoridad redistributiva nacional. Su función, la repartición de recursos y de los resultados del trabajo de las personas.

Esa nueva función gubernamental es confirmada en otra parte:

«[…] al Estado le corresponde atemperar las desigualdades sociales».

Lo que tiene su fundamento en una redefinición de justicia:

«[…] la justicia consiste en darle más al que tiene menos».

Las citas son del libro de López Obrador, A. M., 2018 La salida: decadencia y renacimiento de México y contiene su plan de gobierno, más lo realmente útil, su entendimiento de la naturaleza del gobierno.

No son ideas originales y únicas. Son nociones que se han introducido en las ideas de la democracia, las consideradas progresistas. Han replanteado la naturaleza de los gobiernos otorgándoles más poder y esto es lo que bien merece una segunda opinión.

Los gobiernos son el centro de mayor poder que existe. Reconociendo esto, las constituciones son usadas para ponerle reglas limitativas a ese poder, especialmente las elecciones periódicas y la división de poderes (la vieja y sabia idea de Montesquieu (1869-1755)).

La mentalidad republicana, más que la democrática, está obsesionada con evitar abusos de poder gubernamental. Por eso ve con sospecha la acumulación de poder en los gobiernos y busca evitarla, incluso a pesar de tener gobiernos limitados y con funciones acotadas. Es mejor esto que correr el riesgo de abusos de poder en caso de que llegue al poder alguien inconveniente (la sabia idea de K. Popper (1902-1994))

Pese a todo lo anterior, se ha introducido una idea peligrosa. La de esa nueva función gubernamental, responsable de distribuir y repartir «la riqueza de la nación y los frutos del trabajo».

Si eso está expresado de forma suave y tersa, de modo que toma desprevenidos a los ingenuos y bien intencionados, es imperativo ver su significado real, que es áspero y desapacible.

Esa nueva función gubernamental significa poder para despojar «frutos del trabajo» de quien se haya esforzado, para arrebatar ingresos creados con trabajo, para hurtar patrimonios formados. El simple hecho de «tener» da a los gobiernos la facultad de quitar.

Eso es una acumulación de poder más allá de toda noción republicana y democrática. Nadie en sus cinco sentidos lo aprobaría. Una frase conocida lo expresa bien: «Quien tiene poder para dar también tiene poder para quitar».

¿Cómo fue posible que esa idea tan autoritaria y dictatorial se filtrara con éxito y terminara por ser aprobada y aplaudida? En buena parte por otra acumulación de poder en los gobiernos, el intervencionismo moral.

Los gobiernos se han creado una nueva facultad o responsabilidad, la de creación de códigos morales que se acomodan a sus acciones evaluándolas como buenas (las acciones de sus opositores son malas, por supuesto).

Una muestra de eso, López Obrador lo expone directamente en ese libro. Convocará él a la creación de una constitución moral nacional. Convocará a

«[…] filósofo, psicólogos, sociólogos y antropólogos, así como a todos aquellos que tengan algo que aportar al respecto: ancianos venerables de las comunidades indígenas, maestros, Padres y madres de familia, jóvenes, escritores, poetas, mujeres, empresarios, defensores de la diversidad y los derechos humanos, practicantes de diversas religiones, libre pensadores y ateos».

Seleccionados por el gobierno y bajo su coordinación, se tendrá una constitución moral que, por supuesto, no podría reprobar las acciones gubernamentales.

El gobierno tendría entonces no solo el poder de quitarle lo que quiera a quien él seleccione, sino también el poder para dar justificación moral a lo que sea que haga. Más concentración de poder es difícil de tener. Ninguna religión lo tiene en la actualidad.

Es realmente alucinante que ideas como esas tengan la aprobación de demasiados, cuya ingenuidad e ignorancia con facilidad hace posible el uso de ese calificativo, ‘supinas’.

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