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Progreso de Los Migrantes
Selección de ContraPeso.info
14 septiembre 2017
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos, SOCIEDAD
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Los migrantes logran beneficios al salir de su país; esta es la idea de Manuel Sánchez González en esta columna. 

En las décadas recientes, millones de mexicanos han buscado aumentar su bienestar y el de sus familias migrando a Estados Unidos.

Aun con desventaja respecto a los provenientes de muchas otras naciones, en buena medida los emigrantes de México han logrado su propósito.

Hace más de cincuenta años, el economista estadounidense Larry A. Sjaastad recomendó interpretar la decisión de migrar a otro país como la de cualquier inversión de la persona.

Desde esta óptica, el individuo visualiza los beneficios que puede generar el nuevo lugar, en la forma de ingresos futuros, inherentemente inciertos, y los compara con los costos tanto monetarios, por el traslado, como no monetarios, incluyendo los ingresos sacrificados y las dificultades de adaptación.

De forma lógica, se supone que el migrante selecciona el país que le ofrece la mayor ganancia esperada. En el caso mexicano, el destino natural ha sido Estados Unidos.

La interpretación simplificada anterior pone de relieve la importancia que tienen los efectos inmediatos y ulteriores de la migración.

Una extensión natural de este cálculo incluiría el impacto potencial de la misma sobre la familia. La experiencia mexicana ha dejado claro que la decisión de migrar se toma en el contexto familiar.

Ahora bien, ¿cuáles han sido los principales beneficios de la migración para los emigrantes mexicanos a Estados Unidos?

Esta pregunta puede responderse, por lo menos, en tres planos.

El primero es el de los migrantes individuales. Es claro que la mayoría de ellos alcanza ingresos significativamente mayores que en sus comunidades de origen, lo que les posibilita adquirir más bienes y servicios.

Muchos logran comprar un automóvil y hasta una casa. La mejoría en el nivel de vida es extraordinaria, en particular si se considera que los emigrantes mexicanos por lo general poseen un bajo nivel educativo que les limita considerablemente las perspectivas de remuneración laboral en México.

Un segundo plano tiene que ver con el impacto sobre los familiares de los migrantes que permanecen en México, siendo las remesas el canal de transmisión.

A nivel nacional, estos flujos monetarios representan menos de 3.0 por ciento del PIB, pero para algunas poblaciones la proporción respecto a la actividad económica local es muy elevada, especialmente en estados con emigración sustancial como Guerrero, Hidalgo, Michoacán y Oaxaca.

Estas transferencias tienen un efecto positivo sobre las familias receptoras al aligerar sus necesidades económicas.

Las remesas contribuyen a los gastos de manutención y, en muchos casos, apoyan erogaciones que pueden considerarse inversiones, como la salud, la construcción de vivienda o la creación de algún negocio.

Empero, sin desconocer su naturaleza paliativa, las remesas no constituyen una forma de eliminación permanente de la pobreza. Su carácter de donación implica que el mejoramiento económico de las familias no está garantizado, sobre todo si en el proceso se generan incentivos contrarios al esfuerzo y la superación.

Además, existe cierta evidencia de que la emigración mexicana basada en mano de obra no calificada ha desalentado en algunas ocasiones la educación superior de los hijos en México. Por otra parte, la ausencia del padre migrante puede complicar el desarrollo humano y de capacidades de los niños.

Con mucho, el tercer plano de posibles beneficios de la emigración es el más trascendente. Se relaciona con los hijos de los migrantes que nacieron o llegaron pequeños a Estados Unidos y las generaciones posteriores.

El marco de referencia es el progreso intergeneracional que, en mediciones de asimilación, como el logro educativo y el nivel ocupacional alcanzado, generalmente ha ocurrido a partir de la inmigración en ese país.

La llegada masiva de mexicanos desde los años setenta ha propiciado que la segunda generación registre una de las mayores mejoras entre los países latinoamericanos. No obstante ello se debe, en gran medida, a los bajos indicadores de la primera generación.

En términos de niveles, la segunda generación de mexicanos se mantiene rezagada respecto a otros grupos migratorios, en especial el de Asia.

La reducción de esta brecha dependerá del aprovechamiento que sus descendientes hagan de las oportunidades en Estados Unidos.

Un factor esencial seguirá siendo la importancia otorgada a la inversión en capital humano que, en última instancia, constituye la clave del progreso humano.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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