Significado de la memoria colectiva. Un examen de su naturaleza, sus características y, sobre todo, sus riesgos.

Introducción

La expresión ‘memoria colectiva’ es usada con cierta frecuencia, haciendo referencia a nociones acumuladas de ideas, conceptos y creencias. En ocasiones se hace equivalente a imaginarios colectivos.

En lo que sigue se examina el significado de memoria colectiva y sus características.

Memoria colectiva, definición

La definición estándar de memoria colectiva es la de

«[…]los recuerdos y memorias que atesora y destaca la sociedad en su conjunto […] los procesos sociales de memorización colectiva, se componen de combinaciones de imágenes, ideas o conceptos y representaciones. La memoria colectiva es compartida, transmitida y construida por el grupo o la sociedad» es.wikipedia.org

Un algo abstracto, colectivo, que se encapsula en manifestaciones como los monumentos históricos del país, o los contenidos de la historia enseñada en las escuelas públicas, o las celebraciones culturales.

También, ella ha sido resumida así:

«En síntesis, la memoria colectiva es algo más que simples recuerdos del pasado, pues con ella se va creando la identidad de un pueblo. Sin memoria colectiva una comunidad ignora cuáles son sus raíces y tradiciones. Dicho de otro modo, un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia». definiciónabc.com

La memoria colectiva es el conocimiento de la historia que tiene en común la sociedad de un grupo social, incluso de un país.



Características de la memoria histórica

La naturaleza del concepto puede ser mejor entendida al examinar sus elementos y características.

1. Una memoria del pasado

Es decir, hace referencia a recuerdos, historias, remembranzas y evocaciones de tiempos pasados. por lo que admite leyendas y mitos.

2. Un producto colectivo

Se refiere, por tanto, a grupos de personas y no a memorias individuales. Estas colectividades pueden ser de todo tipo: etnias, nacionalidades, generaciones.

3. Forma identidad

Esta característica de la memoria histórica puede verse fácilmente en los sentimientos de patriotismo y nacionalismo.

Tiene una aplicación práctica en la construcción de la identidad nacional, lo que ha originado sarcasmos, como el de entender a una nación como esa serie de personas a las que une una visión equivocada de su pasado (más el odio a sus vecinos).

Sin duda, la memoria colectiva ayuda a crear nacionalismo, ese sentimiento de pertenencia a una nación con un pasado común y, más aún, tiene utilidad política para ensalzar al Estado y ampliar su poder.

Pero no solamente al nacionalismo, pues puede ayudar a construir identidades colectivas en grupos raciales o étnicos, que adquieren una identificación separada.

4. Memoria simple e inexacta

Realmente es una metáfora que carece de exactitud histórica y descansa en una simplificación de sucesos pasados.

Lo más interesante de la memoria colectiva es su simplificación histórica como requisito inevitable para ser memorizada en expresiones sencillas. No hay en ella necesidad de exactitud, ni de razón, sino de sentimiento y simpleza.

Forma una visión colectiva irrebatible, dogmática que se convierte en método de juicios rápidos e inapelables que llega a ser estereotipos colectivos.

5. Aplicación política y uso ideológico

La memoria colectiva tiene, por eso, un empleo formidable para justificar y dar validez a propaganda nacional, a ideologías y activismos colectivos que así se justifican a sí mismos.

Es decir, la memoria colectiva tiene aplicaciones más allá del servir como herramienta de identificación grupal.

Sirve también para la identificación ideológica de las personas. Por ejemplo, simplifica en unas pocas ideas la historia de las Cruzadas y de la Inquisición, para lograr tener unas armas que permiten validar opiniones rápidas e irrebatibles contra el Cristianismo.

Esta memoria histórica, aunque necia, permite emitir juicios reincidentes y estándares.

La memoria colectiva para fines ideológicos selecciona algunos sucesos pasados, desecha otros, los simplifica sin preocupaciones de exactitud histórica y así produce la fundación que sostiene a la ideología en cuestión.

Y, listo: se tiene la legitimación o desligitimación de lo que usted desee: socialismo, comunismo, fascismo, feminismo, sindicalismo, islamismo, imperialismo, anarquismo, conservadurismo, nacionalismo, liberalismo…



Riesgos de la memoria colectiva

La propuesta afirma que existe un imaginario colectivo formado por los comunes denominadores de historia común, cultura popular, héroes y personajes, geografía, idioma, cocina, costumbres, humor, enemigos y demás.

Es una propuesta acertada. Si existe tal concepto y puede decirse que es lo que forma eso que puede llamarse cultura colectiva de un grupo en específico.

Sin embargo, la memoria colectiva puede ser construida y alterada con facilidad gracias a su naturaleza simple y más emocional que racional. Su uso políticos presenta riesgos severos de populismo, nacionalismo y desviaciones ideológicas.

Su contenido simple, sesgado, distorsionado y selectivo, adquiere una forma de recuerdo obligado que reclama no ser olvidado por contener una lección moral que se convierte en un vínculo de identificación ideológica no sujeto a revisión. Un cimiento ideológico considerable.

Es lo que sucede en casos como el de la lucha obrera de Chicago. O con el romance alrededor del Che Guevara. O el uso chavista de la historia de Simón Bolívar.

Es un fenómeno de simplificación de sucesos pasados, convertidos en pruebas históricas distorsionadas y recuerdos dignos de celebración que sirven de certificados de validez a las opiniones propias, como la expropiación petrolera en México. O la exaltación de «el pueblo».

Expropiación Petrolera - Campesinos Panorama“Expropiación Petrolera – Campesinos Panorama” by rafachapa is licensed under CC BY-NC-ND 2.0

Emoción y sentimiento

La memoria colectiva ideológica se adapta perfectamente a los tiempos de la posverdad, la que,

«[…] denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal». internacional.elpais.com

Ya no hay verdad que cuente sino poder que se ejerza; ni deseos de convivencia sino ansias de venganza e imposición; no de razón, sino de sentimiento y reclamo.

El riesgo de un aprovechamiento político indebido de la memoria colectiva debe ser más alto en lugares en los que el nivel educativo es bajo y no ha inculcado el uso de la razón.



Conclusión

El lector puede imaginar la memoria colectiva de sus grupos de amigos para mejor comprender la noción. Sus amigos de la primaria, por ejemplo, con sus historias, recuerdos y anécdotas, son un caso de memoria colectiva en pequeña escala.

Y ahora comprenderá el caso de memorias colectivas de mayor escala, de cientos de miles o millones de personas, desconocidas entre sí. Verá las dificultades del concepto, especialmente su simplismo e inexactitud.


Y unas pocas ideas más…

Para esta columna me apoyé en la obra de David Rieff, In Praise of Forgetting: Historical Memory and Its Ironies.