Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Razón y Fe: Complementarias
Eduardo García Gaspar
22 agosto 2017
Sección: CIENCIA, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Examinar la relación entre fe y razón, entre religión y razonamiento, es irresistible. El tema es fascinante.

Primero, porque en estos tiempos de demasiado tweets y poco seso, las cosas se simplifican demasiado permitiendo que las simplezas echen raíces. Una de esas simplezas es la creencia de que fe y razón son opuestas y se niegan una a la otra.

La consecuencia planteada es la natural para esa simpleza: seleccione usted una o la otra. Son mutuamente excluyentes e incompatibles. Al menos eso es lo que se nos dice una y otra vez, con insistencia tal que llega a ser aceptado como algo evidente en sí mismo.

¿Son realmente excluyentes? Al menos hay bases para ponerlo en duda y para eso podemos remontarnos unos siglos atrás. Hasta los tiempos de Santo Tomás de Aquino (1225-1274).

Sobre él, escribe R. Tarnas, que el gran impacto que tuvo fue la certeza que poseyó acerca del «ejercicio juicioso de la inteligencia racional y empírica del hombre», una cualidad que los griegos habían desarrollado dándole poder.

Entonces tenemos a un santo católico alabando a la razón y tomando herramientas griegas para aplicarlas al terreno religioso. ¿Oposición a las ideas griegas? Al contrario, y eso es muy revelador. No solo no hay oposición, sino que funcionan juntas, se complementan entre sí.

Más en el fondo, ellas no se oponen, sino que se enriquecen una a la otra. Cierto que se considera que la fe trasciende a la razón, pero no se tiene miedo a que «los trabajos de la razón secular [sean] una amenaza para las verdades de la fe religiosa».

Hablo del convencimiento de Aquino de que «al final, las dos no pueden estar en conflicto y que su pluralidad serviría por tanto a una unidad más profunda». Esta mentalidad tuvo sus consecuencias y produjo la herencia que promovía el estudio de la Creación por medio de la razón que caracterizó a Occidente durante siglos y lo sigue haciendo.

No fue sorpresa que se tuviera una buena cantidad de sacerdotes, hermanos, obispos, cardenales, abades y papas que son considerados científicos. Véase, por ejemplo, una lista de 244 de ellos. Vea, por ejemplo, las contribuciones de los escolásticos tardíos a la economía en una gran obra de A. A. Chafuén.

Esto me lleva a lo que creo que bien merece una segunda opinión. Comienzo con una pregunta. ¿Por qué limitar al pensamiento y creer que fe y razón son distintas y opuestas? Me parece obvio que sería más constructivo partir de la idea de que no son excluyentes.

Cierto, podrán tener confrontaciones, pero ¿no es acaso mejor ampliar la mente a la posibilidad de que al final coinciden? Después de todo, para el cristiano Dios es la Verdad y si él nos dio el don de la razón, será difícil aceptar que la razón no sea otro camino que también nos lleve a él.

Esta es una crítica a ambos, que en diferentes posturas concluyen que fe y razón son opuestas. Eso cree el religioso que niega a la razón, como el racional que niega a la fe. Es el conflicto entre ellos lo que produce esa suposición improductiva de que fe y razón son excluyentes.

Debe añadirse una buena dosis de realidad en el tema, para entender que es inevitable que se presenten ocasiones de conflicto entre ellas. Sucede cuando la razón descubre algo que se contrapone a lo que la fe ha descubierto. Esto producirá etapas de desencuentros entre ambos bandos, aunque también momentos de coincidencia.

En un mundo imperfecto sucederá eso. Es iluso suponer que se vivirá siempre una perfecta harmonía entre razón y fe. Nuestros tiempos son otra etapa en la que domina la idea del desencuentro entre ellas. Eso es todo, tal vez.

Mi punto es doble.

Primero, suponer la oposición excluyente entre fe y razón impone una limitación artificial de entrada, ¿Acaso no puede hacer la razón contribuciones a la fe y viceversa? Las han hecho y no hay razón por la que eso no pueda continuar.

Prefiero actuar en un escenario que no me imponga esa restricción que obstaculiza a eso mismo que trata de defenderse, sea la fe o la razón. El religioso que niega a la razón debilita las oportunidades de cimentar su fe. El racionalista que niega a la fe igualmente debilita su razón.

Segundo, una sin la otra se extravían y estropean. Cuando una de ellas descarta a la otra se descarría, yendo por rutas que no son precisamente buenas. Caen las dos en el fundamentalismo, acusándose una a la otra de la falta que ellas cometen. En su deseo de independencia, deterioran y corrompen lo bueno que cada una de ellas tiene cuando se acompañan.

Post Scriptum

Quizá pueda añadirse una tercera conclusión: por naturaleza, me parece, ambas posturas, fe y razón, tienen una fuerte inclinación a querer independizarse de la otra. La situación ideal en la que ambas se complementan es un estado de cosas frágil y difícil, que se pierden con pasmosa sencillez.

La obra consultada fue The Passion of the Western Mind: Understanding the Ideas That Have Shaped Our World View, de Richard Tarnas, de la que he citado partes.

El libro tiene un contenido adicional sobre el tema que es relevante. Afirma que durante la Edad Media y el Renacimiento, la Iglesia Católica estuvo abierta a la especulación intelectual, tanto que ello fue criticado por el Protestantismo (Lutero criticó a Copérnico por ir en contra de lo establecido en la Biblia). Más la aclaración de que G. Bruno no fue quemado por la Inquisición debido a sus creencias heliocéntricas, sino por sus afirmaciones heréticas.

No era lo usual que la Iglesia Católica se opusiera a teorías científicas, que lo hizo en el caso de la Tierra estacionaria, lo que le produjo un daño de largo plazo. Ya para la Edad Moderna, la especulación intelectual se desarrolló por sí misma, con independencia de la religión. La razón y la ciencia reemplazaron a la religión en el tratar de entender al mundo, incluso cayendo en la negación errónea de descartar todo lo que no pueda ser conocido por el método científico.

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