Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Reducciones de Precios
Leonardo Girondella Mora
13 junio 2017
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


Los precios de remate encierran siempre la percepción de precios bajos —más bajos que los que los de esos mismos bienes tendrían en condiciones «normales».

Es común encontrar precios de remate o sus equivalentes en comercios y tiendas —cuando rematan artículos fuera de temporada, bienes abundantes o con pequeños defectos. Son las rebajas y los descuentos.

Esta conducta da una lección económica acerca del comportamiento de la oferta, es decir, del vendedor de los bienes

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En una situación falsa pero que mucho consideran real, el vendedor establece un precio usando como base el costo del artículo que ha comprado o fabricado para vender —y sobre ese costo coloca una ganancia o utilidad que considera buena para él.

Sin embargo, la realidad no es así: no son los costos los que determinan los precios de venta de los bienes, sino la valoración que de esos bienes tienen vendedores y compradores.

¿Cuál es la valoración que tienen los vendedores de sus propios bienes? Una por la que prefieren tener en sus manos lo que ofrece el comprador a quedarse con esos bienes —y lo que el comprador tiene en la mano es dinero.

El costo de producción de un bien, no es que carezca de importancia, pero es secundario ante la valoración del bien que hacen compradores y vendedores.

Las ocasiones de precios rebajados, ofertas a precio bajo y remates, permiten conocer la mente del vendedor.

El vendedor, en el caso de precios rebajados, manifiesta una creencia propia: prefiere obtener menos dinero que antes con tal de que se vendan esos bienes —su valoración de los bienes ha bajado y, por tanto, también el precio al que los ofrece.

Si antes vendía las salchichas a 100 pesos el kilo y ahora las ofrece a 75, eso quiere decir que prefiere ahora tener 75 pesos en la bolsa que seguir siendo el propietario de un kilo de salchichas al precio anterior.

Y puede suceder que si aún así no logra tener los pesos que valora más que a las salchichas, reduzca su precio incluso por debajo de lo que le costaron las salchichas. tal vez llegue a ofrecerlas a 45 pesos, cuando él las compró a 50.

En ese caso, el vendedor acepta la pérdida y aunque eso sea entendido por algunos como absolutamente negativo, deberá reconocerse que el vendedor ha preferido tener 45 pesos a seguir con el kilo de salchichas —un beneficio para él.

Cuando los restaurantes quiebran, por ejemplo, en ocasiones rematan en subasta sus muebles, aparatos de cocina, vinos y otros bienes —una ocasión en la que vuelve a mostrarse que el propietario de esos artículos prefiere tener el dinero en sus manos a seguir siendo propietario de ellos, incluso perdiendo dinero con respecto a su inversión original.

Hay casos opuestos, como el del propietario de una casa puesta en venta que ha fijado un precio que en meses no le ha generado oferta alguna y que no está dispuesto a reducir para venderla —obviamente este vendedor prefiere seguir poseyendo la casa a tener una cantidad de dinero inferior a la que pide.

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Con lo anterior, he tratado de demostrar que también el vendedor valora de manera subjetiva a los bienes que pone en venta y que, por medio del precio, puede llegarse a conocer esa valoración —precios que contienen información para el comprador, el que también los valora subjetivamente.

Los precios son, entonces, como una culminación de una negociación entre compradores y vendedores, cuando ambos quieren lo que es propiedad del otro y encuentran una solución conveniente para ambos en un intercambio voluntario.

Esta «negociación» es explícita en muchos casos, como cuando el vendedor de una casa modifica su precio en concordancia con peticiones del comprador; y el comprador altera sus deseos en concordancia con el vendedor.

Pero la «negociación» se presenta de manera implícita cuando alguien entra a una tienda de departamentos y compra una camisa al precio que dice la etiqueta —en este caso el vendedor anuncia su intención de no aceptar menos que el precio marcado y el comprador anuncia su decisión adquiriéndola, es decir, aceptando la oferta, o bien no aceptándola cuando no la compra.

Estas consideraciones corren el peligro de ser consideradas vanas una vez hechas —son tan obvias que su descubrimiento no produce sorpresa y, sin embargo, contienen conclusiones que están lejos de ser asimiladas.

«[…] la Teoría del Valor Subjetivo (TVS) cuyo desarrollo culminó Carl Menger, demuestra que el precio de los bienes se determina en el intercambio, que refleja la valoración subjetiva que las partes hacen de la utilidad de los bienes intercambiados, y que son los costes los que se adaptan al precio fijado por el mercado, ¡no al revés!  Menger propone que el valor de los bienes de orden superior (los que sirven para producir otros bienes) depende a su vez del valor de los bienes que produce. Esta premisa se puede generalizar, ya que si el valor de los bienes de orden inferior (los bienes de consumo) se rige por la teoría del valor subjetivo, entonces los bienes de orden superior también» eleconomistaprudente.wordpress.com

Por ejemplo, esto echa por tierra la idea de que los precios están determinados por los costos de producción —algo en lo que sigue creyéndose consciente o inconscientemente.

O, también, el precio de los bienes para la extracción de oro depende en buena parte de la valoración que tengan los objetos que usan ese material —si el oro perdiera su valor, los precios de esos bienes lo perderían también.

Pero, finalmente, la conclusión mayor es la inconveniencia de querer manipular centralmente los precios —por el medio que sea— ante la imposibilidad de conocer valoraciones personales por millones en situaciones cambiantes cada segundo.

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