utopias

Relaciones personales de dos tipos horizontales y verticales. Dos tipos de relación que definen a dos tipos de régimen y permiten comprender las razones del progreso y la pobreza.

El concepto central

Es una ayuda para entender mejor a las relaciones personales y, de paso, comprender las razones de la creación de riqueza.

Si vemos que existen relaciones personales y que ellas pueden ser verticales u horizontales, podremos comprender algunas cosas con mayor profundidad.

Relaciones personales verticales

Una relación gobierno-ciudadano, es vertical y jerárquica. Los gobiernos tienen poder sobre las personas. Es una relación que va de arriba hacia abajo, pero que al elegir gobernantes va de abajo hacia arriba.

Lo mismo sucede en una empresa, con niveles superiores de mando e inferiores. Cierto, tienen modalidades como los comités que mezclan relaciones verticales y horizontales.

Relaciones personales hoorizontales

En las relaciones diarias predominan las relaciones horizontales en las que el poder de unos sobre otros es inexistente, o casi inexistente.

Piense usted en, por ejemplo, la relación entre personas que se tiene bajo un régimen de libertades y verá que predominan las relaciones horizontales, las no jerárquicas, ni de poder.

En un sistema republicano y democrático son las relaciones horizontales las más valoradas y las verticales jerárquicas de poder se tienen cuando solo es realmente necesario.

La realidad diaria

En la vida cotidiana se tienen relaciones personales horizontales y verticales mezcladas y con grados variables de intensidad. Con los intercambios económicos libres, por ejemplo, la relación es horizontal entre comprador y vendedor.

En las relaciones del ciudadano con el gobierno, las relaciones personales tienden a ser verticales. Esto significa una relación jerárquica en la que domina el poder de uno sobre otro, con casos extremos en situaciones de autoritarismo.

El caso del estado de bienestar

Bajo ese tipo de régimen, las personas son colocadas en un sistema de relaciones verticales con el gobierno en la cúspide del poder. Aunque las intenciones son admirables, necesariamente el estado de bienestar crea más relaciones verticales que horizontales entre gobernantes y gobernados.

Es el gobierno el que ordena a los ciudadanos entregarle recursos para con ellos realizar tareas de ayuda a necesitados, con los que también establece una relación vertical.

Por el contrario, las ayudas a los necesitados, en un sistema horizontal subsidiario, se realizan sin relaciones de poder de unos sobre otros. Las relaciones entre iguales crean asociaciones voluntarias de ayuda entre personas cercanas, mientras que las relaciones verticales se dan entre personas lejanas.

Países libres y autoritarios

Quizá puede especularse que dentro de una sociedad cualquiera existen relaciones de ambos tipos, horizontales y verticales.

Cuando más sean las verticales las que predominan, esa sociedad será menos libre y más autoritaria. Y viceversa, conforme aumenten las relaciones horizontales, esa sociedad será más libre.

Países con regímenes como los de Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, muestran el predominio de las relaciones personales verticales de poder. Allí, los gobiernos son los principales emisores de órdenes y los ciudadanos son quienes las obedecen. Las relaciones horizontales son pocas y muchas de ellas se intentarán ocultar.

Del otro lado, con el predominio de relaciones horizontales entre personas, puede verse a países como Nueva Zelandia, Australia, Canadá y similares. En estos países abundan las relaciones horizontales, que son las de colaboración y asociación voluntaria. Con una ventaja vital, el aprovechamiento del talento.

Aprovechamiento de talento

En un sistema extremo de relaciones verticales de poder, las órdenes son emitidas por el gobierno, quien toma las decisiones usando solo las capacidades de los gobernantes. El único talento utilizado es el de quienes gobiernan y piden al resto que obedezcan sus instrucciones impidiéndoles hacer aportaciones.

El talento y las capacidades de los ciudadanos se desperdicia (o se usa para ocultar sus desobediencias, como en el caso de mercados negros). Esta es una de las razones por las que estos regímenes no generan innovaciones. Se concentran en el mantenimiento del poder (o la clandestinidad).

Del otro lado, están los casos de regímenes de relaciones horizontales predominantes, los que dejan a las personas en situaciones de libertad, en las que ellas pueden usar sus talentos y capacidades para tener y realizar sus iniciativas. Con más talento en uso, no sorprende que estos sistemas generen riqueza y progreso.

Vocabulario

Una forma de examinar el tema es el descubrir que los sistemas de relaciones personales verticales y horizontales usan con gran énfasis dos palabras diferentes.

Un régimen de relaciones verticales tiene a ‘sociedad’ como palabra favorita, mientras que ‘persona’ es la palabra preferida por los sistemas de relaciones horizontales.

Claramente es superior el entendimiento de los sistemas de relaciones horizontales porque, en realidad, la sociedad no es más que un conjunto de personas y aquella no existe sin estas.

Un gran error de los sistemas de relaciones verticales de arriba a abajo es ese, suponer que la persona no tiene significado propio, sino solo la sociedad. Un problema que lleva a generalizaciones erróneas (como los manejos macroeconómicos).

Es en las mentes que solo ven relaciones verticales donde se generan las propuestas utópicas de sociedades perfectas solo posibles cuando ellas dictan órdenes a la sociedad.

Son eso que Roger Scruton llamó «optimistas sin escrúpulos». Si usted piensa en Carlos Marx tendrá un ejemplo claro, pero no olvide a Hugo Chávez ni a los políticos similares que tienen sentimientos mesiánicos de grandes planes que crean paraísos teóricos.

En resumen

La idea de relaciones personales verticales y horizontales ayuda a comprender el funcionamiento de las sociedades libres y las oprimidas, explicando una de sus consecuencias, el florecimiento de las libres y el estancamiento de las oprimidas.

Es la diferencia entre Nueva Zelandia y Australia con respecto a Bolivia y Venezuela.

Las relaciones personales verticales son de poder entre autoridad y subordinado, mientras que las horizontales son entre personas libres.



Y unas cosas más…

Debe verse:

El problema real de nuestros tiempos: las utopías

Otras ideas;



[Actualización última: 2020-09]

.

Notas extras sobre sociedades verticales y horizontales

La idea es sencilla. Provee una forma memorable de comprender a nuestras sociedades. Las actuales. Usa una comparación valiosa, contra las sociedades de siglos anteriores.

Mejor aún, usa palabras que todos entienden: horizontal y vertical.

En pocas palabras, se nos dice, las sociedades modernas tienden a ser muy horizontales, especialmente en países avanzados. En cambio, las sociedades de tiempo atrás eran verticales en todas partes.

¿Qué quiere decir esto?

Significa que en otros tiempos existía un orden jerárquico que ordenaba a la sociedad y que esa jerarquía ordenada ha dejado de existir, o casi.

Esto puede verse con sencillez. Imagine usted una sociedad hace siglos, un país cualquiera, y verá que hay un monarca, que hay nobles, prelados y de allí se baja quizá a comerciantes hasta llegar a los campesinos y siervos, incluso esclavos. Hoy vemos esto como una sociedad muy desigual, una con autoridades muy fuertes y poderosas.

Ahora, por el contrario, la desigualdad tan marcada ha tendido a desaparecer. Por ejemplo, la autoridad incuestionable de un monarca cuyos deseos se cumplían sin hacer preguntas, se ha convertido en un gobierno elegido mediante votos que valen igual, no importa si los emitieron grandes intelectuales o campesinos.

Además, en una sociedad vertical, la identidad personal tenía poco sentido. No había un fuerte sentido de individualidad dentro de la sociedad, excepto en el terreno religioso, donde el Cristianismo hizo ver a cada persona como única y valiosa. Aún así, las personas tenían sentido social en cuanto al grupo al que pertenecían.

Ahora, sin embargo, se tiene un sentido claro de individualidad. La persona es vista y considerada en sí misma, aislada del resto y valiosa una por una. Es como una especie de efecto inevitable de las nociones Cristianas: cada persona tiene el mismo valor frente a Dios, sin importar su condición humana.

Lo anterior es, más o menos, lo que suele implicarse cuando se habla de sociedades verticales y horizontales.

Desprecio del pasado

Y se habla de esto con orgullo, como si fuese todo un gran avance moderno que desprecia a lo antiguo. La realidad es que no es para tanto. Es cierto que vivimos obsesionados con la igualdad y es cierto que la idea de derechos humanos se ha arraigado (aunque con excesos).

Sin embargo, no creo que nos hayamos vuelto tan modernos, tan «horizontales». Seguimos teniendo una buena dosis de la mentalidad vertical. ¿No me cree?

La verticalidad de hoy

Vea la expansión gubernamental en todas partes. Tenemos ahora gobiernos realmente poderosos, como las monarquías anteriores. Sociedades supuestamente horizontales como las europeas, tienen gobiernos de los que dependen millones de sus ciudadanos.

Quizá no haya tanta horizontalidad como se piensa. Vea usted a los sindicatos y el que sus miembros tengan poca individualidad: valen y pesan porque son parte de esos sindicatos.

En otras modalidades, con otros nombres, pero la verticalidad no ha desaparecido tanto como creemos. Y es que quizá sea imposible erradicarla, incluso negativo el tratar de hacerlo, como suelen pensar los conservadores.

La carga de la horizontalidad

Dentro de una sociedad realmente horizontal, con pocas o nulas jerarquías, la persona adquiere una carga mental considerable. Se le exige mucho debido a la toma de decisiones que debe hacer. Debe saber más que antes, pensar más, participar más. No es gratuita la horizontalidad, ese acceso directo a las decisiones.

En una sociedad vertical no existe esa carga. La persona sigue órdenes, cumple normas, recibe instrucciones, obedece. Deja a otros los asuntos públicos, sea al monarca o a la aristocracia. La persona se dedica a sus quehaceres del día y deja en manos de otros los asuntos que en una sociedad horizontal le corresponderían más.

¿Tiene la persona común esa capacidad? Lo dudo mucho. Sabrá mucho sobre su trabajo, pero no tanto sobre asuntos públicos, lo que le obligará a actuar verticalmente: seguir dejando en una alta jerarquía esas cuestiones… pero con una variable totalmente nueva, su voto para elegir al gobernante.

La nueva variable cambia las cosas como nunca antes. A un rey, siglos atrás, muy poco le detenía el pensar de sus súbditos. No era elegido por votaciones. Un presidente ahora lo es y sí lo pueden elegir y despedir los votos de personas comunes que no tienen conocimientos suficientes sobre asuntos y políticas públicas.

.

[Actualización última: 2020-08]