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Sin TLCAN: consecuencias
Selección de ContraPeso.info
1 noviembre 2017
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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Un México sin NAFTA es la idea de Manuel Sánchez González en esta columna. El título completo de la columna es «Las implicaciones de una salida del TLCAN».

Recientemente ha aumentado la percepción pública de una probable cancelación del TLCAN, a juzgar por la información difundida en los medios de comunicación sobre las posturas divergentes en la renegociación.

Desde luego, no sorprenden las demandas de Estados Unidos inspiradas en la meta de «corregir» los supuestos daños causados por el Tratado en esa economía, incluyendo el déficit comercial y la pérdida de empleos manufactureros.

A pesar de que muchos análisis han confirmado que los fenómenos aducidos no son necesariamente signos de debilidad e, incluso, no se derivan del TLCAN, la posición de ese país, manifestada en los objetivos publicados en julio pasado, ha persistido en un sesgo proteccionista.

El abandono del Tratado podría ocurrir, entre otras razones, por la salida de Estados Unidos, al no encontrar satisfactorias las concesiones obtenidas, o por la partida de México o Canadá, al considerar excesivas las exigencias estadounidenses.

Aunque parece poco factible la cancelación del TLCAN, tal evento no puede descartarse. ¿Cuáles serían las implicaciones de una salida de ese acuerdo?

El TLCAN ha sido una fuerza transformadora de América del Norte. Se construyó a partir de un objetivo compartido: promover el libre comercio en la región mediante la reducción de obstáculos al intercambio y a la inversión.

Además de llevar los aranceles a niveles virtualmente de cero, se eliminaron barreras no arancelarias, y se facilitaron los flujos internacionales de capital. El conjunto de reglas y las instancias de resolución de controversias buscaron dar certidumbre a la actividad económica.

El resultado fue la profundización de la integración económica entre las tres naciones, consolidando el mercado más importante en términos de PIB.

En ese proceso, se desarrollaron extensas cadenas de suministro territorial y se fortalecieron los procesos de producción conjunta. Aumentó así la productividad y se propició la generación de una mayor cantidad y calidad de bienes y servicios a menores precios.

Sin duda el país más beneficiado fue México, al contar con la economía menos desarrollada e inicialmente más cerrada de la región.

En particular, la transferencia de tecnología renovó la planta productiva nacional, y la competencia de las importaciones impulsó la eficiencia de las empresas.

Evidentemente la cancelación del TLCAN tendría perjuicios sustanciales sobre los tres países. Se desaceleraría el comercio y la inversión, y podría debilitarse la producción compartida.

Y así como México fue el principal beneficiario del TLCAN, es de esperar que sería el principal perjudicado con su abolición. El grado del daño dependería, entre otros factores, de las políticas económicas que posteriormente se aplicaran.

En la evaluación relativa de los posibles menoscabos, es común enfocarse en los aranceles. Con razón, se suele suponer que, ante la eliminación del TLCAN, los aranceles resultantes serían los de la Nación más Favorecida (NMF), es decir, los mínimos aplicados por cada economía a otro miembro de la OMC.

Dado que las tarifas de NMF de México son mayores a las de Estados Unidos y Canadá, se concluye que nuestro país sería el menos afectado. Esta inferencia es inadecuada, por lo menos, por dos razones.

La primera es que evalúa los beneficios de la apertura al estilo de Trump, es decir, en la facilidad relativa de exportar. Empero, las ganancias de la apertura ocurren principalmente por las importaciones, las cuales favorecen a los consumidores con una mejor oferta de productos, y a los productores con la presión competitiva.

La segunda, más importante, es que el TLCAN no involucra sólo aranceles, aunque su disminución fue ciertamente crucial. El Tratado constituye un marco que ha facilitado las transacciones económicas, así como la cooperación entre los países en múltiples materias.

Con el TLCAN, México avanzó al considerarse parte de Norteamérica y adoptar prácticas de país desarrollado. Mirar al Norte le ha generado ganancias significativas en términos de modernización y productividad.

Nuestro país debería buscar compensar las probables consecuencias adversas de una eventual cancelación del Tratado con políticas económicas sensatas. Ello incluiría evitar remedios falsos, como medidas de represalia contra el proteccionismo estadounidense.

Además, México podría reducir unilateralmente sus aranceles, así como otros impedimentos remanentes a los flujos internacionales. Una mayor apertura haría más atractivo al país para la inversión y expandiría lo construido con el TLCAN.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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