Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sobre la Felicidad
Eduardo García Gaspar
11 julio 2017
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Es llamativo. Es un asunto de coincidencias entre dos maneras de pensar. Tome usted a Aristóteles, por allí del siglo 4 a.C.

Y considere su idea acerca de la felicidad más completa posible de cualquier humano. Ella es la contemplación eterna de la verdad. Tiene un cierto sabor místico, quizá muy fuerte para nuestros días.

Lo llamativo es la coincidencia con algo escrito unos cinco siglos después. «Jesús le dijo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida”», escrito en el evangelio de San Juan (14: 6).

Poniendo las dos cosas juntas es posible una especulación razonable. Puede entenderse que, al menos para algunos, la felicidad humana es la contemplación por siempre de la Verdad, y ella para el Cristianismo equivale a Dios.

Poner este tema sobre la mesa bien vale una segunda opinión. Créame, tiene consecuencias personales que no son pequeñas.

Lo primero que debe llamar la atención es la existencia de eso que se llama ‘felicidad’. Una idea positiva y deseada que describe a un estado de satisfacción, gozo y plenitud. Algo que se ansía y desea, incluso como una meta general de vida. Nada complicado hasta aquí.

Después comienzan a complicarse las cosas.

Una de las complicaciones viene dada por el tiempo. La felicidad más deseable, ceteris paribus, es la duración de ese estado de felicidad. Cuanto más duradero sea, mejor; hasta el punto en el que la mayor de las felicidades es la que no termina.

Es decir, la felicidad nos manda a una consideración de eternidad, en donde existe esa coincidencia clara entre Aristóteles y el Cristianismo: la contemplación eterna de la verdad.

Pero hay más complicaciones. Otra de ellas es también una coincidencia, la de una palabra ‘verdad’. ¿Tiene sentido? Por supuesto. Sería absurdo sostener a la felicidad en algo falso o equivocado. La felicidad tiene que ser real y verdadera en sí misma, especialmente si se piensa en la necesidad de que sea eterna.

No se necesita mucha discusión para concluir que la felicidad es algo que buscamos. Queremos continuamente mejorar nuestro estado. Son pequeños pasos diarios en el camino a la felicidad, como el comer y beber y dormir. Pero eso no es todo. Tiene que haber más.

La especulación que propongo es considerar a la felicidad como esa situación por la que estaríamos dispuestos a abandonarlo todo en este preciso momento e ir tras de esa situación. Un tema que exploré antes en Libertad y Renuncia, usando una muestra de esa posibilidad:

[…] vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red, pues eran pescadores, y les dice, “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres”. Y ellos al instante le siguieron» Mateo 4, 18-20.

Pienso en Aristóteles. Un día conversa con una persona y esta le dice que en ese momento tiene la oportunidad de dejarlo todo atrás e ir a un lugar en el que contemplará a la Verdad eternamente. Pero tiene que dejarlo todo en ese momento. Nada de despedidas y nada de equipaje.

Lo que quiero decir es que la real felicidad tiene que ser de tal magnitud que sea capaz de producir esa reacción de renuncia inmediata sin considerar a nada que pueda detener ese abandono.

Y, en esa coincidencia hay un elemento común, eso que se designa como Verdad. ¿Qué es la Verdad? Solo puedo imaginarme como una especie de comprensión total, una explicación absoluta, el todo esclarecido en una enseñanza completa. Con el gozo inevitable de entender y que es el sentido de la vida.

En fin, esto es lo que creo que se llama hacer filosofía, amar el conocimiento y examinar el sentido de la propia vida. Todo un ejercicio y que es sano en sí mismo. Una obligación claramente humana que, pienso en primera visita, será respondida con la idea estándar de que cada persona define la felicidad a su modo.

«La felicidad es una condición subjetiva y relativa. Como tal, no existen requisitos objetivos para ser felices: dos personas no tienen por qué ser felices por las mismas razones o en las mismas condiciones y circunstancias». significados.com

¿Es la felicidad realmente relativa a cada persona? Seguramente, cuando ella es dejada en un plano temporal y momentáneo. Sin embargo, me imagino que la felicidad que no termina debe ser absoluta en concordancia con la igualdad humana natural. La misma para todos.

Post Scriptum

He compartido algunas de las ideas sobre la felicidad que he sido capaz de asimilar de lecturas diversas y de meditaciones ocasionales. Disculpas por el desorden de presentación.

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