Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Suma Cero: Una mentalidad
Eduardo García Gaspar
19 septiembre 2017
Sección: FALSEDADES, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es en realidad una equivocación, una forma de pensar errónea. Incluso una falacia informal.

Eso es verdad cuando la suma cero se convierte en la premisa inicial de una estructura de ideas, lo que llamamos ideología.

El tema bien vale una segunda opinión. Comencemos por el principio, la definición:

«Los juegos de suma cero (o juegos de suma nula) son aquellos modelos de la teoría de juegos en los que la ganancia de un jugador implica necesariamente una pérdida de otro exactamente del mismo valor». eumed.net

Imagine usted un juego de póquer: lo que uno gana, el otro pierde. No es complicado. Sucede con un robo: lo que el ladrón gana, la víctima pierde (aunque la valoración subjetiva de lo robado varíe entre ambos).

Existen, por tanto, situaciones en los que los beneficios repartidos suman cero. La pérdida de uno es la ganancia del otro. Pero no son las únicas situaciones, también las hay de suma positiva:

«El antónimo o concepto opuesto [a la suma cero] es ‘juego de suma no nula’, que designa situaciones en las que al menos uno de los jugadores puede mejorar sus pagos sin que haya pérdidas para los demás jugadores». ibídem

Imagine usted a la persona que quiere comprar un automóvil y visita una agencia de autos. En esta agencia lo que quieren es venderlos. Las dos intenciones se armonizan cuando llegan a un acuerdo de precio, con un resultado de suma positiva. Ambos ganaron.

En un sistema económico de libre mercado, por ejemplo, las compras y ventas son ese juego de suma positiva, con beneficio mutuo. Ellas se realizan voluntariamente solamente cuando ambas partes perciben una mejora de su estado actual.

Repetir las ideas anteriores es causa de cierta vergüenza ya que son nociones ampliamente conocidas. Y, sin embargo, tiene su utilidad recordarlas. La razón: la conversión del concepto de suma cero en una premisa de la que parten demasiadas consecuencias. Un punto de partida no siempre aplicable.

Para ser claro, la suma cero se ha convertido en una mentalidad, una forma de pensar que se aplica descuidadamente. Y sucede esto con frecuencia, cuando la persona toma a la envidia y al resentimiento como una actitud inicial.

Para un resentido, la noción de la suma cero es un recurso de gran utilidad porque provee una explicación que libera responsabilidades personales. «Yo estoy en una mala situación porque otros están en una buena situación». Una forma de pensar que deriva en una conclusión obvia: «Si los demás empeoraran su situación, yo mejoraría la mías».

Llevada a la política económica, la suma cero convertida en una forma de pensar produce lo mismo que en el plano personal. Las políticas implantadas partirán del principio de que para mejorar las condiciones de vida de unos será necesario e inevitable empeorar las condiciones de vida de otros.

Este es, en buena parte, el origen de las políticas de redistribución de la riqueza: quitar a unos para dar a otros. La suma cero está implícita y forma parte de una mentalidad.

Esto es lo que merece atención, el que la idea de la suma cero sea tomada como una realidad siempre presente y aplicable universalmente, sin excepciones. Es decir, presupone una realidad en la que nunca puede existir una suma positiva en los tratos entre personas.

El meollo del asunto es lo subterráneo del concepto de suma cero. Esta tan profundamente enterrado en la mentalidad de algunos que simplemente no se dan cuenta de él. Y, aunque se les explique, no llegan a desenterrarla. Simplemente, no conciben una realidad en la que la suma positiva pueda existir.

Si acaso llegara a ser aceptada la existencia de la suma positiva, eso significaría una resquebrajadura en esa mentalidad y muchas de sus opiniones se vendrían abajo. A nadie le gusta que le demuestren que sus ideas más apreciadas sean demostradas como falsas. Y esa mentalidad obcecada se convierte en política de gobierno;

«[…] la riqueza de la nación y los frutos de trabajo de los mexicanos se distribuirán con justicia […]» A. M. López Obrador

Una mentalidad que presupone que la riqueza no tiene dueño; que los frutos del que trabaja tampoco son suyos; y que repartirlos es algo justo. Todo esto está sustentado en la mentalidad que tiene enterrada a la suma cero como ley universal. No es el único caso, al contrario.

La suma cero, que sirve como cimiento implícito, inconsciente, es lo que está detrás de la terquedad igualitaria y su conclusión: es justo empeorar sin distinción y por la fuerza la vida de algunos para mejorar la vida de otros.

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